Actualizado: 26/06/2019 9:43
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EEUU, Helms-Burton, España

Cuba en revolución, sobreviviendo entre los imperios

Los cubanos llevan 60 años viviendo en plaza sitiada, así cada día valen menos las llamadas “conquistas sociales” de los primeros años revolucionarios

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I-De Lenin a Castro, aprovechando las contradicciones interimperialistas

La plena aplicación de la Ley Helms-Burton por parte de la administración Trump ha reavivado la hoguera nunca apagada de las contradicciones entre Estados Unidos y uno de sus rivales imperiales, la Unión Europea. Otras potencias, Rusia y China sacan también sus garras. Cuba, un pequeño país que hace 60 años hizo una revolución transgresora de la legalidad imperante, baila atrevida entre tales monstruos políticos.

Míster Donald no está loco, sencillamente se ha planteado el problema según su carácter, desfachatadamente.

Los gobernantes cubanos acuden a una práctica política nada nueva.

Había una vez un tren que atravesó Alemania durante la I Guerra Mundial. Los alemanes protegieron con celo uno de sus vagones. En su interior viajaban 30 bolcheviques liderados por Lenin. Era una bomba de tiempo contra el gobierno ruso, introduciendo en su territorio a sus peores enemigos. Las consecuencias de aquella jugada entre imperialismos enfrentados estremecieron al mundo.

La Rusia revolucionaria, convertida en la URSS, sobrevivió al acoso de sus poderosos enemigos apelando hábilmente al manejo de las inevitables contradicciones entre ellos, según había predicho el fundador del Estado soviético.

El guerrillero cubano no olvidó la lección cuando en 1959, imitando al célebre Rey Sol, se dijo a sí mismo: “El Estado soy yo.”

II-La estatización de la economía cubana: 1959 a 1968, forzando el sistema legal existente

Pretender que el paso a propiedad estatal de la totalidad de un país fue un acto “legal”, es una falacia.

El proceso histórico cubano entre 1959 y 1968 fue en su esencia, la destrucción del sistema capitalista, sustituyéndolo por el socialismo totalitario estalinista que prevalecía en el protector político de la revolución antillana, la Unión Soviética.

En apenas tres años se consumó la revolución cubana:

- 1959, marzo. Ley 112: Expropiación de bienes malversados. (Del exdictador Batista, su familia, junto a cercanos colaboradores.)

“Con esta acción se modificaba el artículo 24 de la Constitución (vigente desde 1940), que prohibía la confiscación de bienes, y que disponía que nadie podría ser privado de su propiedad, sino por autoridad judicial competente y por causa justificada de utilidad pública o interés social; y siempre previo el pago de la correspondiente indemnización en efectivo, fijada judicialmente.” (Dra. Luisa Rodríguez Grillo, Diario de Cuba, 2015)

El cuerpo legislativo burgués protegía la propiedad privada frente a cualquier posible violación de tan sagrado principio económico. Los guerrilleros, fusil en mano, hicieron norma lo que estaba previsto en calidad de excepción.

El gobierno revolucionario se atribuyó facultades constitucionales, transferidas al Consejo de Ministros, modificando la carta magna que el propio Fidel Castro, devenido primer ministro, había jurado defender como una de sus banderas de lucha frente a la dictadura.

- El 17 de mayo firma en lo alto del pico Turquino la Ley de Reforma Agraria. Limita la tenencia de tierras a 30 caballerías, con excepciones de hasta 100 ca. Primer enfrentamiento de envergadura con las compañías norteamericanas, así como grandes hacendados cubanos, en especial relación con la industria azucarera.

Oficialmente se reconoce el derecho a la indemnización, según compensaciones a largo plazo, mediante bonos estatales, sin derecho a reclamación. Es decir, “pagos” indefinidos con un dinero nebuloso, fuera de la legalidad prevista constitucionalmente.

- A la ley de Reforma agraria de 1959 siguieron leyes interviniendo los bienes de empresas extranjeras, las de EEUU eran mayoría, más todas las cubanas, llegando hasta los extremos de estatizar, de un lado el sistema bancario, del otro los ventorrillos particulares de frituras.

- En 1968 había desaparecido totalmente la propiedad privada en Cuba.

La respuesta de Washington llegó temprano cuando el 6 de julio de 1959 Eisenhower redujo en 700 mil toneladas la cuota azucarera anual comprometida a comprar por su país. Castro replicó con la completa nacionalización de los bienes del país norteño.

- El 16 de abril de 1961, al despedir el duelo de las víctimas de un bombardeo a varias bases aéreas, ejecutado por pilotos cubanos opositores, armados en EEUU, Fidel Castro proclama ante la multitud el carácter socialista de su revolución.

De paso se estrechó la alianza con el imperio rival de Estados Unidos, cuya peligrosidad alcanzó el clímax en octubre del año siguiente ante la pretensión soviética, bajo seducción cubana, de instalar en la Isla 42 cohetes de alcance medio, equipados con ojivas nucleares, a 90 millas de la superpotencia rival.

III-El oportunismo del consensuado imperio europeo

Europa, específicamente la España ostentosamente anticomunista de Francisco Franco, comenzó a pescar en la tormenta. Tratándose del dictador de El Ferrol no era una sorpresa, antes se las ingenió bien nadando entre las potencias enfrentadas durante la II Guerra Mundial.

El franquismo mantuvo estrechas relaciones comerciales con la revolución castrista. Ambos gallegos se dieron las manos discretamente cuando parecía triunfar el aislamiento internacional contra Cuba.

Al paso de tres décadas parecía sellado el destino comunista al caer el sistema socialista liderado por la Unión Soviética. Una vez más llegó oxígeno salvador al gran archipiélago antillano: primero de la madre patria ibérica con el “socialista” Felipe González, seguido de la izquierda francesa del caviar y secundado por otros sentimentales patriotas del viejo mundo.

Cuba, desesperada, les alquiló todo lo disponible, no podían faltar las expropiedades de norteamericanos y cubanos exiliados en Estados Unidos.

Los intereses creados desde entonces ahora pesan. El influyente diario madrileño El País, poniendo el parche antes que el descocido, publicó meses atrás:

“La economía española se juega mucho en Cuba. Para empezar, sus posiciones privilegiadas en el mercado hotelero; para el futuro, las oportunidades de inversión sobre todo en energías renovables, automóvil y transporte, donde la experiencia empresarial española es superior a la de sus competidores.” (27/09/2018)

En su conjunto la Europa imperial mantiene un intercambio comercial con el Estado antillano, superior a los dos mil millones de dólares anuales. La pelea por la dama del Caribe llega hasta aceptar el reto de una guerra económica con su poderoso aliado trasatlántico.

Además de repetir la aplazada reclamación a Washington ante la Organización Mundial de Comercio, por los daños que implica la cacareada extraterritorialidad de la Helms-Burton, la propuesta incluye que “las autoridades europeas deberían tener preparado, como mínimo, el mecanismo de bloqueo de inversiones y productos estadounidenses en Europa, previsto en la legislación comunitaria.” (El País, ídem.)

Las decisiones desconcertantes del magnate presidente solamente significan hacer ostensible la confrontación existente, hasta el punto de aceptar las graves consecuencias del desafío.

Sin armar tanta algarabía, otros imperios cortejan la preciada joya de las Antillas.

China hace gala de su indetenible poderío fabricando mercancías altamente competitivas bajo un socialismo peculiar donde no faltan ni las transnacionales ni los millonarios.

Rusia, con mucho menos poder económico, pero heredera de una industria militar de primer orden, además de combustibles fósiles ad libitum, busca bases latinoamericanas para salirse de su limitada continentalidad.

Cuba habrá de coquetear con todos, sin embargo, debemos distinguir posiciones entre el gobierno que dice representar lo que un día fuera una revolución socialista, y el pueblo que no quiere perder los beneficios aún palpables de aquel movimiento social, pero cansado de esperar el reino de Dios en la tierra.

Los cubanos llevan 60 años viviendo en plaza sitiada, así cada día valen menos las llamadas “conquistas sociales” de los primeros años revolucionarios. Conquistas es palabra correcta porque lo repartido fue posible debido al derecho de conquista sobre la propiedad privada existente en el país.

El dilema es que llegados a un momento clímax del desarrollo social, si no se aplican los cambios necesarios, el organismo creado morirá inexorablemente, arrastrando en su desfallecimiento todo lo que pudo significar de avance histórico.

IV-Epílogo

Un cubano, hijo de asturianos en tiempos de una economía nacional capaz de atraer decenas de miles de inmigrantes anuales, respondió a la corporación mediática El País, cuando llamó a “olvidar” lo sucedido en Cuba hace 60 años:

“Fue no solo la erradicación del capitalismo de entonces pasando a un capitalismo de Estado, que ya hoy (2019) es un capitalismo militar de Estado: fracasado y obsoleto.”

(Versión para Cubaencuentro. Un artículo similar se publicó antes en Havanatimes.)


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El entonces presidente estadounidense Bill Clinton firma la Ley Helms-Burton junto a los congresistas Ileana Ros-Lehtinen (traje rojo), Bob Menéndez (cerca de Clinton), Jesse Helms (más a la izquierda) y Lincoln Díaz-BalartFoto

El entonces presidente estadounidense Bill Clinton firma la Ley Helms-Burton junto a los congresistas Ileana Ros-Lehtinen (traje rojo), Bob Menéndez (cerca de Clinton), Jesse Helms (más a la izquierda) y Lincoln Díaz-Balart.