Actualizado: 22/10/2019 9:54
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Economía

De todos y de nadie

Si no se democratiza la economía, la crisis de la producción y los servicios no tendrá solución.

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"Algunos servicios estatales están siendo usados para lucro personal por insensibles que alteran precios y normas de los productos, traspasando falazmente la frontera entre lo estatal y lo privado". Así comienza La vieja gran estafa, un reporte publicado los días 1, 15 y 22 de octubre por un equipo de periodistas del diario Juventud Rebelde, que, acompañado de "inspectores integrales provinciales", visitó varios centros que prestan servicios en la capital.

En la cafetería El Manzanares (Infanta y Carlos III), a las jarras de cerveza le faltaban 90 mililitros. En La Tropical (12 y 21), los bocaditos de 3,50 no cumplían con la cantidad de 29 gramos de jamón correspondiente, y los vasos de refresco no alcanzan los 232 mililitros establecidos. En el comedor comunitario de 12 y 21, los usuarios reciben "poca comida y con mala calidad". En El Centenario (Infanta y Estrella), a cada jarra de cerveza le faltaban 50 mililitros.

Estas alteraciones de precios y/o los faltantes en pesos y volúmenes fueron comprobados en relojerías, cafeterías, zapaterías, bodegas y otras instalaciones. Las cifras publicadas hablan por sí solas: "Hasta agosto del presente año los inspectores integrales capitalinos realizaron 22.692 verificaciones y en 11.692 centros encontraron violaciones de precios y alteraciones en la norma de los productos". El 52 por ciento de los centros examinados tuvo problemas.

En lo que va de año, los inspectores del Departamento de Fiscalización y Control de la Unión de Empresas del Comercio y Gastronomía de la capital, detectaron que en 112 unidades los trabajadores introdujeron productos ajenos al centro. Como resultado de las pesquisas, el equipo investigador arribó a las siguientes conclusiones: "En la epidermis de la sociedad cubana aflora un mal perceptible".

La 'gestión' de los trabajadores

Algunos criterios recogidos en La vieja gran estafa son la necesidad de que la población tenga más cultura sobre este asunto, que cada cliente debe conocer sus derechos para así poder exigir a quienes tratan de vulnerarlos; enseñar a los niños sus derechos y deberes como consumidores; fortalecer la conciencia general en contra de estas ilegalidades, bajo el principio de que en Cuba los servicios estatales son para beneficio de la población.

Pero, ¿qué ocurre realmente? Según los trabajadores, no reciben insumos para trabajar, razón por la cual mantienen los servicios con materias, utensilios y dinero de su propiedad: el talco, los ventiladores, las lámparas, las reparaciones e incluso la construcción de muebles en muchas barberías corre por cuenta de los trabajadores, así como la colcha de trapear, las espumaderas para las cocinas, los vasos y jarras para la venta de bebidas, la reparación del motor para el abastecimiento de agua, la goma y el hilo para la reparación de calzados o el costo de las reparaciones de los taxis…

Por ejemplo, la administradora de El Centenario asegura que los empleados compran las jarras —por supuesto, con una medida menor a la establecida—, porque no les dan otras y tienen que vender. A ello se agrega que en casi todas las unidades faltan las pesas para la comprobación, y en consecuencia, el monto de las utilidades se distribuye entre los trabajadores. Muchos de los administradores, que tampoco viven de sus salarios, igualmente se apropian de una parte de la tajada.

El doctor Omar Everleny, profesor titular del Centro de Estudios de la Economía Cubana, dice que "es increíble y hasta imposible pensar que por un salario de 200 pesos y pico alguien brinde un buen servicio, pero además tenga que buscar el bombillo, la colcha de trapear y cuanto insumo necesite para laborar".


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