Actualizado: 24/11/2017 16:37
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Río, Olimpiadas, La denuncia de hoy

“El caso del excubano Orlando Ortega”

La acción del deportista a la hora de proclamar el triunfo, cuando se envolvió en una bandera española, provocó la ira del director de Cubadebate

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Este muchacho que dirige el programa la Mesa Redonda, de la televisión cubana, y quien asimismo es el director del diario cubano-comunista Cubadebate, es algo muy serio.

Es decir, de armas tomar. Un tipo propenso a raptos de furia que lo llevan a despotricar contra quien se atreva a diferir, siquiera en lo más mínimo, de la Revolución cubana.

Yo le tengo un miedo que me micciono cuando pienso en que algún día la emprenda contra mí.

Randy Alonso se llama. Quizás ustedes hayan oído hablar de él.

Tremendo el Randy. Si bien creo que en ocasiones peca por exceso. A veces uno no sabe si está defendiendo a su Revolución o está yendo contra ella cuando, por ejemplo, con tesón sumo, ametralla contra los “reaccionarios”.

Pues sí..., si vamos a un diccionario, “reaccionario” resulta aquel o aquello que se opone al cambio, a cualquier innovación.

Ah... qué Randy este, en estos lances, por su insistencia tanta, piensa uno que él les está jalando las orejas a la “dirigencia histórica” de la Revolución: paralizada en la década de 1960, igualita en su hacer y decir, ni siquiera con maquillaje nuevo.

Vehemente el Randy. Tanto que cuando uno lo escucha o lee lo que ha escrito —su pasión en este caso, en el de la escritura, es tanta, que tal parece que las palabras nos están gritando— nos llega a la memoria, sin el más mínimo esfuerzo, aquella máxima del maestro Vladimir Ilich: “Quítele la piel a un extremista y verá que debajo hay un oportunista”.

Frenético Alonso. Tanto que en mi opinión la dirigencia de la Revolución se hace un flaco favor al otorgarle recursos y voz a una persona así. Puesto que por lo general, a la hora de la hora, resultan muy vulnerables, sobre todo porque la lengua los traiciona.

Si no lo creen, miren este ejemplo.

En días pasados, en la Mesa Redonda (la única mesa redonda en el mundo en la cual todos los participantes piensan lo mismo), sin más ni más, Randy el efusivo le metió mano al deportista cubano exiliado en España, Orlando Ortega.

Ortega, corredor de los 110 metros con vallas, ganó la medalla de plata en la Olimpiada que se acaba de celebrar en Río de Janeiro y, a la hora de proclamar el triunfo, se envolvió en una bandera española, no en una cubana que alguien cerca de él le ofreciera.

Lo antes relatado enfureció a Randy Alonso. Y así fue a parar a otro de sus despropósitos: llamó a Orlando Ortega “excubano”. “El caso del excubano Orlando Ortega”, dijo, con la hiel mordiéndole la garganta, el iracundo Randy.

Un despropósito, decía, porque el Gobierno de la Isla no reconoce la doble nacionalidad. Y reza en el Artículo 32 de la Constitución socialista que quien “adquiera una ciudadanía extranjera, perderá la cubana”.

Así, el Randy, presa de la obnubilación que lo caracteriza, olvidó que tanto el destacado corredor Orlando Ortega, como yo y dos y medio millones más de cubanos que andan por el mundo “guapeando sin recoger cabos”, somos, porque así lo determinó la Revolución cubana, “excubanos”.

Valdría enfatizar que no tenemos ningún derecho como ciudadanos cubanos, ni siquiera a que la embajada que debería representarnos nos facilite un ataúd de cuarta categoría llegado el momento, y sin embargo, aquellos de nosotros que puedan viajar a la Isla, están obligados a hacerlo con pasaporte cubano (por cierto, caro, pero muy caro). Vaya, qué cosa tan rara...

Bien, de cualquier manera no está de más darle un consejo al furibundo Randy: chico, dale suave, cuídate, mira que necesitamos que estés bien: esperamos de ti no menos de 20.000 mesas redondas más.

Cuídate. Cuídate. Serénate.


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