Actualizado: 15/07/2019 10:30
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Venezuela, Martí, Bolívar

Dilema exiliar: ¿martianos o bolivarianos?

Hay que arrear con el pueblo cubano visible en el desfile del 1º de mayo, el desfile migratorio, el desfile de quienes regresan de visita y otros desfiles

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Martí se bajó de esa nube de la república “con todos y para el bien de todos” al encarar en la manigua el problema práctico de cómo fundarla. Así que antes de rememorar este domingo por qué cayó en una escaramuza insignificante, quizás resulte más útil precisar por qué, en vez de aquella misión imposible “con todos”, Martí se planteó montar la república simplemente con “una asamblea de delegados del pueblo cubano visible, de los revolucionarios en armas” [1].

La clave es el pueblo visible. Ahora que no vemos “revolucionarios en armas” por ningún lado, excepto en Internet, hay que arrear con el pueblo cubano visible en el desfile del 1º de mayo, el desfile migratorio, el desfile de quienes regresan de visita y otros desfiles.

Ese otro pueblo que lidericos y doctores invocan como amante de la libertad y la democracia no acaba de aparecer como Dios manda: en bulto masivo, en plazas o calles repletas. No se vale sustituirlo por verbosas declaraciones interesadas. Y por eso viene al cuento, en la coyuntura exiliar cubano-venezolana, el contrapunteo entre Martí y Simón Bolívar.

Martí y la repatriación

Hacia enero de 1894, los cubanos fueron a la huelga en Cayo Hueso porque ciertas tabaquerías comenzaron a emplear españoles traídos directamente de la Isla. Martí no dejó pasar la ocasión para reforzar sus argumentos sobre la necesidad de la independencia de Cuba, tal y como sólo podía hacerlo quien desde jovencito sufrió la represión del coloniaje español e incluso perdió un huevo por causa de los rigores del presidio político [2].

Al filo del “odioso espectáculo de una ciudad creada por sus hijos adoptivos que se sale de su suelo y de su ley para ir a traer de afuera los enemigos de sus hijos”, Martí largó que “el único suelo firme en el universo es el suelo en que se nació [y] no tenemos más amistad ni ayuda que nosotros mismos”. Terminó con esta arenga: “Cubanos, iA Cuba!” [3].

Bolívar y la salida definitiva

A diferencia de Martí, Bolívar sobrevivió a la guerra y andaba por Barranquilla —tras haber sido desterrado de Venezuela y dimitir de la presidencia de Gran Colombia— cuando respondió, el 9 de noviembre de 1830, una carta del presidente de Ecuador, general Juan José Flores. Bolívar precisó: “Yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos”, como que “la única cosa que se puede hacer en América es emigrar”.

Esta América que refiere Bolívar es aquella que seis décadas más tarde Martí definiría como “nuestra” en ensayo antológico, aseverando que “de todos sus peligros se va salvando” y diferenciándola bien —“del Bravo a Magallanes”— de la América del Norte, “el peligro mayor de nuestra América”.

Bolívar advirtió también a Flores: “El que sirve una revolución ara en el mar”, pues el poder pasará después, indefectiblemente, “a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas”. Siendo consecuente con sus propias conclusiones, sacadas luego de encabezar la revolución y ganar la guerra, Bolívar decidió emigrar, pero este empeño se vio truncado por enfermedad y fallecería al mes siguiente de mandar su carta de respuesta a Flores.

Coda

Después que el exiliado antibatistiano Fidel Castro recurvara en son de guerra y tomara el poder, los intentos fallidos del exilio anticastrista por arrebatárselo terminaron relegando la arenga de Martí al olvido. Hoy en día, iA Cuba! es mero aviso de emigrados que van a visitar familiares y/o a divertirse en la Isla de Cuba pintoresca.

Así y todo, la seña de Bolívar no se capta por todos ni para el bien de todos. El desespero por el odioso espectáculo del castrismo prolongado engendra el embullo de que todavía se puede hacer algo mejor que emigrar. Afloran entonces las ilusiones (¿o autoengaños?) no sólo con Washington, sino hasta con lidericos insiliados casi imperceptibles, de todos colores y razas, quienes sin una gota de poder se ripian entre sí por recursos, ergo: si tuvieran poder —algo que nunca ocurrirá— irían arrollando en la comparsa de tiranuelos prevista por Bolívar.

Notas

[1] Carta inconclusa a Manuel Mercado, 18 de mayo de 1895. Esta misión práctica se malogró con el desespero del General en Jefe, Máximo Gómez, por salir del campamento de Vuelta Grande y cruzar el río Contramaestre para batir por gusto a una columna española en Dos Ríos. Martí participó en este embullo, como mayor general sin tropa, porque Gómez así lo dejó hacer, en vez de ordenarle quedarse al frente del campamento, tal como había dispuesto el 17 de mayo de 1895. Ese día Martí anotó en su diario: “Sale Gómez con los cuarenta caballos, a molestar el convoy de Bayamo”. Martí se quedó a pie y con “doce hombres, bajo el teniente Chacón, con tres guardias, a los tres caminos”.

[2] Al exhumar el cadáver de Martí en Remanganaguas, el médico militar Pablo de Valencia y Forns notó y anotó que faltaba un testículo. Fermín Valdés Domínguez dio fe de que Martí sufría de sarcocele. Luego de tres operaciones infructuosas, el doctor Francisco Montes de Oca procedió en México, a mediados de mayo de 1876, a la “exéresis total del testículo” afectado. Vid.: Hodelín Tablada, Ricardo: Enfermedades de José Martí, Editorial Oriente, 2007, 87 ss.

[3] Martí consideró tan importante este artículo [“¡A Cuba!”, Patria, 27 de enero de 1894] que publicó su versión en inglés como suplemento del periódico.


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