Actualizado: 22/09/2020 8:54
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Fusilados, Contrarrevolución, Miami

Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

De fusilamientos, condenas y contrarrevolucionarios

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El 7 de mayo de 1991, las autoridades cubanas anunciaron la ejecución, sin precisar fecha, de Joaquín Dueñas Carbonell, convicto de asesinar a dos policías. Había sido arrestado el 27 de diciembre de 1990, en Santa María del Rosario (Cotorro), bajo sospecha de robo con fuerza. Fue conducido sin esposar y en la perseguidora agarró el arma del chofer, Víctor Linares, a quien baleó de muerte junto con el suboficial Miguel Frómeta.

Ningún fusilamiento se había noticiado desde el asesinato judicial, el 13 de julio de 1989, del general del MINFAR Arnaldo Ochoa y su ayudante, capitán Jorge Martínez, junto con dos altos oficiales del MININT: el coronel Antonio de la Guardia y el mayor Amado Padrón.

Al mes siguiente de la ejecución de Dueñas Carbonell, Granma fue autorizado a informar que habían fusilado al reo Jorge Luis González Noroña, sancionado a pena capital el 1 de octubre de 1990 por estrangular a tres mujeres luego de fugarse de la prisión. No se tendrían noticias de otro fusilamiento hasta el 20 de enero de 1992.

Rescate

Ese lunes Eduardo Díaz Betancourt debió de ir al paredón, tras haber sido capturado el 29 de diciembre de 1991, junto con Daniel Santovenia y Pedro de la Caridad Álvarez, en movida de infiltración que principió con un yatecito en Cayo Maratón (FL) y prosiguió con botecito de motor hasta la ensenada de Júcaro, al oeste de Cárdenas.

En causa por terrorismo, sabotaje y propaganda enemiga, el trío fue juzgado durante siete horas en la Sala de Delitos contra la Seguridad del Estado del Tribunal Provincial de Ciudad de La Habana. El fiscal actuante, José Luis Toledo Santander [1], solicitó la pena de muerte para todos y así falló la sala juzgadora. Sin embargo, el Tribunal Supremo conmutó en apelación la pena máxima de Álvarez por 30 años e igual suerte correría Santovenia en el trámite de última instancia del Consejo de Estado [2].

Un grupo exiliar que se denominó Rescate informaría —en comunicado de estreno por facsímil a la agencia AP en Miami— que los tres comandos eran suyos y su acción redentora marcaba el (re)inicio de la guerra contra Castro dentro y fuera de Cuba. Así mismo advirtió que, si eran fusilados, Rescate tomaría represalias contra todo representante de Castro y llevaría a cabo sabotajes por todo el mundo contra empresas vinculadas al régimen.

Guirigay

También el Directorio Insurreccional Nacionalista y la Asociación Combativa Ideológica de Ex Prisioneros Políticos se atribuyeron la infiltración, pero el indicio más racional apuntaba hacia los Comandos L, que emprendían su renovación [3] y para el 7 octubre del 1992 ametrallaban el hotel Meliá de Varadero.

Al ser entrevistado por la televisora WPLG en Miami, un hermano de Álvarez declaró saber que Pedro de la Caridad entrenaba con un grupo anticastrista en los Everglades y agregó no saber nada sobre la incursión por Cárdenas, pero aclaró: “I personally don’t think that he would go out and do it on his own. Someone must have made him go”.

Unos doscientos manifestantes, con carteles y banderas de Cuba y USA, se congregaron en la Pequeña Habana y por la Calle Ocho pasaron autos sonando sus bocinas en solidaridad con los comandos. Sin embargo, la gritería mayúscula se armó cuando Díaz Betancourt compareció por la TV oficial cubana para confesar su delito. Rodó entonces el enésimo episodio del infiltrado de Castro como el misterio que nos acompaña en toda organización en contra suya.

Díaz Betancourt, ingeniero industrial, había salido de Cuba ilegalmente hacia marzo de 1991 y contactó con grupos beligerantes para volver en son de guerra. Al ser capturado nada más que desembarcó y largar por TV hasta que USA se hacía de la vista gorda con los entrenamientos paramilitares de los exiliados, la gritería coincidió en que se trataba de otra treta de Castro.

La Comisión de Derechos Humanos y de Reconciliación Nacional (CDHRN) atizó la candela con que Díaz Betancourt traía una lista de direcciones y en ella la casa de Sebastián Arcos Bergnes aparecía con el mismo error [Calle Quinta, en vez de Calle Quintana] que ya constaba en una vieja citación de la policía.

Paradójicamente, el Consejo de Estado dio luz verde tan sólo a la ejecución de Díaz Betancourt con la monserga acompañante de que Cuba enfrentaba desafío de vida o muerte y aplastaría “todo intento de la contrarrevolución por levantar la cabeza”. El siguiente episodio de la telenovela exiliar sería que no se sabe bien si Díaz Betancourt entró o no al camposanto.

Al mes de anunciarse el fusilamiento del jefe de la infiltración, la exfiltración fallida del 9 de enero de 1992 por la base náutica de Tarará desembocaría en el fusilamiento de Luis Miguel Almeida y René Salmerón, quienes habían liquidado a dos sargentos de la policía, un soldado de Tropas Guarda Fronteras y un guardia del Cuerpo de Protección y Vigilancia (CVP).

Coda

La transmisión continua por televisión, radio y prensa plana de los 37 días de agonía del sargento Rolando Pérez Quintosa propició que la cubichería denominara Pérez Quintosa a los pollitos que, como paliativo del llamado período especial, se distribuyeron por la libreta para criarlos en casa. Fidel Castro subiría la parada con la reinvención de la chiva [4].

Notas

[1] Actual presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales y Jurídicos de la Asamblea Nacional. Hacia 1994 cambió de palo de Vicefiscal General de la República pa’rumba de Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Ya no lo es, Gott sei Dank.

[2] Álvarez y Santovenia serían excarcelados tras cumplir 25 y 27 años, respectivamente.

[3] Oropesa Duarte, José: Historiología cubana, Ediciones Universal (2003), 403 s.

[4] “Nosotros hicimos un experimento, en el cuarto de una casa, utilizando la luz eléctrica, sobre cuánta leche se podía producir por metro cuadrado (…) ¡No se sabe lo que da la vaca!” (Biografía a dos voces, Debate, 2006, 327).


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