Actualizado: 21/11/2018 18:34
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Artículos, Constitución, Homosexualismo

Cómo manipular al electorado a costa de Mariela Castro

Uno tiene más bien la impresión de que esto de incluir el Artículo 68 es solo una jugada electoralista monda y lironda

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Desde un principio ha llamado mi atención el qué los jerarcas del régimen se atrevieran a incluir un artículo como el 68, que abre la puerta al matrimonio igualitario, en el proyecto de Constitución que se arriesgarían a llevar a referendo.

Partamos de reconocer que el castrismo le rinde culto a la testosterona, y que los que mandan en Cuba se ven a sí mismos como los machos alpha de la Gran Manada Nacional[i]. No hay más que observar sus estudiados gestos, y por sobre todo escucharlos hablar en ese lenguaje pobre y brusco, tan típico de aquel a quien las hormonas masculinas en exceso le han terminado por afectar el tejido neuronal.

No cabe pensar tampoco que lo hayan hecho por ánimo inclusivo, tolerante, progresista… porque en definitiva ellos no son absolutamente nada de eso.

¿Operación de imagen destinada a los grupos de solidaridad internacional, en un mundo en que la demanda por la instauración del matrimonio igualitario ha sido adoptada por la izquierda? Quizás, quizás. Todos conocemos que el interés por mantener el apoyo internacional de la izquierda (y quien no es la izquierda) lleva al castrismo a mantener embajadas hasta en minúsculas islitas como la de Saint Kitts y Nevis... Mas a mí en realidad esa decisión, que desde un principio encendió esta suspicacia mía tan a flor de piel, no hace más que olerme no tanto a operación de alta política como si a maraña más de barrio; más electoralista, quiero decir.

El caso es que ni Raúl Castro, ni Díaz-Canel, ni Homero Acosta, ni Bruno Parrilla, ni Salvador Valdés o Lazo… ninguno de ellos tiene ni de lejos la habilidad de imponerse a pura voluntad que no puede negarse que sí poseía el difunto Fidel Castro. Alguien a quien simple y llanamente se le habría ocurrido cualquier recurso, levantar la mano en la Plaza de la Revolución o firmar en el CDR, para no tener que llegar a un siempre peligroso referendo con su posibilidad de decir que NO. Además de que con par de aquellos memorables discursos suyos lo del matrimonio igualitario habría resultado santo y bueno para todos en la Isla; incluidos los fundamentalistas cristianos y los ñáñigos.

Y es que, ante tales medianías al mando, obligados en consecuencia a apelar a procedimientos un tanto más participativos para legitimar sus decisiones, demasiado alarmados por la probable reacción de sus propios gobernados como para preocuparse por las repercusiones internacionales de la Revolución, uno tiene más bien la impresión de que esto de incluir el Artículo 68 es solo una jugada electoralista monda y lironda. Una que persigue manipular a la población de la Isla al concederles al final lo que desde un principio se planeó entregar. Para de ese modo intentar conseguir en el próximo referendo una altísima cuota de aprobación.

Me explico: ha sido evidente que desde que comenzó a conocerse el contenido del Anteproyecto, en la retransmisión televisiva de las sesiones de la Asamblea Nacional, la discusión ha girado por sobre todo alrededor del mencionado Artículo 68.

Lo cual parece ser la tónica que, hasta el final, tomaran los debates comenzados este 13 de agosto en barrios y centros de trabajo. Con la abrumadora mayoría de nuestro heroico y viril pueblo para nada dispuesto a aceptar que los maricones y las tortilleras puedan disfrutar del mismo grado de reconocimiento legal, a sus uniones de pareja, del que al presente gozan las parejas formadas por un hombre y una mujer.

Aunque contrastantemente un pueblo tan macho, y remacho, no demuestre la misma disposición a no permitir que el régimen les meta el pie, y lo que no es el pie[ii], en absolutamente todo lo demás. Desde negarle la posibilidad ya no de votar por su presidente, sino de aun proponerse serlo algún día; desde el imponerles el que las quejas y denuncias contra los cheches de las muchas policías del país sean presentadas no ante tribunales civiles, sino militares (¿para qué creen que sirve el Artículo 215?), hasta impedirles contratar los servicios de una empresa en el exterior para que les suministre lo que necesiten en su casa o en su empresa…

En esencia la jugada con el Artículo 68 sería en primer lugar distraer la atención de la población de aspectos de real peso: se mantiene a la ciudadanía ocupada en dárselas en público, delante de las jevitas, pero sobre todo de los demás machos de la circunstancia, de gente muy a tono con lo que la opinión social tiene por respetable en un país en que serlo lo puede cualquier delincuente o chivato de barrio, mas no ese homosexual que no se mete con nadie, y que solo aspira a que en su relación de pareja se le reconozcan los mismos derechos, ante el Estado, que a cualquier otro ciudadano o ciudadano.

Pero lo más importante vendría al final: así, cuando la comisión constituyente se reúna allá por diciembre para analizar e incluir las “propuestas del pueblo”, podrían nuestros gobernantes dárselas de demócratas ante la ciudadanía homófoba. Bastaría con proclamar que “rindiéndose a los deseos del pueblo” la dirección de la Revolución ha accedido a quitar de la redacción final que se someterá a Referendo el citado Artículo 68, para dejar en su lugar el 36 de la anterior Constitución.

Con lo que claro, el pueblo heroico y viril, que en poco o nada se ocupó de mirar el resto de los artículos, conmovido por el gesto, correría a votar sí por la nueva Constitución. Quizás no tan progresista como hubieran querido nuestros líderes, gente avanzada sin dudas, pero eso sí, de profundas raíces populares…

Solo faltaría por ver cuál sería en ese caso la reacción de Mariela Castro.


[i] Un ejemplo: al único diputado que Homero Acosta interrumpió en las sesiones de la Asamblea fue a uno de los pocos que se comportaba como un legislador de altura, al intentar presentar un esbozo teórico de justificación legal y humanista de la medida. Algo sin dudas necesario ante la reacción adversa al mismo que comenzaba a evidenciarse. Y es que él Gran Macho Homero Acosta podía esperar por cualquiera de los muchos diputados que solo pidieron la palabra para hacer el elogio del Anteproyecto, de quienes lo elaboraron, del PCC y de todas las sacrosantas instituciones y personajes gobernantes, o sea, para guataquear, pero no por el “mariconcito comemierda ese”. ¿Significativo, verdad?

[ii] Tengo la absoluta certeza de que, si ahora se impusiera como obligatoria la asistencia anual al proctólogo, para demostrar con tal recurso la incondicionalidad del ciudadano a su Revolución y sus líderes, muy pocos se negarían con la misma firmeza que emplean al presente para enfrentar al Artículo 68.


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