Actualizado: 19/01/2021 21:47
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Revolución, Castrismo, Oposición

Efemérides de la Contrarrevolución Cubana

Del modo más natural falleció el dictador a los 90 años, luego de pasar 10 de convalecencia sin dejar de ejercer el poder

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El 31 de diciembre de 2000, el periodista Pablo Alfonso (El Nuevo Herald) noticia al exilio que el castrismo ha lanzado una ofensiva ideológica para afincarse y perdurar más allá de los Castro. Fidel espetó: “No hay fuerza ni en la mente ni en el brazo del imperio [USA] para aplastar esta revolución”. A la vuelta de dos décadas, si había realmente tal fuerza no surtió efecto.

El régimen desató aquella ofensiva agarrándose de que el Consejo de Relaciones Exteriores, con domicilio social en Thinktanklandia, había sugerido a la Casa Blanca ser más flexible con Cuba en comercio y turismo, a la vez que apoyar más a la disidencia u oposición y al incipiente sector privado. Granma fue autorizado a largar la interpretación delirante de que así USA buscaba que la contrarrevolución interna diera algún “pretexto para una acción bélica”.

Sabiduría académica

En la Universidad de Miami, el director de su Centro de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos (ICCAS), Jaime Suchlicki, advirtió “que dentro de las altas esferas del Gobierno y del Partido Comunista hay un gran escepticismo sobre el futuro del régimen”. No aclaró cómo se había enterado sin tener acceso a esas esferas por ningún lado, pero dedujo que así era porque “importantes funcionarios tienen a su familia y a sus hijos viviendo ya fuera del país”.

En la Universidad Internacional de la Florida (FIU), la profesora visitante Marifeli Pérez-Stable demostró ser también especialista en asuntos cubanos al predecir: “Habrá un Cuba más allá de Castro y también un régimen de sucesión, relativamente temporero, que llevará al país por otros caminos más democráticos (…) La política del país fluirá en el futuro de modo más natural, sin la interferencia personal de Castro”.

Sabiduría de la calle

Del modo más natural falleció el dictador a los 90 años, luego de pasar 10 de convalecencia por sirimba intestinal sin dejar de ejercer el poder. Aunque no tenía atributo formal de mando sí tenía a su hermanito al mando. Ahora el castrismo se adentra más aún en su sexta década con disentería legislativa [1] y sin necesidad de jefes de Estado y Gobierno con apellido Castro. Entretanto lidercillos opositores y tanques y tanquetas dizque pensantes del anticastrismo tardío prosiguen desfogándose en quejas y críticas tan sexagenarias como el propio castrismo, pero sin precisar ni por asomo cómo se lavaría esa mancha en el expediente de la nación.

Al parecer el ciclo nacional abierto por el caudillismo politiquero de ralea mambisa hasta Machado y seguido por el caudillismo militarista de Batista quedó cerrado por el caudillismo politiquero y militarista de Castro [2]. Aparte de por esta tríada hegeliana, la longevidad del castrismo se explicaría por ser la guerra rasgo esencial del fenómeno histórico denominado revolución cubana. Castro ganó las guerras civiles contra batistianos y alzados, amén de la guerra contra la CIA y el exilio. Por eso hizo con su revolución en la paz lo que le dio la gana, como aplastar y engañar, embarcar y amargar a millones de cubanos.

Y por ser el único exiliado en la historia de Cuba que regresó en zafarrancho de combate y tomó el poder, su carro de guerra continúa por inercia. Sobre todo, porque la gente no tiene otro al cual subirse rumbo a la victoria, aunque pasen muchos carros bonitos sonando el claxon de libertad, democracia y derechos humanos.

Quizás la nueva clase políticamente rectora resulte hasta peor que la vieja guardia, que no tenía que probar nada: hizo la revolución fidelista e impuso el régimen dictatorial de partido único. Ante el fantasma de esa revolución, aquella clase está forzada a inventarse una historia y por eso Díaz-Canel profirió ya que “cada cual tiene su Moncada”. Así pretende aliviar la tensión sociohistórica de una elite criada detrás de algún buró y fogueada en unidades militares que hace rato no escuchan al combate corred en serio [3]. Quizás acabe promoviendo cambios bajo la influencia de Washington, tal como el jefe de la SINA sugirió a Obama en 2009, o a lo mejor la caldera del diablo popular revienta, pero todo indica que el tardocastrismo no fenecerá por obra y gracia de la presente oposición, sino más bien del futuro aburrimiento.

Purgante ideológico

A la vuelta de tantos años continúan pendientes las dos vías lógicas de medio a fin para resolver el problema cubano: otra buena guerra civil [o su equivalente utópico de la revuelta popular abrumadora sin balas] o votaciones con casi todos y para el bien de casi todos en contra del gobierno. Sólo que el problema cubano son los cubanos mismos.

Eso que llaman pueblo de Cuba y suelen vestir como amante de la libertad y la democracia en tiendas de ropa politiquera de Miami y Washington, Madrid y Bruselas, ni siquiera vota masivamente contra el gobierno dictatorial, algo que sólo exige meterse en un probador político y empuñar un lápiz. Tampoco es probable que despierte en revuelta crucial ni mucho menos alzados en armas. Por ninguna pasión anticastrista llegarán los cubanos a la guerra, porque saben muy bien que morir por la patria no es vivir.

La gente no sigue ni seguirá de verdad a Díaz-Canel ni a ningún dictadorzuelo que venga detrás en comparsa al ritmo del Buró Político, pero tampoco a ningún insiliado como José Daniel Ferrer (u otro) ni a ningún exiliado como Orlando Gutiérrez (u otro) por mucho que unos u otros se vendan por ahí como Martíes resurrectos.

Coda

Antes que seguir alucinado con que el año que viene Cuba será libre, la lógica de las decisiones o razón práctica aconseja librarse del tardocastrismo yéndose de la Isla de Cuba pintoresca. El “Cuba se fue a la mierda” del sabio de la calle Juan Pin Vilar actualizó en 2020 el “A Cuba le tocó perder” que el erudito Justo Carrillo había soltado en 1993.

Notas

[1] En una sola edición extraordinaria de la Gaceta Oficial [No. 68, de 10 de diciembre de 2020] se bajaron 8 Decretos-Leyes del Consejo de Estado más 3 Decretos y 3 Resoluciones del Consejo de Ministros. Siguieron 75 normas más en cuatro ediciones extraordinarias: 22 Resoluciones del MFP, 2 Resoluciones Conjuntas MFP-MEP, 20 Resoluciones del MTSS, 11 Resoluciones del MINCIN, 9 Resoluciones del MINCOM, 1 Resolución del MINCONS, 2 Resoluciones del MINSAP, 1 Resolución de AGR y 7 Resoluciones del BCC. Para el período 2021-22 se tiene previsto que la Asamblea Nacional evacue 25 leyes y el Consejo de Estado, 29 decretos leyes. Los legisladores cubiches aplican la técnica del salami, a diferencia del Congreso de USA, que en longaniza de 5.593 páginas sin tiempo para leerlas acuerda una ley que reparte $900 mil millones para aliviar la crisis provocada por covid-19 y tupe a los ciudadanos americanos con que cada uno recibirá $600, sin decirles que $500 millones se adjudican a Jordania para su seguridad en la frontera con Siria, nada menos que con un murito de 275 millas, mientras otros $250 millones se regalan con igual propósito a Líbano, Egipto, Túnez y Omán; $231 millones van al pago de la deuda nacional de Sudán, $33 millones a programas de democracia en Venezuela, $10 millones a programas de género en Pakistán y así otros tantos a tantas partidas de ayuda foráneas de USA como si 100 millones de personas no estuvieran fuera de la fuerza laboral, uno de cada seis restaurantes no hubiere cerrado y el sector de comercio minorista no se hundiera en bancarrotas.

[2] La primera república poscolonial (1902-33) no cuajó en orden democrático multipartidista, sino en desorden caudillista de múltiples partidas. Tenía que desembocar en una dictadura [Cf.: Lamar Schweyer, Alberto: Biología de la democracia, Editorial Minerva (1927), 91-95]. Cupo la honrilla al general Gerardo Machado, quien gobernó ocho años y un tilín. Luego un sargento llamado Batista se acopló inteligentemente con la embajada americana para gobernar —siendo ya coronel— unos siete años y pico detrás de figurines presidenciales, hasta que se le ocurrió urdir la democracia. La segunda república (1940-52) parió la constitución formal dizque más avanzada de mundo, pero el traspaso pacífico y sin fraude del poder, que debía ser la regla, fue tan excepcional en 1944 que los comicios pasaron a la historia como Jornada Gloriosa. Le siguió la corrupción más desvergonzada y el mártir inútil de vergüenza contra dinero engendraría el mito de que su Partido Ortodoxo iba a ganar las elecciones y por eso Batista —ya general— dio el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952. Sólo que este madrugonazo fue aceptado por la sociedad civil, las fuerzas vivas y la madre de los tomates. Batista se afincaría en el poder casi siete años más hasta sucumbir por impericia política y militar frente a un caudillo que vino a ejercer la dictadura por tanto pero tanto tiempo que hablar de transición democrática en Cuba es una broma colosal. Sólo cabe tabula rasa y volver a empezar, sin que nadie sepa cómo.

[3] La nueva clase rectora bebe “la miel del poder por el cual no conocieron sacrificio alguno” y por ello los Castro decidieron limitar las jefaturas de Estado y Gobierno a diez años para que nadie se crea otro Fidel.


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