Actualizado: 17/08/2018 22:24
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Sociedad civil, Integración, Oposición

Cuba: principios para una integración viable

La integración no debe ser política, sino cívica, para que el mayor número de factores de la sociedad civil puedan unirse

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Desde hace algún tiempo, quizás un año o meses, se viene hablando y sugiriendo cada vez más, una integración de organizaciones o grupos independientes para presionar cambios en Cuba. Propuestas semejantes e incluso intentos en ese sentido se han hecho sin que se lograra una cohesión perdurable, ya sea por la represión gubernamental como por incompatibilidades temperamentales. El caso más conocido fue Concilio Cubano en 1996, que llegó a reunir a más de cien grupos disidentes. El intento fracasó cuando en vísperas de la fecha de su congreso nacional, el 24 de febrero de ese año, fueron arrestados más de un centenar de líderes. Una reacción en cadena de acontecimientos a partir de aquel convite terminó en 2003 con largas condenas de 75 líderes en lo que se conoció como Primavera Negra, una sucesión de hechos eslabonados que escapan al tema que ahora tratamos pero que merecería un posterior análisis.

Por supuesto que la coyuntura actual es muy diferente a la del 96. Primero ha habido una toma de conciencia entre la población. El acceso cada vez mayor, sobre todo entre los jóvenes, de las tecnologías de la comunicación, tiene impactos notables tanto en el acceso a la información como en la interconexión. Asimismo, la reanudación de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos y en particular el viaje de Obama a Cuba, tuvo gran influencia. Su discurso, con una audiencia sin precedentes en casi medio siglo, dejó semillas en la conciencia colectiva, sobre todo en los jóvenes. Y con la eliminación en 2016 de la política de “pies secos/pies mojados”, el cubano ya no tiene la facilidad de antes, de llegar a Estados Unidos y quedarse. Ahora es devuelto como cualquier otro emigrante indocumentado, por lo que se reduce notablemente el efecto de válvula de escape de resolver individualmente los problemas. Ahora hay que resolverlos todos juntos. Todo lo anterior se refleja en el decrecimiento del apoyo electoral a la llamada dirigencia histórica. Si en el 97 ese apoyo sobrepasaba el 97 %, en 2017, veinte años después, no alcanza ni al 86 %, algo importante porque el que conozca ligeramente la realidad cubana, sabe que lo que se mide en las urnas de Cuba no es el grado de descontento, sino el grado en que ese descontento se atreve a manifestarse.

No obstante, los que estamos fuera del país, aunque esa desconexión directa con la realidad interna se haya producido hace poco, regularmente solemos olvidar muy rápidamente las condiciones que enfrentan los que de una u otra forma mantienen posiciones divergentes de la política oficial, y lo que nos parece fácil desde aquí, no lo es para los de adentro. Por eso trato de ser cuidadoso con lo que, recalco, son sólo sugerencias y aportes de ideas, y en última instancia, son ellos los que tienen que decidir qué hacer, pero es bueno que, de todas formas, al sugerir, tratemos de ponernos en los zapatos de los de allá.

Teniendo esto en cuenta, hago estas propuestas que a mi juicio harían viable esa integración, cuando haya voluntad de llevarla a cabo:

  1. La iniciativa y el cuerpo principal de la integración debe darse dentro de Cuba. Una unidad donde la mayor parte esté en el exterior, no tiene sentido. Es sólo una ficción donde sus integrantes imaginan estar creando patria, como el loco que pretendía dirigir desde la costa, el tráfico de los buques. Además, es duro decir que, por mi experiencia, no siempre los intereses de los de afuera coinciden con los de adentro. Los de afuera pueden cooperar divulgando los mensajes, buscando contactos o en la ayuda material, pero los acuerdos y las decisiones finales son ellos quienes tienen que tomarlos.
  2. La integración no debe ser política, sino cívica, para que el mayor número de factores de la sociedad civil puedan integrarse, teniendo en cuenta el conocido dicho de que la política es demasiado importante para dejársela sólo a los políticos, y para que no se vea como una coalición partidista que busca un enfrentamiento por el control del poder. Proponemos, pues, una Coordinadora Cívica que integre a los grupos civiles y de derechos humanos, organizaciones no gubernamentales, periodistas y blogueros independientes, grupos académicos, asociaciones colegiales, medioambientalistas, feministas, LGTB y defensores de la libertad religiosa, del arte independiente, entre otras agrupaciones.
  3. La Coordinadora no debe tener, como fin, participar en las elecciones periódicas promovidas por el poder para ofrecer una alternativa a los candidatos del Partido-Estado, pues su existencia no debe depender de los espacios que ese poder quiera conceder, sino más bien, elaborar, proponer e impulsar, por diversos medios, proyectos de reformas en todos los órdenes que encaminen al país hacia una sociedad más participativa y democrática, en particular, de un sistema electoral donde los electores cuenten con una verdadera pluralidad de opciones. Ni la dirigencia histórica, ni sus herederos accederán a realizar cambios decisivos e irreversibles sin una fuerte presión ciudadana.
  4. La Coordinadora no debe aceptar ofrecimientos de ayuda económica de ningún gobierno extranjero, así como de organización alguna financiada por uno de esos poderes, pues no debe comprometer sus objetivos por intereses de Estado alguno, ni dejar un flanco abierto a los factores retrógrados internos para que tengan la oportunidad de justificar sus agresiones mediante la calumnia.
  5. Condenar cualquier política foránea que conduzca al aislamiento del pueblo cubano y las restricciones de ayuda humanitaria a las familias cubanas por parte de parientes y amistades en el exterior, como las remesas y los viajes a Cuba, así como el embargo económico que, so pretexto de debilitar al gobierno cubano, menoscabe la posibilidad de la población para su mejoramiento en sus condiciones de vida y el desarrollo, entre la población, de un poder económico independiente del Estado. La cuestión no es debilitar al victimario sino fortalecer a la víctima.
  6. La Coordinadora debe oponerse, clara y enérgicamente, a todo acto de violencia, tanto de parte del poder como de los sin poder, y pronunciarse a favor de la paz y la armonía. Y aún en los casos extremos en que se tenga que acudir a la desobediencia civil o a las manifestaciones públicas, la actitud clave para el éxito es no responder al odio con el odio, a la violencia con violencia, ni al arresto con resistencia, sino con la palabra convincente, sin violencia verbal, sino afablemente, primero porque se debe evitar, por todos los medios, que provocadores a sueldo busquen una justificación para una violenta represión, y segundo, porque el que te odia, te agrede y te arresta, es víctima de su propio odio y mañana podría rectificar y ser tu compañero de luchas y sueños.

Una integración con esos presupuestos, irá ganando poco a poco el apoyo popular, y generando, entre todos los cubanos, una conciencia y una voluntad de cambio, para lo cual, la principal tarea que a mi modo tendría esa Coordinadora, sería la elaboración de un programa general para la Cuba futura. Varios grupos con los mismos ideales han dado a conocer numerosas propuestas de reformas a lo largo de los años. Pero ahora ha llegado el momento de unificarlas todas en un programa integral que muestre a los ciudadanos, en contraposición con las calamidades que está viviendo, lo que podría ser capaz de alcanzar sumando los numerosos esfuerzos. Y una vez elaborado, divulgarlo ampliamente por todos los medios posibles para que el cubano de hoy se vea reflejado en el espejo del mañana.


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