Actualizado: 17/04/2024 23:20
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Sociedad

El ciudadano no es el enemigo

Las dos caras de la Policía: ¿Es posible combatir la delincuencia común y al mismo tiempo alentar los linchamientos contra la disidencia?

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Un spot publicitario que solían poner en la televisión cubana describía a un niño que camina por la calle con uno de sus padres, y de pronto le suelta la mano para ir corriendo hacia un policía que, de ronda por el lugar, tiene la pose de quien está ahí para mantener la tranquilidad y la paz ciudadanas. Al acercársele, el niño, con imagen alegre, le dice: "¡policía, policía, ¿tú eres mi amigo?".

El mensaje simple y claro es: el policía no es el enemigo; por el contrario, su misión es proteger y servir, como reza el eslogan de la policía norteamericana. Ayudar a una anciana a cruzar una calle peligrosa y detener y apresar al delincuente que agrede y roba a un viandante o transgrede una propiedad ajena.

Hay un mensaje más subliminal en la escena, porque el niño que corre a saludar está vestido de uniforme escolar, pañoleta incluida. Ello sugiere que, el policía, a quien protege es al pueblo, expresado con candidez en ese niño educado y correcto que viene de la escuela donde se está formando para ser un futuro técnico o profesional de la revolución, o un futuro policía encargado a su vez de proteger la tranquilidad de otros niños revolucionarios.

La subliminalidad del mensaje, en este caso, es de orden estrictamente lógico: como se supone que la misión de la policía es la de mantener y preservar el orden atendiendo a la ley, resultaría raro que un spot publicitario destaque esta misión en la figura de un pequeño de uniforme escolar, cuando debería hacerlo con un niño vestido de civil, que es la expresión, en extracto, de la idea del ciudadano con protección policial.

Atendiendo, sin embargo, a la nomenclatura, el mensaje no necesita del código invisible porque la policía en Cuba, además de ser nacional, es explícitamente revolucionaria.

Pero el spot es interesante en la medida en que refleja los dilemas de la policía cubana frente a la noción del ciudadano. El niño que reafirma su amistad con el policía está no sólo reclamando la misma condición revolucionaria para ambos, expresa además la ausencia de problemas, para el policía, con la conciencia autónoma consustancial a la condición de ciudadano. A los niños, aunque la tengan, no se les reconoce autonomía de pensamiento. La edad de la inocencia es entonces algo más que la pintura bucólica y edulcorada de una misión protectora, es también la prefiguración de un conflicto con algunos de esos niños cuando crecen y quieren ser ciudadanos.

Precisamente la falta de entrenamiento cívico de la policía cubana explica por qué en boca de ella la palabra ciudadano tiene una connotación peyorativa y denuncia la presencia de un conflicto.

Dos delincuencias

Ese dilema para la policía cubana se está actualizando con fuerza en estos momentos. Lo dijo, con claridad, un alto oficial del cuerpo a las víctimas-detenidas, durante el violento acto de repudio contra miembros de la revista Consenso. Dicho oficial aclaró, con corrección, decencia y naturalidad, que su deber era proteger a los ciudadanos y también a la revolución.

Frente a la delincuencia común que socava la tranquilidad más los intereses, imagen y bienes de la revolución, la policía actúa con rapidez, determinación y convicción para preservar o restablecer el orden y la paz. No siempre lo logra, pero por razones de capacidad y eficacia.

Frente a la delincuencia política de los "revolucionarios", que ataca los intereses, bienes e integridad de los ciudadanos, la policía vacila, es morosa, mira para otro lado, cuando no se involucra para estimularla y alimentarla.


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