Actualizado: 14/10/2019 9:31
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Dilma Rousseff, Derechos Humanos

Dilma Rousseff en La Habana

Brasil se convirtió en el quinto socio comercial de Cuba en el año 2010, y desplazó de esa posición a Estados Unidos

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La señora Dilma Rousseff, presidenta de Brasil, llegó a Cuba en visita oficial el 30 de enero, acompañada por una delegación de funcionarios y hombres de negocios. La corta estancia de menos de 72 horas tuvo un fuerte cariz económico. Al igual que las efectuadas por su antecesor Luis Inácio Lula da Silva, el interés ha sido posicionarse en la Isla, cuando se vislumbran cambios que incluirían a más largo plazo la normalización de las relaciones con Estados Unidos, con la clara intención de obtener altos réditos futuros; sin tener en cuenta los actuales padecimientos del pueblo cubano, causados por 53 años de totalitarismo.

Brasil ya está presente en sectores importantes de la economía cubana, como la elaboración de cigarrillos (BRASCUBA); la industria azucarera con las pruebas masivas de equipamiento en el Central Jesús Rabí en la provincia de Matanzas; grandes siembras de soya y maíz en algunos territorios; y especialmente la ampliación y modernización del Puerto de Mariel, cercano a la ciudad de La Habana, con un costo calculado en cerca de 1.000 millones de dólares. También se habla de colaboración en la industria farmacéutica, la biología y la operación de un central azucarero en la provincia de Cienfuegos.

La colaboración se ha basado en el otorgamiento por parte de Brasil de créditos no solo para financiar inversiones, sino también para la importación de productos de amplio consumo en Cuba. Esto ha redundado en un incremento notable en el intercambio comercial de mercancías, que de acuerdo a datos de la agencia EFE alcanzó los 642 millones de dólares en 2011, casi duplicando el nivel de 2005. Brasil desde 2010 desplazó a Estados Unidos de la quinta posición como socio comercial en cuanto a bienes, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE). Entre 2005-2010 el intercambio alcanzó los 2,96 miles de millones de dólares, de los cuales 291,4 millones (9,8 %) correspondieron a las exportaciones cubanas, y a las importaciones 2,7 miles de millones (90,2 %), para un saldo pasivo a Cuba de 2,4 miles de millones de dólares. Este comercio denota un inmenso desbalance, posible por los préstamos brasileños, pero difícil de sostener si no aparecen posibilidades cubanas para pagar los créditos y balancear el intercambio.

A diferencia de Venezuela que recibe masivamente técnicos cubanos, Brasil no ha dado muestras de seguir ese camino. Por otra parte, la cantidad de brasileños llegados como turistas es muy limitada: 14.207 en 2011, según fuentes cubanas. Por tanto habrá que buscar otras opciones de pago, que quizás puedan encontrarse en la explotación conjunta del Puerto de Mariel, que deberá dejar importantes dividendos cuando esté en plena explotación, sobre todo al progresar las relaciones con Estados Unidos y su proyectada utilización como punto de trasbordo para otros puertos del Caribe, opción que aumentará cuando terminen las obras en proceso de ampliación y modernización del Canal de Panamá.

Otras posibilidades podrían ser la extensión de la colaboración en la agricultura, mediante operaciones conjuntas, así como en otros temas, entre los cuales cabría citar la producción de etanol a través de la utilización de la caña de azúcar como materia prima, para la cual Brasil posee probadas tecnologías, aunque deberán vencerse absurdos prejuicios alentados en Cuba sobre este combustible renovable.

Brasil tiene una creciente importancia en el mundo actual. Por su Producto Interno Bruto está entre los países más acaudalados del planeta. En 2010, su PIB alcanzó una cifra ligeramente superior al 33 % de todo el PIB de América Latina, a precios constantes de 2005, según CEPAL. En 2012, tiene una población de 198,7 millones de habitantes y el quinto lugar mundial en territorio, con inmensas riquezas, en gran parte sin explorar. Recientemente se han encontrado grandes reservas de petróleo en sus aguas marítimas profundas y en tierra firme, que podrán convertir a Brasil en un gran exportador. Precisamente en esta esfera sería interesante la cooperación con Cuba, ya que posee tecnología para la exploración y explotación que podría utilizarse en la Zona Exclusiva (ZEE) de Cuba en el Golfo de México. No obstante, la firma brasileña que trabajó en la búsqueda de petróleo y gas se retiró de la Isla hace algún tiempo, quizás para centrar su gestión en sus grandes hallazgos nacionales.

Por otra parte, Brasil como miembro de los grandes países emergentes (BRICS: Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) aspira a tener un papel cada día mayor en el Grupo de los 20, América Latina y otras instancias internacionales. Pero para ello deberá tener un mayor apego a la defensa de principios internacionalmente reconocidos en defensa y respeto de los derechos humanos, en lo cual la actitud del expresidente Lula da Silva dejó mucho que desear en el caso de Cuba, cuando mostró gran insensibilidad hacia el pueblo y los presos políticos.

Asimismo, durante su visita, la Señora Dilma Russeff repitió ese desdén a través de injustificables malabarismos retóricos para no abordarlos. Podría coincidirse con la mandataria en su oposición al embargo y la situación de la cárcel de la Base Naval norteamericano de Guantánamo, pero no se pueden tomar como cuartada estas cuestiones, al estilo del Gobierno cubano, para hacerse de la vista gorda y soslayar los sufrimientos de los perseguidos por luchar pacíficamente en Cuba por la democracia y la libertad, en un clima de justicia social; mucho menos a pocos días de la atroz muerte del preso de conciencia Wilman Villar Mendoza. Resulta incomprensible e inaceptable que una persona como ella, que sufrió en carne propia la represión de un gobierno militar vire la espalda a las terribles violaciones de los derechos humanos que reiteradamente se cometen en Cuba.

Brasil tiene derecho a un papel relevante en América Latina y el Caribe y en el planeta en su conjunto, pero eso no podrá conseguirse solo con riqueza. Esa posición debe respaldarse con ética y la autoridad moral de sus gobernantes. Objetivo imposible de lograr soslayando por medio de groseros subterfugios los sufrimientos de los pueblos.


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