Actualizado: 30/03/2020 11:16
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Batista, Castro, Insurrección

Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

Tal como el embargo comercial y financiero de Estados Unidos hoy no determina la crisis permanente de la economía socialista, el embargo de armas ayer no decidió la guerra civil

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El 12 de marzo de 1958, el embajador americano Earl Edward Tailer Smith (Foto) comunicó al general presidente cubano, Fulgencio Batista, que revolucionariamente USA no entregaría más armas a su gobierno. Ni siquiera unas que venían en camino. El presidente de Cubana de Aviación y de no se sabe cuántas empresas más, José López Vilaboy, quien alardeaba de ser uno de los pocos que se atrevía a dar consejos a Batista, recomendó contrarrevolucionariamente adquirir armas en Israel a través de un banquero vecino del Norte, pero Batista comisionó cinco millones de pesos a otro intermediario para comprarlas en Suiza.

Tientos y diferencias

Vilaboy apuntaría: “En esa operación de las armas no supimos nunca quién engañó a quién. Lo cierto es que el dinero se quedó en Suiza o en algunos bolsillos y las armas que mandaron no servían para nada (…) Así hacía Batista las cosas, por el camino más malo, por el más riesgoso, pero que él controlara personalmente y Ie produjera beneficios económicos” [1]. Fidel Castro dio otra versión en carta confidencial: “La compra de equipos a Israel ha sido impedida por nuestros amigos en el extranjero, después de estar depositado ya un millón de pesos; [y] el gobierno se ve obligado a adquirir armas sin autorización como vulgar contrabandista” [2].

Para 1960, Smith declaraba ante subcomité del Comité de Asuntos Judiciales del Senado (USA) que la administración Eisenhower había persuadido a gobiernos aliados de no vender armas a Batista. Sin embargo, los dictadores Anastasio Somoza Debayle (Nicaragua) y Rafael Leónidas Trujillo (República Dominicana) desoyeron a Washington. El general batistiano Francisco “Silito” Tabernilla, por ejemplo, consiguió con Somoza 30 tanques T-17, 90 ametralladoras, un millón de balas calibre 30 y 16 mil balas para cañón de 37 mm, así como bombas de napalm.

Desde su primera protesta contra el embargo de armas, el 17 de marzo de 1958, Batista echó la culpa a la Casa Blanca por los avances militares de Castro. Sin embargo, el gobierno de Estados Unidos no era ni sería jamás responsable de que las fuerzas batistianas abandonaran armas que iban a parar a manos del Ejército Rebelde, por ejemplo: 2 tanques de guerra, 2 morteros, 2 bazucas, 12 ametralladoras con trípode, 142 fusiles Garand y así hasta más de 600 armas con 100.000 balas y cientos de proyectiles de cañón, mortero y bazuca, que fueron ocupadas al fracasar la ofensiva de verano [24 de mayo-6 de agosto de 1958] del ejército batistiano.

Después del fracaso de esta ofensiva, “Batista estará perdido irremisiblemente” [3], rezaba una instrucción de Castro a principios de julio con destino a sus jefes de columnas guerrilleras. Y por ser realmente así, no por falta de armas, el cónsul norteamericano en Santiago de Cuba, Park Wollam, sugirió en agosto al general Eulogio Cantillo, jefe de operaciones en Oriente, que entablara conversaciones con Castro.

Novela ejemplar

Tal como el embargo comercial y financiero de USA hoy no determina la crisis permanente de la economía socialista, el embargo de armas ayer no decidió la guerra civil. Quizás el ejemplo más ilustrativo sea el breve encuentro entre Che Guevara y Joaquín Casillas, jefe del regimiento Leoncio Vidal (Santa Clara), durante breve tregua el primero de enero de 1959 por la mañana:

—Coronel, vengo a pedirle que se rinda para evitar más derramamiento de sangre.

—Comandante, mientras yo tenga una bala no me rindo (…) Voy a convertir a Santa Clara en polvo (…) Con las armas que yo tengo usted no puede vencerme.

—Coronel, usted tiene las armas, pero ya no tiene quién las empuñe.

A la postre, el coronel Casillas tuvo que salir espantado del cuartel y terminó siendo capturado en el central Washington. Aquí logró entrevistarlo el fotorreportero Martín Lliraldi (Prensa Libre), quien formuló esta pregunta de rigor:

—¿Por qué, siendo ustedes superiores numéricamente y con mejores armas, perdieron la guerra?

—Eso sucedió simple y sencillamente porque la moral de nuestro ejército estaba a la altura de mis zapatos.

Dizque el coronel Casillas fue trasladado a prisión en Santa Clara y al ser conducido ante los jueces para consejo de guerra sumarísimo, intentó desarmar a un escolta y recibió el balazo que lo salvó del paredón [4].

Ironía historiográfica

Precisamente el 12 de marzo salió el llamamiento a la huelga general firmado por Castro, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas Rebeldes, y Faustino Pérez, como Delegado de la Dirección Nacional del MR-26-7. Aunque no se especificó fecha, se plantearon exigencias como paralizar el transporte y dejar de pagar al fisco, las cuales se debían cumplir del primero de abril en adelante para ir entrando paulatinamente en la huelga general. Esa estrategia de paro nacional gradual fue replanteada por Jorge Luis García Pérez (Antúnez) desde la Casa Bacardí (Miami) en agosto de 2013, pero todavía no se sabe pa’cuando el paro llegará a general.

El fiasco resultante del 9 de abril de 1958 parece confirmar, como subrayó el historiador Sergio López Rivero, que a Castro “le sentaban bien las caídas”. El Dr. López Rivero puntualiza que:

  • La fecha escogida estaba más relacionada con el derrocamiento del dictador venezolano Marcos Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958, que con la situación interna en Cuba
  • La convocatoria nada tuvo que ver con el embargo de armas, que vino a conocerse oficial y públicamente el 28 de marzo de 1958
  • La responsabilidad del fracaso suele atribuirse a la guerrilla urbana [El Llano], pero fue compartida indefectiblemente Castro como jefe de la guerrilla rural [La Sierra]

Al empatar este fracaso con la caída de Machado el 12 de agosto de 1933, Castro sacó una lección que más de dos décadas después impartiría al general y premier polaco Wojciech Jaruzelski, quien vacilaba en decretar ley marcial ante la amenaza de huelga general por el sindicato independiente Solidaridad: “No se debe temer a las huelgas, ya que por sí mismas no son capaces de tumbar gobierno” [5].

Es curioso que el MR-26-7 excluyera del ademán huelguístico del 9 de abril de 1958 a los comunistas cubanos, a pesar de su relativo arrastre en el movimiento obrero. Sin embargo, la causa eficiente no parece radicar en el anticomunismo de los líderes del Llano, sino más bien en el juego maquiavélico de Castro, quien para cimentar su hegemonía política dejó fuera a la vieja guardia comunista incluso en el Pacto de Caracas, de 20 de julio del año 1958, pero no vacilaría en manejarla a su antojo para garantizar el sostén del bloque soviético en “una guerra mucho más larga y grande” [6].

Coda

Queda pendiente explicar por qué, después de la derrota aplastante de abril en el Llano, el MR-26-7 asestó en el verano el golpe decisivo al batistato, con la victoria militar en la Sierra que allanó el camino de Castro al poder político dictatorial.

Notas

[1] Cf.: Motivos y culpables de la destrucción de Cuba, Editora de Libros Puerto Rico Inc. (1973), 332. Vilaboy agrega que las filtraciones en torno al embargo de armas demostraron que Castro tenía espías y confidentes en las embajadas tanto de Cuba en USA como de USA en Cuba.

[2] Véase la carta de 10 de septiembre de 1958 en que Castro insta a cambiar de casaca al coronel batistiano Raúl Corzo Izaguirre, quien mandaba uno de los 14 batallones en la ofensiva de verano de 1958. Castro no logró convencerlo; al triunfar su revolución, la carta apareció en una caja fuerte de Batista.

[3] Y la luz se hizo…, Cooperativa Obrera de Publicidad (1959), 22.

[4] Cf.: Bohemia, Sección En Cuba, “Las Villas”, 11 de enero de 1959, 117 s.

[5] Cf.: Andrew, Chirstopher y Vasili Mitrokhin: The World Was Going Our Way, Basic Books (2005), 126.

[6] “La guerra que voy a echar contra ellos [los americanos, porque] ése va a ser mi destino”. En carta a Celia Sánchez (Sierra Maestra, junio [ilegible] de 1958).


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