Actualizado: 20/02/2020 21:12
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Simbolismo, Clandestinos, Martí

Clandestinos y su asalto al poder simbólico

Un parteaguas en el curso del anticastrismo por su asalto al poder simbólico de Martí

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Para el centenario del natalicio de José Martí, su tocayo Lezama Lima largaba que “fue para todos nosotros el único que logró penetrar en la casa del alibi” [1]. ¿Qué casa es esta? El Gordo aclara que es la casa del estado místico, “donde la imaginación puede engendrar el sucedido y cada hecho se transfigura en el espejo de los enigmas”. La versión post lezamiana de esta casa serían Internet y sus redes sociales, en la cual ha logrado penetrar eso que llaman Clandestinos.

El espejo de los enigmas

No es otro que el espejo de la posmodernidad cubiche descrito por Iván de la Nuez: “Los cubanos hemos vivido constantemente en un antiproyecto; como blancos móviles desplazados en cada cara de un espejo en el que cada piedra lanzada termina haciendo diana sobre la imagen opuesta de sí misma” [2].

La madrugada del primero de enero, dos comemierdas enrumbaron por un tramo vial de La Habana con más cámaras de seguridad que cámaras en el inventario del ICRT y del ICAIC juntos para embarrar con sangre de cerdo bustos de Martí y vallas del DOR o como se llame. El G-2 supo de antemano que detrás de estos hechos no estaba la CIA y a la postre cayeron en el jamo los embarradores Panter Rodríguez y Yoel Prieto, así como Guillermo Mendoza y Jorge Ernesto Pérez, implicados en tomar imágenes y transmitirlas.

Además del canto de los embarradores en chirona, el instructor policial Francisco Estrada aplicó la regla follow the money. Pidió informe a FINCIMEX, sociedad “privada” cubiche constituida en Panamá y administradora monopólica de las remesas a Cuba, para averiguar bien por dónde le entraba el agua al coco. Salieron a relucir los remitentes de plata a los detenidos y allegados suyos. Puesto que los primeros implicaron a Ana Olema Hernández, residente en Miami, como enlace y pagadora, cabe desmentirlos con certificación de Western Union de que ni ella ni nadie allegado a ella envió jamás dinero a esos comemierdas.

El hecho se transfiguró enseguida en el espejo donde la pedrada del G-2 hizo diana sobre la imagen opuesta: Clandestinos no serían aquellos comemierdas, sino un parteaguas en el curso del anticastrismo por su asalto al poder simbólico de Martí, quien andaría en yunta con Castro para mantener a la patria en afrenta y oprobio sumida.

Tras la detención de aquellos comemierdas, Clandestinos reapareció en Twitter: “Estamos bien, hermanos. Que se dejen de cuento”. Además de negar que los detenidos fueran Clandestinos, la imaginación engendró que la cosa va más allá y se desencadenarían “un tsunami rojo”, “diez acciones” —incluso tomar una radioemisora, como Manzanita— para conmemorar el natalicio de Martí, un cartel en un puente y otras cositas en virtud del mensaje que Clandestinos soltó por Twitter: “Somos muchos y estamos en todas partes”. Les faltó: “Arte somos entre las artes”. Toda esta rebambaramba parece concebida como una serie de y para TV e Internet.

El medio es el masaje

El erudito canadiense Marshall McLuhan acuñó la máxima “El medio es el mensaje” para indicar que el medio de comunicación [soporte tecnológico] imprimirá siempre al mensaje [contenido] determinada variación de escala, ritmo o signos para convertirlo en ilusión o visión, sin importar con cuanta fidelidad el mensaje en sí pasara de un medio a otro.

Por eso la obra ad hoc de McLuhan se intituló El medio es el masaje y lleva como subtítulo “Un inventario de efectos”, que son aquellos que los medios surten sobre sus audiencias al presionar, frotar y golpear rítmica y metódicamente las masas cerebrales con visiones e ilusiones que van desde el engaño hasta el placer de leer, escuchar o ver lo que se desea [3]. Así tendríamos a Clandestinos como una saga —adaptada al espíritu de Internet y redes sociales— de los Comandos F-4 de Rodolfo Frómeta, que espantaban por TV tener miles de efectivos y ejecutar decenas de acciones en todas las provincias.

El asalto

Tal como precisa el historiador Sergio López Rivero, residente en España, “la alquimia simbólica nacional en beneficio del poder no es una invención de Fidel Castro”. La república se funda al otro día de conmemorarse la caída de Martí en combate para dar idea de resurrección. Desde el poder darían tanta bayeta política con Martí que desde la oposición el líder comunista Juan Marinello plantearía: “Sin saber ni desearlo fue el defensor de los poderosos” [4].

El Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) y el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) fueron variantes encontradas de inspiración martiana. Batista usó a Martí para guardar la apariencia de legitimidad del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 y Castro, para justificar su acción armada del 26 de julio de 1953 contra Batista. Martí fue también el núcleo duro del simbolismo de la revolución traicionada que empleó a su gusto la oposición anticastrista temprana.

Así que Martí no es “el misterio que nos acompaña” —como también afirmó Lezama Lima— sino más bien el comodín simbólico que cada cubano usa como le viene en ganas para dar barniz simbólico a su interés mundano. Manchar bustos de Martí con sangre de cerdo es un asalto al poder simbólico, aunque se haya perpetrado por comemierdas.

Hace rato se reveló el montaje intencional y la manipulación de Martí como tekné politiquera sin acarrear consecuencias prácticas significativas [5]. El poder simbólico siempre se ejerce con la complicidad de los sometidos y este asalto —un jaque al rey, como asevera López Rivero— no tiene vigor intelectual ni político para cambiar la manera en que se ha venido entendiendo ese fenómeno histórico denominado nación cubana.

Coda

El 15 de octubre de 1994, unos comandos del Partido Unidad Nacional Democrático (PUND) se trasladaban por el pedraplén Caibarién-Cayo Santamaría en vehículo robado, luego de haber ultimado a uno de sus pasajeros y espantar al conductor y los demás. Fueron interceptados por el guardia (CVP) de la cantera Guajabana. Uno de los comandos gritó: “¡Entrega el arma, esto es una invasión!”. El guardia respondió: “¡Qué invasión ni ocho cuartos, déjense de jodederas!”

Notas

[1] “Secularidad de José Martí”, Orígenes, Número 33 (1953), 3s.

[2] “Cuba: ¿Hombre nuevo a la vista?”, Revista de la Universidad de México, Octubre 2017, 30

[3] The Medium is the Massage. An Inventory of Effects, Peguin Books (1967), 26

[4] “Carta de Juan Marinello”, en Martínez Bello, Antonio (ed.): Ideas sociales y económicas de José Martí, La Verónica (1940), 127.

[5] Vid.: Ichikawa, Emilio: “José Martí: el agotamiento del programa de su desmitificación”, Universidad de Miami, 28 de enero de 2006.


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