Actualizado: 19/01/2019 3:35
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Juguetes, Reparto, Constitución

Cuba 2019: el básico, el no-básico y el dirigido

El año 2019 puede ser el momento en el que desorden de números y el sorteo de suertes llegue a su final

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Protegedme de la sabiduría que no llora, de la
filosofía que no ríe y de la grandeza que no se
inclina ante los niños.
Khalil Gibran

Ante la escasez que empezaba a adueñarse de Cuba a mediados de los años 60, el régimen encontró una solución salomónica al problema de los juguetes: repartirlos por sorteo. El gesto estaba en concordancia con la ola materialista descristianizadora y secularizadora; desterrar a los Reyes Magos de la inconciencia infantil a la vez que los niños supieran, de golpe y porrazo, que en el comunismo la posibilidad de escoger, de elegir, es mínima. Era ya tiempo para que los niños aprendiéramos el único Mandamiento que había quedado en pie en La Granja Animal de George Orwell: Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros.

Para quienes no lo vivieron, como padres o hijos, la cosa era así: cada niño tenía la oportunidad, rifa mediante, de adquirir tres tipos de juguetes: el básico, el no-básico y el dirigido. El juguete básico era el más caro, bonito y complejo; podía ser un carro de baterías, una bicicleta, una muñeca que caminaba o aquellas famosas granjitas, con animales, pastos y establo. El no-básico, menos costoso, era ese mismo auto sin pilas, la muñeca no se movía, y un guante y una pelota de goma. El dirigido, como indica su nombre, tenías que llevártelo obligatoriamente y sin derecho a escoger; solía ser una pelota, un juego de yaquis, un trompo, una bolsita con canecas (bolas).

Cuando he contado a mis amigos no cubanos este sistema, muchos dicen que por lo menos en Cuba en esa época todos los niños podían acceder a juguetes. Y tienen razón. Solo que, como no lo han vivido, no pueden detectar la trampa que siempre hay detrás de cada jugada ñangara: los juguetes no alcanzaban para todos.

Tras el sorteo, el niño podía coger un turno para el primer día por la mañana o por la tarde. Ese se llevaba una de las tres o cuatro bicicletas que había. Detrás de los cristales de las tiendas, otros pequeños maldecían al suertudo, y esperaban que el próximo se decidiera por la granjita o la muñeca de pilas para tomar la otra bicicleta. De ese modo, el que tuviera el número diez o el quince para el cuarto o quinto día por la tarde, estaba liquidado. Acaso se iba a casa con un guante, una pelota y un juego de palitos chinos. Una extraña sensación de envidia y maledicencia podía empezar a crecer desde temprano en los tiernos corazoncitos.

Y, como también sucede en estos regímenes, siempre existe quien va por fuera. Estos compraban el número a los revendedores. O los juguetes adquiridos. O porque los padres viajaban al exterior, los hijos se ahorraban la rifa, la cola, el sufrimiento de ver desaparecer su juguete favorito, y los cacharros chinos de mala calidad. Esos niños jugaban con muñecas y soldaditos más iguales que otros.

De igual manera, a la Cuba de 2019 le espera, Constitución asignada, un regalo básico, un no-básico y un dirigido. El juguete básico es el Partido Comunista. Y la irrevocabilidad del Socialismo. Serán eternos por decreto. Ni siquiera los cubanos por nacer podrían cambiarlo. Aunque la mayoría de la población no pertenece al Partido Comunista, ellos continúan insistiendo en que son todo lo que hay; no existe una crítica seria, reveladora de que el desastre no es personal sino sistémico. Tampoco hay remordimiento por cuatro generaciones enterradas en vida. Y lo peor de todo, siguen disponiendo del bombo de la rifa como si les perteneciera por mandato divino: viajes al extranjero, automóviles, buenos vinos y copiosas comidas, dormir bajo techos seguros.

El no-básico está destinado a quienes, sin pertenecer a los pocos afortunados, podrían alcanzar un juguete aceptable: los cuentapropistas, los homosexuales preteridos en sus derechos matrimoniales, los inversores extranjeros que se portan bien —ser muy pacientes— en la cola, y algunos residentes en el exterior, siempre y cuando entren a la Hacienda-Tienda sin hacer bulla, con la cabeza gacha.

Los de esta categoría deben tener presente que las reglas cambian: un decreto-ley en menos de 24 horas hace que los gays se casen, los cuentapropistas desaparezcan, los extranjeros vayan a parar a la cárcel y los residentes cubanos en el exterior sean detenidos y devueltos en el aeropuerto sin aviso ni explicaciones. Sabemos que algunos irán por fuera. ¡Cuidado! Cada día hay menos juguetes para repartir.

El regalo de 2019 para la población cubana es el dirigido: la misma cuota de pollo por pescado, el mismo transporte, viejo, poco y arruinado, el fondo habitacional inservible, abasto de agua potable irregular, la salud y la educación en franco declive, y otros juguetes que ningún adulto en el mundo desea para sus hijos. También será dirigido votar SI a la Constitución inconstitucional. Como si se tratara de un pueblo suicida, al que le gusta que lo machuquen, le cambien la bicicleta por los palitos chinos, quienes sortean el futuro de todos los cubanos creen que la rifa y la espera en lo que ya es un molote, seguirá así, ad infinitum.

El año 2019 puede ser el momento en el que desorden de números y el sorteo de suertes llegue a su final. A menos que los rifadores renuncien a controlarle la vida total a todo un pueblo, no hay más futuro que el que se grita en los discursos, se lee en los periódicos y publicita en los noticiarios. Una razón así lo indica: en la tienda apenas quedan esos palitos chinos. Parece un juego sencillo, pero no lo es. Los palitos se apilan unos sobre otros. Y al primer movimiento en falso, todo se viene abajo.


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