Actualizado: 20/05/2019 15:52
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Constitución, Referendo, Voto

Decisiones, indecisiones, perezas y comodidades

Nada de que preocuparse, ninguna decisión engorrosa que tomar, todo está previamente resuelto, y en los mejores términos para usted, por una entidad inabordable y ajena

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¿Sabes lo que es convertirse en nada? Porque yo sí lo
sé, porque yo mismo me convertí en nada… Y también
sé lo que es sentir miedo…Para escapar del miedo lo
mejor es no pensar. Tú no existes…
Leonardo Padura. El hombre que amaba a los perros.

¿Cómo decidir entre A o B o C? ¿Qué es preferible esto o aquello, o lo de acullá? ¿Cuál es la mejor opción, o mejor aún cuál de estas opciones es la que debo tomar?

Por ejemplo, nunca nadie me dijo que riesgos y ganancias estaban en relación directa, más bien lo que aprendí fue todo lo contrario: evita los riesgos y saldrás ganando.

En el mundo virtual, del que hablaba Norman Mailer, es posible que fuese así, pero en el real no lo es en lo absoluto. Ese mundo virtual es algo enajenante en el cual el mundo real es lo falso y la idea pura está materializada por lo menos en la esperanza, la confianza y finalmente en la fe en un mundo mejor.

Una sociedad plagada de entelequias tiende necesariamente en parir seres míticos, producciones ilusorias, servicios inasibles, relaciones paradójicas y en fin una cultura de la pereza, la física, la mental, la moral, en resumen, la del alma.

En una sociedad, aún en la virtuales, todo está de alguna manera concatenado y si usted no puede decidir si va a pintar su casa de azul o de amarillo, ya sea porque no hay ningún color de pintura en el mercado, o en el mejor de los casos solo hay azul, pues sin mucho esfuerzo usted opta por pintar de azul.

Si usted no es un cliente —los cuales en principio siempre tienen la razón, aunque estén totalmente equivocados— sino que es un usuario que no es lo mismo —y que por principio jamás tendrán la razón— entonces usted no decide qué comprar, sino que recibe lo que se distribuye ya que propiamente no se vende y usted no compra, simplemente adquiere lo que le han distribuido.

Cuando esta imposibilidad de decidir se convierte en lo cotidiano, en una normativa social, en una filosofía del ser, entonces usted se acomoda a esas pequeñas incomodidades hasta que llegan a resultarles realmente cómodas, muy cómodas, demasiado cómodas.

Nada de que preocuparse, ninguna decisión engorrosa que tomar, todo está previamente resuelto, y en los mejores términos para usted, por una entidad inabordable y ajena. Esta es una relación social donde lo principal es satisfacer, cuando es posible, las necesidades básicas del individuo, necesidades que fueron establecidas y más o menos definidas por esa misma entidad inalcanzable.

Lo que interesa saber es cómo un individuo puede llegar a la total plenitud dentro de una determinada sociedad cuando los grandes organizadores, directores, impulsores de esa sociedad ya han tomado todas las decisiones necesarias para el supuesto bien de esa sociedad y por tanto de cada uno de los individuos que la componen.

Todo parece indicar que la incapacidad de tomar decisiones a la larga genera individuos frustrados, incapaces, perezosos, con una fuerte tendencia a abrir la boca no para decir algo importante para su bienestar, sino para esperar a que el maná, o por lo menos las sobras que caen de las mesas de banquetes donde se toman las decisiones.

A estos individuos, a la sociedad en pleno, se les pide ahora que decidan si la Carta Magna que le es propuesta les resulta adecuada, si ese documento que regirá sus vidas y el destino de toda la nación, está acorde con sus deseos y necesidades, con sus esperanzas e ilusiones. Puede ser un referéndum supervisado por las más honorables instituciones y las más insobornables personalidades, el mismo se puede desarrollar con una total y completa claridad y transparencia ya que el intríngulis no está ahí, sino en la incapacidad de decisión de la sociedad cubana, en la incómoda comodidad a la que han sido habituados, adoctrinados, a la negación durante decenios de la condición básica de un individuo, de un ciudadano, de decidir sobre su destino y el de la nación.


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