Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Costa Rica, Emigrantes, EEUU

Día de Acción de Gracias y el éxodo cubano 2015

El jueves pasado se celebró en Estados Unidos la tradición del Día de Acción de Gracias. La fecha aún reciente sirve para reflexionar sobre lo que está ocurriendo con los cubanos en Costa Rica

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Los que crecimos en la tierra donde Martí más vivió, nos alimentamos de la fecha que Lincoln institucionalizó, en 1863, como un día nacional para rendirle gratitud al Ser Supremo. El linaje histórico de esa tradición, nos lleva al otoño de 1621, donde unos refugiados ingleses unidos a la población indígena local, celebraron el primer aniversario de su arribo y de haber sobrevivido lo que fue un invierno brutal en ese rincón del Nuevo Mundo llamado Plymouth, en el estado conocido hoy como Massachusetts.

Estos calvinistas llamados “peregrinos” y “separatistas” (aunque no todos querían separarse de la iglesia oficial) venían sufriendo la persecución religiosa, crónicamente, desde hace tiempo pero ésta se profundó cuando habilitaron el Acto de Uniformidad, sesenta y un años antes (1559). Esta ley obligaba a los ingleses asistir semanalmente a misa en la Iglesia de Inglaterra, la oficialista, o pagar una multa. Estos perseguidos primero emigraron a Holanda donde encontraron la libertad de culto. Sin embargo, hallaron también la discriminación, una desigualdad de oportunidad y una equidad selectiva ante la ley. Finalmente, un grupo de estos ingleses que no comulgaban con el régimen que regía en Gran Bretaña, en unión a otros, formaron un total de ciento dos personas, y se lanzaron al mar en dos barcos (Mayflower y Speedwell). Después de varios intentos salieron un 6 de septiembre para atravesar el Atlántico y luego de un par de meses y unos días llegaron e inmediatamente firmaron un convenio de gobernanza, el Pacto del Mayflower, e iniciaron, prototípicamente, el experimento precoz de auto gobierno más exitoso en la historia.

Los cubanos, desde que se instauro la dictadura de los Castro, conocen bien la noción del éxodo. Por aire y mar, más de veinte por ciento de los hijos de Cuba han optado vivir, “sin patria pero sin amo”. En los últimos quince años, los cubanos cada vez más, han huido del castrocomunismo a pie. Recientemente, o más preciso, desde que la administración Obama aceptó la acomodación con el despotismo castrista, el pueblo de Cuba está huyendo en masa. En adición a la clara señal de que la sociedad cubana le tiene cero confianza a la capacitación del régimen comunista de La Habana para solucionar los problemas inherentes de vivir en Cuba hoy, una mano calculadora y siniestra está en juego.

A nadie le es un secreto que el comunismo cubano está en un frenesí desesperado para que le levanten las sanciones norteamericanas. Bajo la óptica paranoia de una decadente dictadura, su supervivencia depende de eso en un mundo post-mortem de los fundadores de la barbarie. Saben bien que no volverán a tener mejor aliado que el actual primer jefe ejecutivo estadounidense. El reloj está corriendo y el éxodo siempre ha sido un vehículo estupendo para promover sus objetivos estratégicos.

El largo camino hacia la libertad, para muchos de estos cubanos a pie, empieza en Ecuador o Venezuela, dos componentes de la multinacional gansteril que llaman el “socialismo del siglo XXI”. De ahí, medio continente hacia el norte en la travesía, cruzan al fin la frontera sur de los EE UU. La obsesión histórica e histérica del control sobre la población cubana, ha sido un constante con el poderío castrista. ¿Por qué se ha relajado la guardia con las salidas de los cubanos en los últimos años, particularmente en este más reciente año y medio?

La guerra del castrocomunismo contra la Ley de Ajuste Cubano es una pieza desgastada en su repertorio oficial. Es entendible. Es un grito en la cara que les recuerda a todos que en Cuba hay una dictadura, una antítesis de un gobierno civilizado. No obstante esa realidad, al despotismo cubano le ha venido muy bien dicha ley que privilegia a los que huyen. El sólido aporte de las remesas y las remesas en especie que humanamente la diáspora cubana manda a sus familiares y seres queridos, es para el castrismo una subvención exquisita e inmejorable. Es un recibir una cuantiosa suma de recursos, sin tener que producir u ofrecer nada a cambio. Es tan comerciable todo como el arrendamiento de los servicios de sus médicos, sus entrenadores, sus estafadores, etc. ¿Por qué entonces el pataleo tan virulento contra la Ley de Ajuste Cubano?

La motivación detrás de la postura que sostiene la cúpula dictatorial es netamente estratégica. Es cierto que es un desprestigio extraordinario para el castrocomunismo que el imán de todos los inmigrantes (EEUU), le conceda un trato especial a los cubanos bajo el mantra de la persecución política (aunque el texto de la ley no lo diga). Eso, sin embargo, explica solo una parte. La transferencia de riqueza de los cubanos fuera del territorio nacional hacia la Isla y la potencialidad de ampliar esa fuerza productora superior para acomodar las modificaciones económicas castristas, es otro factor potente que entra en juego. La clave para profundizar el gran botín que representa tener una emigración exitosa e influyente, el institucionalizar un muro de cabildeo a su favor y el acceso a una financiación generosa, urge la demolición del embargo estadounidense, mucho más allá de las artimañas legales permitidas y ejercidas por la rama ejecutiva norteamericana actual.

El fusionar el embargo con la Ley de Ajuste Cubano y condicionar la claudicación de ambos como si fueran una entidad singular, es lo que busca el régimen castrista. El incremento del éxodo es explicado primero por lo obvio: la vida en Cuba comunista es inhumana para todos y particularmente cruel, si se cree en la libre expresión en todas sus manifestaciones. Cuando la salida en masa es tolerada por una dictadura que posee la maquinaria y la maldad para aniquilar cualquier intento de huida, como lo han ejercido salvajemente a través de su historia, hay que sospechar de sus intenciones.

A pesar de la enorme cuantía de cubanos que ha cruzado la frontera sur de EEUU para relocalizarse aquí (más que cualquier otro grupo), esto no ha sido percibido como una “crisis migratoria” en la nación norteamericana. Esto ha alarmado al castrocomunismo. Después de todo, nuevamente, una política migratoria atada a los objetivos de la dictadura cubana, siempre ha sido un arma útil y una utilizada con frecuencia histórica. Al no materializarse el esperado estupor, dentro de EEUU, por la estampida cubana cruzando el Río Grande, el castrismo fue al plan “B”.

La tragedia de los más de tres mil cubanos varados en Costa Rica, impedidos por el sandinocomunismo de atravesar Nicaragua en ruta a su destino final que es EEUU, es la macabra obra de la dirigencia dictatorial de Cuba. Esta “crisis” es el plan alterno del castrismo después que el primero no alcanzó su meta. El objetivo es impactar la opinión pública de la democracia norteamericana, influenciar su clase política y amamantar el sentimiento antiinmigrante de los estadounidenses e inyectar de veneno las pasiones molestas de nuestros hermanos latinoamericanos por el trato desigual que reciben los cubanos. Todo esto con la intención directa de fortalecer el caso para que deroguen la ley preferencial y el premio codiciado que es cesación de las sanciones económicas.

Ecuador primero cierra y después, instantáneamente, reabre la válvula de escape. El dictador Raúl Castro viaja a México donde obtiene la seguridad del Presidente Peña Nieto que no será un obstáculo para el proyecto de “crisis”. Daniel Ortega, fiel integrante del club de dictadores socialistas que se disfrazan de demócratas, obedeció las órdenes del comando de La Habana y actuó con su acostumbrado sadismo. ¿En qué mejor momento para aprovechar del alboroto mundial con el tema de migrantes? Esta “crisis” fue fabricada en Cuba.

La libertad es un fenómeno natural integral. No admite separaciones o hendiduras en su aplicación. No se puede ser económicamente libre, pero no libre para expresarse públicamente. El desastre del comunismo cubano tiene en su esencialidad y su composición genética la ausencia de lo que es más elemental para el desarrollo humano: la libertad. Nuestros hermanos cubanos en Centro América merecen nuestro apoyo y la solidaridad del Mundo Libre. Buscan la libertad aunque no lo sepan expresar propiamente. Para muchos de ellos, una vida entera de la contracultura oficialista los ha formulado para no tocar lo “político”.

El principio innato de la búsqueda de la libertad, tan inherente en el Día de Acción de Gracias, debería guiar nuestro comportamiento. Primero, darle gracias a Dios por todo. Segundo, defender el principio de ser libre y resguardar las herramientas institucionales que fomentan ese principio. La Ley de Ajuste Cubano y las sanciones contra la dictadura castrista, ambas, hacen eso y deberían de preservarse. Quiera Dios que así sea.


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