Actualizado: 01/06/2020 20:01
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Reportaje

El censo de Oz

Encuesta nacional de población: Vivienda, espectro racial y situación económica destapan las contradicciones de las estadísticas.

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Los números han hablado, aunque parezcan sacados del mundo de Oz. Con tres años de retraso, los resultados definitivos del Censo de Población y Viviendas de 2002 han provocado diversas reacciones: no sólo en el mundo académico cubano, sino entre la gente de a pie que no da demasiado crédito a lo que lee a toda página en la prensa oficial.

"Es como si estuvieran hablando de otro país", relata incrédula una habanera de 53 años, que vive en un apartamento del Cerro junto a sus tres hijos, su esposo, su madre y un primo. Todos en el espacio de dos habitaciones y una típica barbacoa.

Los datos sobre el estado de la vivienda en la Isla parecen haber satisfecho sólo a las autoridades. En declaraciones al diario Granma, José Luis Rodríguez, ministro de Economía y Planificación, dice que "los resultados de la investigación validan los logros de la revolución". Por su parte, la agencia oficialista Prensa Latina concluye que como "el 99,8 por ciento de las personas habita en viviendas particulares", esto significa la "ausencia de hacinamiento por el ritmo constructivo de inmuebles y la contracción de la población".

La Habana se ufana por estos días de contar con un promedio de 3,16 personas por unidades de alojamiento. Puestos a comparar, la cifra parece tendenciosa. Según el último Censo de Población de España (2001), este país —europeo y desarrollado— exhibe una media de 2,9 habitantes por vivienda. Una cifra verosímil, si además se tiene en cuenta que, según datos del Ministerio español de la Vivienda, hay tres millones de casas vacías. ¿Tan cerca está la Isla de solucionar sus problemas de vivienda?

Choque de datos oficiales

El economista Oscar Espinosa Chepe, encarcelado en 2003 por "criticar de forma no objetiva la situación económica y social" de la Isla, recuerda que un informe reciente del Instituto de la Vivienda había planteado que "más del 43%" de las casas cubanas estaba en muy malas condiciones.

"Habrá que ver cómo concuerda esto con los datos del censo. Las poquísimas cifras que conocemos, aparecidas en Granma, ofrecen datos sobre la vivienda que son contradictorios con lo que las estadísticas oficiales estaban publicando sobre la construcción de nuevos asentamientos poblacionales", agregó Espinosa Chepe a Encuentro en la Red.

El economista considera que la aseveración de que no hay hacinamiento "se contradice con lo que todos estamos mirando aquí en Cuba y con lo que muchos dirigentes han planteado, como el doctor Carlos Lage, sobre que la vivienda es uno de los problemas más graves que tiene el país".

Las cifras de la investigación, según un análisis del diario oficialista del Partido Comunista de Cuba, indican que en 2002 residían de forma permanente en el país 11.177.743 habitantes y que, en total, entre los dos últimos censos, la población creció en 1.454.138 habitantes y las unidades de alojamiento en 1.165.854, "lo que muestra una relación de 1,25 habitantes por unidades de alojamiento".

Para el economista exiliado Elías Amor Bravo, los datos del censo muestran un patrimonio de viviendas relativamente antiguo, ya que "el 20% tiene una edad anterior a 1959, y si se descuenta el número de viviendas de las que no se tiene fecha conocida, estamos ante un 33%".

Si se toman al pie de la letra los números censales, la conclusión es que la tercera parte de las viviendas fue construida antes de la revolución.

Durante su alegato judicial posterior al asalto al cuartel Moncada, conocido como La Historia me Absolverá, Fidel Castro calificó de "grave" la situación de la vivienda y criticó la existencia de 200.000 bohíos y chozas en la Cuba de 1953.

Según el nuevo censo oficial, casi cincuenta años después de la denuncia de Castro, en la Isla se contabilizan aún 127.417 casas con paredes de yagua o tabla de palma, de las cuales casi 36.000 fueron construidas en pleno 2002. La investigación gubernamental evita mencionar la palabra "bohío" y utiliza otros eufemismos, como "paredes de yagua" o "pisos de tierra".

"Llama la atención que el 98% de las viviendas de paredes de yagua o tabla de palma se han construido después de 1959, lo que confirma la escasa atención que el régimen ha dado a la vivienda, sobre todo en zonas rurales", significa Bravo.

El economista afirma que frente a este dato, "contrasta la calidad de las construcciones antes de la revolución. Hasta 1959, el 83% de las viviendas construidas se hacían con paredes de hormigón y mampostería. En cambio, a partir de esta fecha, este mismo porcentaje sólo es del 61%". Concluye que el parque habitacional de la Isla está "envejecido, es de mala calidad y no reúne condiciones adecuadas para satisfacer la demanda de 11 millones de personas".


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