Actualizado: 29/05/2020 12:36
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Mesa Lago, Reformas, Raúl Castro

Críticas a “Cuba en la era de Raúl Castro”

Esta crítica la hago como aporte a un debate que los académicos de la Isla suelen evadir debido a la autocensura y porque no hay suficiente independencia académica

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CUBAENCUENTRO ha dado una amplia y oportuna cobertura al libro de Carmelo Mesa Lago, Cuba en la era de Raúl Castro, que seguramente se convertirá en un clásico por su descripción y análisis del periodo 2006-2012. El más completo sobre el tema y que coincide con los escasos resultados obtenidos de los cambios realizados.

Mesa Lago hace un aporte fundamental para entender la situación y perspectivas socioeconómicas de la Isla, así como para evaluar y poner en perspectiva las reformas emprendidas por Raúl Castro (Castro II) después que sucedió a Fidel Castro (Castro I) en 2006, así como emprender el necesario debate sobre estos temas. Su conclusión medular es que Cuba requiere reformas socioeconómicas de mayor envergadura que las emprendidas hasta ahora para progresar y mejorar el bienestar de los ciudadanos, particularmente ante la inminente reducción de la ayuda venezolana.

Mi propósito es señalar críticas a algunos temas del libro cuyo análisis considero requieren revisión y que fortalecerían significativamente su conclusión central. Entre ellos, la perspectiva histórica de las reformas y el papel desempeñado por Castro II en ellas, algunos aspectos clave del sector externo y del bienestar social, la concepción y estrategia general de las reformas, planteamientos sobre algunas reformas específicas y por qué la insuficiencia y fracaso de las reformas.

En la perspectiva histórica de las reformas considero que requiere revisión el énfasis en que las reformas de Castro II son las más importantes en la era revolucionaria y que están bien orientadas. Esto es cierto para algunas áreas microeconómicas y sectoriales (la agricultura, los servicios y la vivienda) a partir 1968, cuando se realizara la nefasta Gran Ofensiva Revolucionaria. Sin embargo, no lo es para las reformas macroeconómicas o generales que, por tanto, comparan mal con las reformas de Castro I en los 1990, tal como la promoción de las remesas, la inversión extranjera y el turismo. Castro II no ha realizado reformas de esta naturaleza.

Es desafortunado y se presta a confusiones señalar como periodos “idealistas” de la era revolucionara, los que reprimieron al sector privado y el mercado, y eliminaron los incentivos.

A principios de los 1980 Cuba fue pionera en reformas entre las economías del socialismo real. Esto se debe destacar por su implicancia de lo mucho que se han demorado, más de 33 años, las reformas básicas en la agricultura, el cuentapropismo y en brindar incentivos laborales,. Asimismo, los dos periodos pragmáticos o liberalizadores previos, 1980-1985 y 1991-1996, fueron exitosos en lograr progreso y bienestar económico, lo que justifica que se deben realizar nuevas reformas.

No es válido exonerar a Castro II de los errores socioeconómicos del periodo revolucionario ya que tuvo un rol directo y activo, por cierto muy bien documentado, en la defenestración de los académicos y analistas reformistas del Centro de Estudios de América en 1996.

En el área del sector externo, se ignora que la remuneración de los profesionales que brindan servicios en el extranjero, igual que la de empleados de las empresas mixtas en la Isla, viola los convenios internacionales del trabajo (Convenio No. 95 de la OIT) y constituye una repudiable expoliación del trabajador. Los profesionales que salen al exterior lo hacen motivados por las bajas remuneraciones prevalecientes en la Isla y muchos tratan de emigrar. También, se evade el tema del restablecimiento de las relaciones comerciales con EEUU, así como la potencial contribución que la diáspora podría hacer, las que cambiarían significativamente la difícil situación y perspectivas de la economía en general y del sector externo en particular.

Sobre el bienestar social se elude por completo la carencia de libertades y derechos fundamentales y la represión que sufren quienes tienen el valor de intentar ejercerlos que son una dimensión esencial del bienestar social. Hay represión e intolerancia para imponer una paz romana, aniquilando la oposición, incluso privándola de empleo. Por consiguiente, es fundamental el establecimiento de prácticas e instituciones inclusivas que apoyen libertades individuales y un régimen de derechos para que el sector privado disponga de bases institucionales para desarrollarse y expandirse sin ser expoliado por la autocrática élite gobernante (la nomenklatura).

No se presenta un análisis suficientemente crítico sobre la deficiente concepción, estrategia y coherencia general de las reformas planteadas, de los componentes de las medidas institucionales básicas imprescindibles para promover al sector privado y el mercado, ni de las medidas macroeconómicas requeridas. Específicamente el restablecimiento de libertades económicas fundamentales para la expansión del cuentapropismo, la pequeña agricultura y las verdaderas cooperativas (autónomas). De las políticas macroeconómicas que determinen precios apropiados y el marco general para alentar la producción de bienes transables (exportaciones y sustitución de importaciones) en una economía pequeña que tiene que orientarse al exterior. Castro II no puede mantener los errores sistémicos y de políticas existentes y esperar resultados diferentes a los obtenidos.

En cuanto al análisis de las reformas adoptadas, es absurda y carece de mayor efectividad la campaña contra la indisciplina laboral para aumentar la productividad en una sociedad donde hay dificultades de transporte para acceder al trabajo, se pagan bajos salarios reales (del 30 % del nivel de 1989) y hay abundantes trabajadores redundantes (o planillas infladas).

Es erróneo que la unificación monetaria/cambiaria requiera previamente que aumenten la producción y la productividad. Esto es hacerse eco de la excusa para posponer y dificultar una medida necesaria. En cualquier caso la causalidad es al revés. La producción y la productividad son bajas por la dualidad existente y aumentarán cuando existan menos distorsiones y una tasa de cambio realista.

En cuanto al fracaso de las reformas emprendidas, es incorrecto atribuirlas a las diferencias existentes en la cúpula y en la burocracia sobre ellas. Si bien hay funcionarios, como Machado Ventura, que rechazan categóricamente la necesidad de las reformas, ello no significa que esa oposición haya sido determinante ni decisiva en la limitada concepción y peor ejecución de las reformas por Castro II. Los pobres resultados logrados son inevitables por su paradigmático inmovilismo, mal diseño y pobre implementación.

Esta crítica la hago como aporte a un debate que los académicos de la Isla suelen evadir por la autocensura que se imponen y porque no existe suficiente independencia académica. Situación comprobada por las experiencias recientes de dos economistas que Mesa Lago menciona en el prólogo de su libro y las experiencias de los académicos y analistas, que propusieron reformas a mediados de los 1990, en particular los del Centro de Estudios de América, que ahora residen en el exterior.


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