Actualizado: 22/10/2020 10:32
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Economía, Castro, Zafra

Cincuenta años de la «Zafra de los 10 Millones»

Errores y disparates agrícolas y económicos, así como la suspensión de los feriados navideños y su traslado para el mes de julio

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El gobierno comunista tan “confirmado” en las fechas históricas, pasa por alto una de las tragedias sufridas por la nación cubana en los últimos 60 años, equiparada por su impacto nacional, gasto de recursos y sacrificios humanos a cualquiera de los otros crímenes del castro-comunismo. La llamada “Zafra de los 10 Millones” de toneladas de azúcar. Dramática entelequia llevada a cabo entre el verano de 1969 y el de 1970. Un suspenso, que deja sin aire la nación y aclara, por si hiciera falta el devenir desastroso del castrismo hasta nuestros días.

Definida en términos militares desde sus inicios, esta contingencia económica impulsada por el tirano, para, esa era su intención, liberarse del yugo soviético, que lo obligaba a hacer cambios en su planeación estratégica internacional, luego de fracasada la última invasión guerrillera del filibustero Ernesto Guevara, a Bolivia.

La gran zafra se planea desde un año antes, luego del dramático discurso del 13 de marzo de 1968, cuando el tirano se proyecta mas comunista que Robert Owens en New Harmony, Indiana, interviene las empresas particulares, y clausura las diversiones mundanas en la tristemente célebre Ofensiva Revolucionaria.

Tres intervenciones públicas, caracterizadas por su extensión y el divagar constante del orador para desorientar al público, a los telespectadores o radio escuchas. Recuerden que, en ese momento de nuestra historia, todos los medios de comunicación se encadenaban para escuchar las palabras del máximo líder.

La primera, el 27 de octubre de 1969, en el teatro Carlos Marx. La segunda, el 19 de mayo de 1970, en tribuna improvisada en el Vedado habanero. La tercera, el 26 de julio de 1970, en la llamada Plaza de la Revolución.

La tercera intervención pública fue con motivo del XVII aniversario del asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba. Se realiza en La Habana y estuvieron presentes varios líderes comunistas como Yikov (Bulgaria), Katushev (ruso), Harowizt (Alemania comunista), Pollai (Hungría), Cabral (Guinea y Cabo verde) entre otros.

Comienza con una larga lista de datos numéricos, que hablan de los avances de su gobierno en materia social, y mentiras como que el 95 % de los cubanos eran semi analfabetos en 1959. A partir de ahí responsabiliza a la “vieja” industria azucarera de no poder aprovechar toda la cosecha para producir azúcar. Además, proyecta la visión del “papá Estado”, responsable de todos los problemas del ciudadano y ataca al llamado “sectorialismo”. Contrapone el esfuerzo voluntarioso a la eficiencia tecnológica. No se queda corto en criticar y burlarse de las debilidades del presidente Osvaldo Dórticos, de quien dice es persona enferma y no puede hacer mucho.

Plantea en el monólogo, las ideas primarias de lo que más tarde sería la micro brigada de construcción de viviendas, estructuras constructoras no profesionales, y toma distancia de la ley seca que se estableció en todo el país, donde cerraron los bares y centros de recreación. Sin embargo, luego de fracasar en la administración del mega proyecto 10 millones, plantea dramáticamente el tema de… ¡las micro inversiones!

La segunda de estas intervenciones ocurre el 19 de mayo de 1970, en los jardines del edificio de la Embajada Suiza, representante de los intereses de Estados Unidos, en medio de la histeria guerrerista desatada por el supuesto secuestro de pescadores cubanos en el Canal Viejo de Bahamas. La historia demuestra que fue un auto secuestro organizado por el gobierno para polarizar al público en general y a sus seguidores en especial.

La intervención, en una tarde gris, se factura atacando al gobierno de Bahamas y al embajador inglés en La Habana, además de la oficina de Reuters y a la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA). Anuncia acciones de guerra contra sus vecinos. “y deben ir sabiendo todos aquellos que se presten a facilitarles a los mercenarios que Cuba no va a adoptar una política pasiva”. Dice y acompaña la idea: “Desgraciadamente nuestros aviones Mig-21 es un armamento que tiene un radio de acción muy limitado… buscaremos todos los medios para pasar de la defensiva a la ofensiva.”

El escenario se caldea días previos, atizado por la policía política que a través de sus testaferros y paramilitares amenazan con asaltar la Embajada Suiza. Así aparecen en la escena, narra Fidel Castro, hombres con cabillas, con piedras y algunos que quieren izar la bandera cubana en el último piso de la embajada extranjera. Pero también reconoce que los analistas identifican el espectáculo público con los trastornos que ya enfrenta la mega zafra.

La joya de la corona en esa convulsa época de megalomanía y desajuste de la realidad la tiene la intervención del 27 de octubre de 1969 en el teatro Chaplin, de La Habana. Definido como el acto para dar inicio a la etapa masiva de la zafra de los 10 millones de toneladas, definida desde su principio como una batalla histórica, heredera y precedida por una serie de batallas militares contra el imperialismo, como Bahía de Cochinos, la conquista del poder, la lucha de guerrilla o la del Escambray. Y define el orador, que esta zafra “pasará a la historia de nuestro país”. No es extraño que el término batalla lo utilice en múltiples ocasiones, y haya numerosas referencias a la guerra civil (1953-1965).

En el soliloquio ataca a la eficiencia productiva, ponderando el sacrificio de los hombres sobre la calidad y la ejecutividad productiva, algo similar sucede con la disciplina, que la subordina a la “conciencia” del trabajador. Para ello saca una serie de “cuentas de café con leche”, galimatías y delirios matemáticos, como, por ejemplo: “cien mil hombres que corten una arroba mas por día, significan 1.000 hombres, 300 mil hombres que corten una arroba mas por día significan 3.000 hombres más por día.”[1]

Trascendente en este ensimismamiento público del entonces primer ministro, es la suspensión de los feriados navideños y su traslado para el mes de julio. Actividades públicas que durante veinte años se mantuvieron trasladadas y desaparecieron definitivamente en 1990 con la gran crisis, reapareciendo solo parcialmente en 1998.


[1] Gramática original.


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