Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Moda, Cultura, Jóvenes, La denuncia de hoy

“Cuestionar patrones culturales negativos”

Todavía en la Cuba de hoy el gobierno dicta y en algunos casos reprime lo que se puede consumir o no en el terreno de las artes, la literatura, las modas, etcétera

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En ningún lugar del mundo resulta necesario, ni lógico, ni justo, que altas autoridades del gobierno se inmiscuyan, presionen, planeen en cuanto a los gustos, inclinaciones, costumbres culturales de los jóvenes. De esto, como no son delitos, se encargan los medios de divulgación libres, las organizaciones civiles, las instituciones independientes, la opinión pública diversa y contrastante; es decir, de la crítica o el enaltecimiento, según el caso, de una corriente cultural, artística o social determinada hacia la que se inclinen los jóvenes; y la vida ha demostrado que, finalmente, “el desajuste cultural” que fuese, va languideciendo ante el embate y la fuerza del razonamiento de los segmentos citados.

Pero en la Cuba de hoy, y la de medio siglo atrás, no ha sido, no es de este modo: el gobierno dicta o en algunos casos reprime lo que se puede consumir o no en el terreno de las artes, la literatura, las modas, etcétera; así ha ocurrido desde principios de la década de 1960, cuando llevar el cabello largo en el caso de los varones, La Melena, o escuchar —clandestinamente— a Los Beatles, por ejemplo, resultaban una “desviación ideológica”, motivo de escarnio, de discriminación y aun de golpizas, sobre todo hacia los jóvenes, por parte de las autoridades y de los “revolucionarios” en general.

En el caso de las jóvenes, eran tratadas con ojeriza por sus condiscípulas rojas, por la Unión de Jóvenes Comunistas en fin, aquellas que leyeran algo tan vacuo, dictaminado como “penetración cultural” como, por ejemplo la revista Vanidades; sobre la cual el propio Fidel Castro expresara que no tenía nada que hacer en Cuba, la revista, puesto que era algo muy lejano de “nuestra ideología”.

Queremos una juventud ejemplar, se decía entonces, cuando, los que en esas fechas eran jóvenes, y hoy ya han muerto o, todavía viven, no fueron o son ejemplos de nada de lo que por aquellos tiempos exigía y establecía el castrismo; puesto que cada cual es como es, individual, único, irrepetible, de manera que resulta imposible que un conglomerado humano se transforme en un bloque uniforme, exacto, despersonalizado; no es posible, sencillamente.

Pero ya ven: medio siglo después, van los dirigentes comunistas cubanos por la misma vía.

En su edición del pasado 11 de enero, informa el diario cubano Granma (como toda la prensa en Cuba, pagada por el gobierno) que el primer vicepresidente del régimen, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, regenteó una reunión correspondiente al III Consejo Nacional de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y allí exhortó sobre “la necesidad de que los universitarios cuestionen patrones culturales proliferantes en la actualidad”.

¿Qué son “patrones culturales proliferantes en la actualidad”? No lo van a saber ni los que lean la nota de Granma antes aludida. Porque dije mal cuando al inicio de estas líneas escribí: “informa el diario cubano...”. En realidad, como tantas veces, la nota está compuesta por palabras que no dicen nada, o no dice de qué se trata lo que dice.

Díaz-Canel, según la nota, “llamó a reflexionar e identificar el papel de los universitarios cubanos ante un escenario global marcado por el aumento de los contenidos banales y la promoción de falsas necesidades de consumo”.

¿Qué será esto?

Yo quisiera adivinar, entre otras respuestas, que alude a los tantos derivados que se consumen hoy en el “escenario global” como consecuencia de las nuevas tecnologías; vaya, digamos, las redes sociales, los juegos en internet o esa pérdida de tiempo que significa estar comunicándose entre ciudadanos de las antípodas para saber sobre el último estilo de la moda en París, la situación del régimen despótico existente en Angola o algún descubrimiento de la arqueología o la cosmetología. Todo esto representa un consumo, en muchos casos, banal, alejado del núcleo verdadero de un “revolucionario”: aumentar la productividad del trabajo sin mirar para otro lado.

O quiso referirse a otras banalidades “culturales” como podrían ser esos cientos de revistas de moda, de deportes, de acertijos, de medicina elemental, de historias religiosas o de religiones en sí, sin olvidar aquellos bailes y letras como el reguetón, concebidos fundamentalmente para criticar el orden establecido, amén de esas telenovelas que nos llevan a permanecer estáticos en el tiempo (precisa, paradójicamente como si fuéramos comunistas). Sin olvidar, claro, en el caso de las mujeres, los nuevos descubrimientos de cremas antiarrugas y de otras para alisar y abrillantar la piel, bajar de peso, o aun toda esa variedad de refrescos sin azúcar, alimentos libres de colesterol, arroces orgánicos o panes si grasa que no son más, todo esto, que banalidades para, entre otros resultados, realzar la figura. Una de las banalidades de la cultura consumista: el narcisismo, algo que no se corresponde con el duro bregar de un “revolucionario”.

Como banales resultan Spiderman, Batman y otros sujetos de este corte, maniqueos, que nada enseñan a los niños y jóvenes, pues no atestiguan la necesidad de erradicar de una vez el “odioso capitalismo” o de protestar porque en Suecia se haya instaurado recientemente la jornada semanal de 30 horas trabajo, con el argumento, sin dudas anticomunista y por tanto adversario de la cultura laboral, de que “una jornada laboral más corta ayudará a los trabajadores a sentirse mejor física y mentalmente y rendir más”.

Tantas de estas cuestiones, y las miles que faltarían, contribuyen a la cultura del consumismo —enemiga letal de la cultura del comunismo—, que incluye ese mal hábito de comer tres veces al día, menú seleccionado, y aun merendar, a la par que el ciudadano, el joven común de tantos de esos países, suele divertirse con frecuencia en discotecas, bares, ferias, donde consume bebidas “de patente”, marca y géneros seleccionados, tan distantes de aquellas como el “hueso de tigre”, el “calambuco”, el “aprendiendo a morir”, el “partehígado”, el “saltapatrá” y otros licores caseros que nos hicieran famosos tanto en las décadas de 1960 y 1970, como más tarde, en la de 1990 en adelante, y que con mucha razón llegaron a formar parte de nuestros “patrones culturales”, digamos que positivos.

Desde un tiempo hacia acá, hemos visto cómo la alta dirigencia del régimen anda muy preocupada por el “paquete”. Esto del “paquete” resultan discos duros o memorias externas que circulan en la Isla, para leer o ver en computadoras, telenovelas, filmaciones de partidos de béisbol de las Grandes Ligas, documentales sobre premios de cine, música y otros males de la farándula, que incorporan películas cursis y escabrosos melodramas; banalidades, indiscutiblemente.

También hemos sabido que en el “paquete” viajan resúmenes fílmicos sobre eventos de artes plásticas, ballet, conciertos de música y aun copias de libros de cubanos exiliados y censurados por el régimen (respiro por la herida).

Uno se pone a pensar cómo resulta cierto que esos altos funcionarios, quienes reciben respetables salarios, viáticos y ciertos privilegios, en lugar de preocuparse porque aún no se haya cumplido aquel “vaso de leche para cada cubano”, anunciado hace más de 7 años, anden pastoreando un “paquete”, el “paquete” que fuere.

En la nota de Granma aludida, consta que en la reunión de la FEU también expresó sus sentimientos el presidente de esta organización en la Universidad de las Artes, Antonio Darias, quien “instó a defender la identidad cubana desde las propias instituciones estudiantiles, que se erigen, asimismo, como centros de cultura en cada territorio”.

¿Qué será?

Pues quizás el dirigente estudiantil expuso, aunque no salga en la nota, en una nota en que no “sale” nada, decíamos, que en esa “identidad cubana” no debemos dejar de lado a la Virgen de la Caridad del Cobre, los velorios en homenaje a San Lázaro los 16 de diciembre, el congrí con cerdo asado y mojo de ajo, el coco rallado, el chilindrón, los cascos de guayaba, el caimitillo y el marañón y las canciones de Celia Cruz o de Olga Guillot, y asimismo, si del deporte nacional se trata, un recordatorio público, en la forma que se estimase, para Willy Miranda, Miguel Cuéllar, Zoilo Versalles, José de la Caridad Méndez, llamado el “Diamante Negro” porque negro era, Mini Miñoso, Luis Tiant o Camilo Pascual, entre otros.

O todavía más, nadie sabe..., tal vez el dirigente Darias abogó en la reunión dicha para que se “reestructure” la “identidad cubana” con el restablecimiento de la Lotería Nacional, el juego de cubilete, la charada o la baraja española, sin olvidar el Día de los Fieles Difuntos o de Los Tres Reyes Magos.

Tal vez fue así, pero no lo sabemos, no lo dice la nota.

Antonio Darias, además, “alertó sobre algunas brechas culturales que se abren entre las nuevas generaciones, las cuales enajenan de la realidad y fomentan valores negativos”.

La pregunta es: ¿por qué “las nuevas generaciones”, o parte de ellas, deciden meterse por ciertas “brechas culturales” enajenantes, si es que viven en la sociedad más cercana a lo perfecto que se pueda concebir? Bueno, no, no todo el mundo ni todo joven es perfecto, podría ser la respuesta.

También en esta reunión dio a conocer su sentir sobre el tema Alberto Periche, de la Universidad de Holguín: “invitó a replantear las maneras de emplear el tiempo de ocio, aunque sin imponer patrones recreativos a los estudiantes u obligarlos a que consuman de­terminadas manifestaciones artísticas”.

Dice “replantear las maneras de emplear el tiempo de ocio, aunque sin imponer patrones recreativos...”. Veo una contradicción en este enunciado: si usted replantea algo para que otros —otros— lo cumplan, ya de hecho está imponiendo.

Y veamos que este asunto del ocio es muy elástico, diríamos que es un concepto que encierra lo infinito. Depende de la persona, de sus gustos o mentalidad. Por ejemplo, Carlos Marx empleaba su tiempo de ocio, de descanso, haciendo matemáticas.

Quienes son sensibles a las artes y la literatura, pues asisten a museos —con exhibiciones libérrimas—, leen algún libro, de temática libérrima, degustan, de manera libérrima, la película que deseen, o asisten a un concierto de libérrima música. Naturalmente, aquí no podemos incluir a los jóvenes de la Isla.

Las personas más moderadas, diríamos, invierten su ocio, su descanso, en actividades llamadas relajantes, edificantes en muchos casos.

Por ejemplo, los jóvenes y no jóvenes cubanos que habitan en su tierra, podrían dedicar su tiempo libre a:

—Criar pececitos; esto, se ha comprobado, atenúa el estrés y es algo en fin bonito. ¿Pero dónde podrían allá conseguir la pecera, los pececitos mismos, la comida que estos requieren?

—La pesca también es muy estimulante. “Refresca” la mente, se asegura. Pero en qué sitio aquellos jóvenes podrían comprar la vara, los anzuelos, las carnadas, y conseguir el transporte para viajar, digamos, a las represas... Pero bueno..., otro obstáculo: según las noticias, en las represas ya casi no quedan peces.

—Jardinería, en mínimo al menos. Quien siembra flores y plantas de ornamento, aunque fuere en macetas, ya sea hombre o mujer, posee un constante llamado para invertir su tiempo libre. En algo hermoso, tierno, y además solidario puesto que no solo proporciona placer al poseedor, sino asimismo al prójimo, a quien mira. Pero debe ser un viacrucis encontrar en Cuba, de la manera que fuese, las macetas, la tierra apropiada, las posturas.

—Coinciden no pocos ornitólogos y psicólogos en que criar canarios es uno de los entretenimientos más positivos que existen. Estos pájaros cantores muestran asimismo diversas bellezas en su plumaje y, por otra parte, no requieren de mucho para su crianza y mantenimiento. ¿Pero dónde conseguir nuestros jóvenes residentes en Cuba la jaula adecuada, o los propios pajaritos, y el alpiste? Muy difícil.

—En mi opinión, para invertir el tiempo de inactividad, no existe algo más provechoso que disfrutar de canales televisivos como Discovery, History, Nacional Geographic y otros que se dedican a transmitir interesantes temas sobre flora y fauna, historia, medicina y salud e informaciones acerca de los más recientes descubrimientos de la ciencia. Mas, estos canales los encontramos en la televisión de paga, hoy día a precios muy asequibles para un trabajador promedio. Pero en Cuba no existe la televisión de paga.

Y bien, sobre este asunto de “los patrones culturales negativos”, veo acercarse una muy seria amenaza sobre la isla de Cuba.

Todos recordamos cuando, a principios de la década de 1960, Fidel Castro aseguró, categóricamente, que en una década o un poquito más, el nivel de vida de los cubanos sería semejante al de Suecia y Estados Unidos.

Si así hubiera sido, pues hoy sería habitual que el cubano promedio viajara al país que quisiese, incluida la Unión Americana.

Pero no fue así y ahora el asunto viene al revés.

Dentro de muy poco tiempo, muchos más estadounidenses podrán viajar a Cuba, según los acuerdos que se han establecido entre los gobiernos de las dos naciones.

Nadie vaya a pensar que quienes lo harán serán solamente los ricos, sino en su mayoría el hombre promedio, el trabajador, el profesional, el dueño de un pequeño negocio, y así.

Y ahí tienen que estas personas, muchos de ellos jóvenes, poseen vestimentas de alto vuelo, relojes de buena marca, suelen pasar sus vacaciones en cruceros, trabajan 5 días a la semana y los sábados y domingos invierten su “ocio”, en ciertos casos, en paseos espectaculares. Tienen buen “billete” y respetables tarjetas de crédito. Las mujeres, consumistas, igual que los hombres, suelen cambiarse el rímel dos o tres veces al día, atestar un clóset con 20 pares de zapatos y cuarenta vestidos, pantalones, blusas, que visten de acuerdo con la estación, o el color de su piel o de sus ojos en relación con la luz del día, así como inundan la cómoda con perfumería y cosméticos que varían en concordancia con sus gustos o el sitio que vayan a visitar.

Hombres y mujeres promedio, digo, que indudablemente, en sus futuros contactos con los isleños, candorosamente, conversarán sobre los tantos y modernos juguetes de sus hijos —consumismo puro—, sus anteriores visitas a la Capilla Sixtina, las playas de Santo Domingo o las ruinas de Machu Picchu. Y ahí se sale en las conversaciones que ganan 15, 20, 25, 30 dólares la hora, viven en una casa —que van pagando con mensualidades— de dos plantas, con escalera interior, jardín y piscina; o en apartamentos semejantes, según la región. Y ahí sale en la conversación que José Dariel “Pito” Abreu se encuentra apto para destrozar cualquier récord ofensivo en las Grandes Ligas o que a Guillermo Rigondeaux le costó mucho trabajo ganar su último combate o que Gloria Estefan y Willy Chirino, qué va, no pasan de moda, o que, en el caso de Miami, cada día hay más tertulias y focos de animación cultural en general, con excelentes “patrones culturales” cubanos y a la vez universales, como debe ser, guiados por escritores y artistas isleños exiliados que, si bien en desventaja, van adelante con sus editoriales, sus libros, sus exposiciones, aun estableciendo emblemas como es el caso de Art Spoken, del talentoso e incansable teatrista Yoshvany Medina, que además ofrece los domingos el ya tradicional Desalmuerzo Literario, o la ya tradicional y nutrida tertulia auspiciada por Joaquín Gálvez, como igual la de Luis de la Paz, sin olvidar la de Alejandro Fonseca, Josefina Ezpeleta o Pedro Pablo Pérez Santiesteban, amén de la magnífica que realiza Fundación Apogeo, que dirige el escritor cubano Baltasar Santiago Martín, entre otras.

Y bueno..., así la situación, la pregunta es: ¿qué se harán esos altos dirigentes revolucionarios cubanos, hoy persecutores del “paquete”, cuando, dentro de poco, deban torear, más bien, el “paquetón”?

Ya ven. Así van las cosas.


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