Actualizado: 22/10/2021 20:51
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Martí, Independencia

Dos Ríos: ¿enigma o embarque?

¿Fue un error militar de Máximo Gómez lo que causó la muerte de José Martí?

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Sin haber disparado un tiro ni mandado una escuadra, José Martí fue ascendido a mayor general por el General en Jefe Máximo Gómez, a la sombra de un platanal y el 15 de abril de 1895, según el diario de Martí, o el 18, según el diario de Gómez.

Ambos habían despachado el 14 una circular a los jefes y oficiales mambises con la orden de mantener las tropas disciplinadas para no perder “el tiempo que se ha de emplear en caer silenciosamente sobre el enemigo, [porque] disciplina quiere decir orden, y orden quiere decir triunfo”.

En otro despacho convocaron a los representantes de los cinco cuerpos de ejército mambises para Camagüey, con ánimo de constituir la República en Armas y formar su gobierno. La comitiva Gómez-Martí marchaba hacia allá cuando acamparon en Dos Ríos.

El 17 de mayo, Gómez salió con todos los caballos a perseguir un convoy que nunca encontró. Martí se quedó a pie con apenas doce hombres. Por suerte llegaron al campamento, en vez de patrullas españolas, unos cubanos que se habían alzado.

La noche del siguiente día llegó el mayor general Bartolomé Masó con más de 300 jinetes, tan cansados como sus caballos de dar tumbos por la sabana. De madrugada cruzaron el río Contramaestre hacia el oeste, en busca de mejor pasto, y acamparon en La Vuelta Grande. Aquí escribió Martí sus últimas letras: un papelito en que avisa a Gómez el arribo de Masó y puntualiza: “No estaré tranquilo hasta verlo llegar a usted. Le llevo bien cuidado el jolongo”.

La decisión de Gómez

“El 19, a La Vuelta Grande”, anotó Gómez en su diario. El cronista de la guerra, José Miró Argenter, que no estuvo allí, contaría doce años después que Gómez arengó a las tropas y Martí predicó “el credo de la revolución con el fervor del apóstol” a tal punto que, “transfigurado por la pasión, dijo: ¡Quiero que conste que por la causa de Cuba me dejo clavar en la cruz!”

Siguió el almuerzo, se oyeron unos tiros y avisaron que los españoles avanzaban hacia Dos Ríos por la orilla este del Contramaestre. Lo mejor que se podía hacer cruzar este río más abajo y atacarlos por detrás y su flanco derecho para acorralarlos contra la confluencia con el río Cauto, pero Gómez desobedeció su propia circular del 14 de abril y vadeó imprudentemente el Contramaestre para cargar con tremendo desorden y gritería contra el frente del enemigo.

Al cruzar el río, los mambises perdieron la formación. Ya iban a enfrentarse a los españoles cuando Gómez ordenó a Martí quedarse atrás y enseguida marchó adelante para arrastrar a la tropa, sin poder ocuparse más de Martí.

En su libro Dos Ríos: a caballo y con el sol en la frente (Ciencias Sociales, 2001), cuya reedición (Editorial Capiro, 2014) se presentó este Sábado del Libro para conmemorar el aniversario 119 de la muerte del Apóstol, el historiador Rolando Rodríguez se transpone en el lugar de Martí y sugiere que desoyó la orden de Gómez porque “le habría parecido femenil quedar aguardando el regreso de los combatientes” (página 86).

Gómez no ordenó tal cosa. Rodríguez mismo se contradice al narrar que “después que vadearon el Contramaestre, ya casi frente al enemigo, [Gómez] le impuso [a Martí] frenar su caballo”. A Gómez no se le ocurrió, como había hecho el 17, dejar a Martí en el campamento, donde ese 19 de mayo se quedaron los coroneles Estrada y Tamayo, con fuerzas de Masó, para resguardar los caminos.

Según Rodríguez, Martí avanzó “con la idea de que su ejemplo podía arrastrar a [la] tropa”. Aquí soslaya que Martí cargó en Dos Ríos de manera surrealista, como mayor general sin tropa y sin otro jefe que el jefe de todos, quien andaba por otro lado tras haber dado una orden tan imprecisa que dejó expuesto a Martí en su bautismo de fuego. A Martí no lo siguió nadie más que un ayudante de Masó, Ángel de la Guardia, quien iba igualmente desorientado y se salvó de milagro.

La justificación se vuelve más descarnada en el documental Dos Ríos. El enigma (2011). Su guionista, Eduardo Vázquez, afirma “no hay relación directa entre la forma en que Gómez dirigió la acción y la caída de Martí”. No importa que Demetrio Castillo, Enrique Loynaz, Manuel Martell y otros oficiales mambises coincidieran en que Gómez condujo aquel combate de manera irracional.

El jefe español de operaciones en Dos Ríos, coronel José Ximénez de Sandoval, argumentó que Gómez “fue el único responsable de la muerte de Martí, y si un consejo de guerra le hubiera juzgado, así lo habría estimado, por no saberse imponer a Martí, atacar a ciegas y dejar hacer a sus subordinados cuanto les vino en ganas”. La historia oficial resuelve todo con que el mayor general José Martí salió a pelear y la Historia quiso que del bando cubano muriera, en aquella escaramuza insignificante, ya solo “el que no debía morir.”


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