Actualizado: 07/12/2022 17:02
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Epidemia, Covid-19, Díaz-Canel

Carta abierta a Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez

Cuba vivió en el verano de 2021 un auténtico desastre sanitario

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La Oficina Nacional de Estadísticas e Información, ONEI, en su Anuario Estadístico 2021, informa que en ese año murieron en Cuba 167.645 personas. Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, debieron morir 117.908 personas, en base a la tendencia calculada por ellos de aumento gradual de la Mortalidad en el país. Esto implica 49.737 cubanos más de lo que, según las conservadoras previsiones de la OMS, debieron de morir en Cuba en 2021, de no haberse presentado la pandemia de Covid-19.

Según la OMS ese Exceso de Muertes es solo achacable a la pandemia en curso desde finales de 2019, y es en base a esa variable que esa organización internacional ha hecho sus cálculos sobre los verdaderos efectos de la Covid-19.

Aunque en el momento en que la OMS realizó un primer corte en marzo de este año, Cuba no había entregado sus estadísticas para 2021, lo cual obligó a esa organización a basarse en poco fiables estimaciones, es relativamente fácil recalcular el exceso de muertes por cada 100.000 habitantes en base a lo hecho público ahora por la ONEI. Para el caso cubano, y en 2021, es de 444,81 muertes por cada 100.000 habitantes. Un valor de los peores registrados a nivel mundial, al menos entre los países que para marzo de este año le habían entregado estadísticas fiables a la OMS.

Según ese valor estaríamos al nivel de desastres sanitarios como Bulgaria, 589 por 100.000, o Perú, 467 por 100.000. Y, por cierto, lejos de los resultados de países sobre los cuales usted sí autorizó a los medios estatales a informar, como el caso de Estados Unidos de América, o de Brasil (141 y 220 respectivamente).

Y es que, señor mío, lo ocurrido en Cuba entre junio y octubre de 2021 solo puede ser calificado de Desastre Sanitario. Un desastre del que usted es el máximo responsable, al serlo de la estrategia adoptada por el país para el enfrentamiento a la Pandemia.

Lo incuestionable es que, con un mejor manejo y asignación de los recursos, con una estrategia general distinta, y con una atención mínima a los recursos claves, no se habría reducido a cero esas casi 50.000 muertes, pero sin duda habrían sido muchas menos. El sistema cubano de salud, con los escasos recursos existentes, habría sido capaz de reducir el número de muertes, quizás a 20.000, o incluso menos, y también de disminuir el sufrimiento de los pacientes. Porque hay que tener en cuenta también las decenas de miles de personas que sufrieron fiebres altas durante días y hasta semanas, sin una aspirina para bajarla, o los que padecieron una interminable asfixia, por falta de oxígeno medicinal.

La estrategia elegida por usted, sin un plan alternativo, fue la de contener a la enfermedad mediante medidas extremas de confinamiento y reducción de movilidad, a la vez que destinaba los escasos recursos al desarrollo de vacunas nacionales. Calculaba usted que las vacunas llegarían a tiempo para inmunizar a una población entre la cual el virus no habría podido difundirse. O sea, el cálculo no fue confinar para mantener un número de casos manejable por el sistema de salud, sin colapsarlo, sino reducirlo a cero para esperar la inmunización con las vacunas.

Esta estrategia, que incluso en la República Popular China se ha demostrado impracticable, a pesar de su infinita mayor cantidad de recursos, de su cultura confuciana, y de sus menores problemas de vivienda, resultaba impracticable a largo plazo en Cuba. Así que cuando las vacunas demoraron más de lo calculado, con una población ya agobiada por año y medio de confinamiento y restricciones, la epidemia terminó por irse de control. En consecuencia, los pacientes que debieron llegar gradualmente durante ese año y medio, abarrotaron los hospitales en menos de tres meses, haciendo colapsar todo el sistema de salud cubano.

El problema se agravó ya que, como parte de su estrategia, en Cuba se habían destinado todos los recursos al desarrollo de las vacunas, y por tanto faltaban en los hospitales antibióticos, antipiréticos o antinflamatorios, incluso en las pequeñas cantidades necesarias para administrar de manera manejable la epidemia.

Pero no solo es usted responsable por haber elegido una estrategia que iba contra la realidad, sin ningún plan alternativo. También recae sobre usted la responsabilidad por no haber estado al tanto de la única planta productora de oxígeno medicinal en el país. Puede afirmarse que no hay reportes de visitas suyas a dicha planta, ni de ningún funcionario directamente designado por usted, durante los meses previos a mayo de 2021. En todo caso, y dado lo que ocurría en el resto del mundo por la falta de oxígeno medicinal, tan publicitada por nuestros medios en el caso brasileño, el país debió invertir sus escasos recursos en comprar lo necesario para en caso de rotura poner rápidamente a la planta en función. Lo cual no ocurrió, y aunque se mantiene todavía hoy una total falta de transparencia en lo sucedido con dicha planta, todo parece indicar que esa falta de elemental previsión conllevó a que la misma estuviera casi tres meses sin funcionar.

Esos tres meses, sin duda, también son responsabilidad suya directa.

Cuba vivió en el verano de 2021 un auténtico desastre sanitario, en el cual, para que se tenga una idea (usted ya lo sabe muy bien), los municipios en que vivió su niñez y adolescencia, Santa Clara y Placetas, tuvieron tasas brutas de mortalidad de 20,3 y 20,2 respectivamente. Tasas no vistas en el mundo de hoy desde epidemias muy anteriores. Santa Clara, por ejemplo, ciudad de la cual usted presume ser, con una población de 247.436 habitantes, tuvo en el año 2021 nada menos que 5.013 muertes: La Habana, durante la primera ola de cólera, en los años 1830, tenía una cifra semejante de habitantes, y también tuvo unas 5.000 muertes.

Lo trágico de todo esto es que cuando a inicios de julio, arrinconada entre los apagones, la falta de comida, y el aumento exponencial de las muertes, en muchos casos sin atención médica, la población cubana salió a protestar a las calles, como nunca antes en nuestra historia independiente, usted, el máximo responsable del desastre sanitario, solo supo ordenar la represión. Hoy, a casi un año de aquellas protestas, casi 1 000 cubanos están o han pasado por sus cárceles, y el número de años que sus jueces han dictado a raíz de los sucesos del 11 y 12 de julio asciende a casi 4.000 años de condenas.

Usted, en cambio, se ha librado de dar cuentas.

En realidad, no espero ni tan siquiera una tímida disculpa pública de usted. En todo caso, de alguien como usted, solo puedo esperar lo peor, desde una visita de sus esbirros habituales, para “conversar conmigo”, una acusación por desacato contra mi persona, a resultas de esta carta abierta, hasta que me suceda ese “algo” indeterminado, que los agentes de la Seguridad del Estado tan a menudo mientan.

Solo le puedo afirmar que la medida de lo ocurrido el año pasado en Cuba es a la larga inocultable. En un par de meses la OMS publicará una actualización de sus tablas sobre los resultados por países del enfrentamiento a la Pandemia, y allí quedará en evidencia la pésima gestión cubana. La Historia no lo absolverá, mi amigo, porque median demasiadas cifras, tablas, y documentos, independientemente del recuerdo en muchos cubanos de esos familiares o amigos, muriéndose asfixiados en el piso de un hospital colapsado, en el terrible verano de 2021.

Ojalá pueda usted dormir bien. Yo, sinceramente, no podría.


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