Actualizado: 21/11/2018 18:34
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Constitución, Referendo, Martí

El Cinco y la unidad nacional

La relación entre la unidad de la nación y el partido único está desmentida por la teoría política y la historia es tajante contra esa creencia

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En el torrente de propaganda por la “nueva” constitución entre los principales argumentos para justificar la aberración del “partido único” están: José Martí fundó un solo partido para hacer la independencia y la supuesta unidad de la nación. Veamos.

El Apóstol exiliado durante 14 años en Estados Unidos organizó desde allá el Partido Revolucionario Cubano a partir de los clubes revolucionarios existentes, en Cuba y en el exilio. Simultáneamente coexistían varios partidos o grupos de opinión: integristas (querían mantener la unión con España); reformistas (lo mismo con reformas más o menos profundas); autonomistas (consideraban peligroso en el contexto geográfico una independencia prematura); anexionistas (escasos luego de la derrota de los estados esclavistas en la guerra civil estadounidense).

En esas tendencias no independentistas militaron cubanos insignes: José Antonio Saco, Cirilo Villaverde, Enrique José Varona y muchísimo más. Los que vivieron hasta la independencia colaboraron destacadamente con la república por lo general.

La relación entre la unidad de la nación y el partido único está desmentida por la teoría política y la historia es tajante contra esa creencia.

Durante la Primera Guerra Mundial triunfaron las democracias multipartidistas: Reino Unido, Francia, Estados Unidos más Japón e Italia, en esa época Estados democráticos. El Imperio Zarista, que comenzó la guerra en esa alianza se derrumbó durante esta, pasó al bando de los perdedores formado por el Imperio Alemán y el Austrohúngaro a los cuales se unieron el Imperio Otomano y el Reino de Bulgaria.

En la Segunda Guerra Mundial lo mismo, esta vez con la Unión Soviética (aliada de la Alemania Nazi al principio) como única excepción del bando democrático.

Durante esas guerras en las democracias los ciudadanos y parlamentos debatían libremente, los medios informaban variadamente según sus tendencias, el poder ejecutivo administraba y conducía las acciones bélicas, los tribunales funcionaban independientes y los soldados morían por la Patria y la Libertad, mientras en los Estados absolutistas y totalitarios la gente moría por el Führer, el padrecito Stalin o por el Emperador (cualquiera de ellos). La victoria de los primeros resultó irrebatible.

En la segunda mitad del Siglo XX la gran confrontación fue la Guerra Fría. Por un lado el bando liderado por Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental, Japón, Corea del Sur, China Taipei, Australia, Nueva Zelanda y por el otro la Unión Soviética y sus estados satélites de Europa Oriental, los tres asiáticos y Cuba a partir de 1965.

Impetuoso desarrollo integral para las democracias multipartidistas; para los Estados de partido único o hegemónico paralización del desarrollo socio-económico y finalmente la implosión política y económica en Europa Oriental: la URSS convertida en 15 estados e independizándose sus estados satélites. En Asia mantenimiento de Estados “autoritarios” abiertos al capitalismo.

La unidad nacional se rompe con el partido único excluyente y acaparador del poder del Estado totalitario. Las diásporas rusas y del resto de Europa Oriental; chinas, vietnamitas y norcoreanas lo confirman. Cuba resulta un País demasiado pequeño para renunciar a tantos compatriotas que han aportado a la humanidad y concretamente al país de su residencia abundante riqueza material y espiritual de la cual “el cinco” ha privado a la patria demasiado tiempo.

Decir #NO AL CINCO tan masivamente que resulte inocultable es un pequeño paso que implica decir sí decir a la libertad de opinión, sí al acceso a medios para expresarla, sí a la libertad de asociación, sí al Estado de Derecho, sí al reintegro espiritual, económico, político, familiar y social de la diáspora con la patria, en fin, sí a los cubanos de adentro y de afuera para reconstruir juntos nuestra nación.


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