Actualizado: 22/10/2019 9:54
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Economía

Cuentas chinas empañan amistades

La luna de miel entre Pekín y La Habana padece el escozor de pequeñas infidelidades.

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Nada parece marchar mejor que las relaciones chinocubanas, pero una circular del gobierno antillano sobre el comercio bilateral hace de aguafiestas.

El documento, enviado a los directores de empresas importadoras-exportadoras, alerta sobre un cúmulo de dificultades presentes en el comercio con China, segundo socio de la Isla después de Venezuela con unos 2.000 millones de dólares de intercambio en el 2006.

Los retos mencionados tienen un peso perturbador, pero son superables.

Van desde el insuficiente conocimiento del inmenso mercado asiático hasta los precios de las mercancías, que a veces resultan más altos que los ofertados por proveedores localizados en terceros países.

Una de las exigencias cubanas reclama un trato preferencial, apoyándose en las magníficas relaciones políticas existentes. Se trata de "fijar tasas de interés por debajo de las aplicadas por bancos chinos a sus empresas clientes", señala el documento.

La diferencia entre ambas está enmascarando el precio de los productos, que obviamente escala en número.

Entre sus recomendaciones, la circular gubernamental indica observar las tasas de interés establecidas por el Banco Central de China, comprar discrecionalmente mercancías de origen chino en terceros países que "ofrezcan condiciones crediticias más favorables" que Pekín, y "penetrar más" el mercado del gigante asiático con el fin de lidiar directamente con los productos y desembarazarse de los intermediarios.

Los problemas descritos parecen, eso sí, surgir de una realidad inmodificable. Cerca del 60 por ciento de las empresas chinas están en manos privadas, lo cual hace engorrosa cualquier tratativa y reduce el poder intervencionista del Estado pekinés.

"En buena medida son relaciones desideologizadas", observó un economista. "Y aunque existen compromisos políticos al más alto nivel, estamos ante una economía, llamémosle de algún modo, socialista de mercado y muy transnacionalizada", agregó el investigador.

Nuevos negocios

Pese a los contratiempos, Cuba enviaba señales en noviembre de que las relaciones continuaban a toda vela.

De saco y corbata, el presidente interino Raúl Castro abrazaba a Wang Zhaoguo, miembro del Buró Político del Partido Comunista de China, y reiteraba: la visita "es parte de la relación de hermandad que nos une".

Wang viajó a la Isla para entregar la documentación acerca del congreso del partido comunista chino, del cual la prensa en la Isla se cuidó de publicar los episodios relativos a la corrupción y las reformas de mercado.

En opinión del ministro cubano de Defensa, la instrumentación de los acuerdos del decimoséptimo congreso del PCCH constituye "un aporte importante a la causa del socialismo en China y una garantía para la estabilidad y el desarrollo internacional".

El alto cargo chino se entrevistó en La Habana con figuras clave del partido y el gobierno cubanos, sobre todo los relacionados con la economía y el programa energético, del cual China es el principal suministrador, sobre todo de millones de refrigeradores Haier, de bajo consumo eléctrico.

En marzo pasado, La Habana acordó con su contraparte china nuevos negocios que incluyen la venta de azúcar y compra de más suministros para la llamada revolución energética, consolidando un creciente intercambio que en 2006 casi duplicó el monto de 2005.

La firma del acuerdo para el suministro de azúcar a la Corporación Nacional China —de cereal, aceites y comestibles—, y un convenio de cooperación económica y técnica bilateral, sellaron la decimonovena sesión de la comisión Cuba-China para las relaciones económicas y comerciales, que se extendió por dos días en La Habana el pasado marzo.

El viceministro chino de Comercio, Wei Jian Guo, se reunió entonces con el canciller Felipe Pérez Roque y resaltó que "la colaboración económica y comercial bilateral posee amplias perspectivas".

"Esos suministros continuarán creciendo en 2007, acorde con el nivel de los contratos suscritos, que amparan una amplia gama de mercancías y equipos electrodomésticos", confirmó, por su parte, Ricardo Cabrisas, un ministro sin cartera que por años llevó el peso de las negociaciones económicas con el desaparecido campo socialista.

Lo que el viento se llevó

Con China, el gobierno planea aliviar la irresuelta crisis del transporte público. El pasado año contrató ocho mil autobuses —más de mil ya están en circulación— en una inversión de mil millones de dólares, y cien locomotoras —por un total de unos 130 millones de dólares—, de ellas 12 en explotación.

Cuba también vende a China níquel, medicinas y productos de biotecnología, y se beneficia de la experiencia del país asiático en telecomunicaciones, modernización de puertos y en turismo.

Sin embargo, no todos los convenios anunciados con bombo y platillo llegan a concretarse.

Los gobiernos de China y Cuba habían firmado acuerdos con el fin de establecer dos empresas mixtas para explorar yacimientos de níquel y la construcción de una planta de ferroníquel en el oriente de la Isla, pero al parecer tales convenios se los llevó el viento. Nadie habló del asunto en la decimonovena sesión de la comisión Cuba-China.

Cuba es para China la punta de lanza de su ofensiva comercial y política en América Latina, un tema que preocupa a Washington por obvias razones geoestratégicas. Es una región, ahora en disputa y con la mitad de sus liderazgos a la izquierda, que por más de cien años es considerada por los estadounidenses como su patio trasero.

En febrero pasado, el subsecretario de Estado para asuntos de América Latina, Thomas Shannon, analizó durante dos días en Pekín con Zeng Gang, director de Asuntos Latinoamericanos del ministerio chino de Asuntos Exteriores, las políticas de ambos países en relación con el continente latinoamericano y la eventual colaboración bilateral en la región.

En el juego de las potencias, Washington se siente rezagado en el subcontinente mientras China incrementa rápidamente su influencia.

La mitad de la inversión exterior de China en 2005 fue a parar a Latinoamérica, donde Pekín se abastece principalmente de materias primas y alimentos para una economía voraz que desde hace más de quince años no sabe de estancamientos.


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