Actualizado: 12/12/2018 10:27
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EEUU, Independencia, Anexión

El comisionado especial (III)

Tercera y última parte de este trabajo

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“…the history that I was being taught in school —this the date,
this is what happened— it’s not history. History is learning about
the psychology of the people who were doing things in the past
and the problems they were having. Why they did it, and what
they were thinking.”
George Lucas (Interview with James Cameron, 2018)

Porter había intentado en sus viajes anteriores lograr una entrevista con el general Máximo Gómez, pero dos razones se lo habían impedido. La primera es que Porter al parecer evitaba establecer contacto en territorios controlado por la fuerzas cubanas y solo se movía a las capitales de provincias como Matanzas y Santiago de Cuba y a localidades importantes como Cienfuegos todas bajo la tutela yanqui. Y por su parte Gómez se había resistido a viajar a La Habana, prefería estar a la espera, en el centro de la Isla, y ejerciendo control sobre las fuerzas cubanas.

En carta al Brigadier General Freire de Andrade le decía:

“Ha pensado Ud. muy bien en que yo no podía, ni debía entrar en La Habana a presenciar la bajada de la bandera española y la subida de la americana, la nuestra es la cubana, la que tantas lágrimas y sangre nos cuesta y la que veremos enarbolada pronto si, unidos, compactos, sin pasiones bastardas y egoístas… nos constituimos para poner coto a esta injustificada ocupación.”

Ya aquí está reflejado su pensamiento sobre la ocupación yanqui, pero esto está mucho más claro cuando en su proclama pública del 29 de diciembre de 1898 desde las cercanías del central Narcisa él define que:

“La cesación en la Isla del poder extranjero, la desocupación militar no puede suceder entretanto no se constituye el gobierno propio del país, y a esa labor es necesario que nos dediquemos inmediatamente para dar cumplimiento a las causas determinantes de la intervención y poner término a ésta en el más breve tiempo posible.

Mas antes es preciso —por el espíritu de justicia que encarnan— y para que el ejército libertador quede disuelto y vayamos todos a formar en las filas del pueblo, como garantía de orden, que se lleven a feliz término las negociaciones comenzadas para satisfacer en la medida de lo equitativo la deuda que con sus servidores ha contraído el país.

Mientras todo esto queda resuelto, guardaré mi situación de espera en el punto que crea más conveniente, dispuesto siempre a ayudar a los cubanos a concluir la obra a que he consagrado toda mi vida.”

Tres temas quedan bordados en estos párrafos, la necesidad de constituir un gobierno del pueblo cubano, es decir, su independencia sin tutelaje u ocupación, la necesidad del licenciamiento del ejercito mambí, y que él se mantiene en la expectativa dispuesto a continuar la lucha. Conoció Porter de esta proclama, difícil es saberlo, pero sin lugar a dudas que algo barruntaba al respecto de estos temas y el punto de vista de Gómez.

El que el generalísimo abordara el tema del licenciamiento no es casual un ejército convertido en parias y mendigos sobre la misma tierra que había conquistado con su sangre. ¿Cómo resume Gómez la situación? En su diario anota:

“Aquí se me ha reunido todo un Pueblo hambriento y desnudo. La situación es por demás aflictiva. Según lo pactado entre España y los Estados Unidos, la evacuación por parte de los españoles se hará despacio y cómodamente, para después ocuparla los americanos. Mientras tanto, a los cubanos nos ha tocado el despoblado y por premio de nuestros servicios, de nuestro cruento sacrificio; el hambre y la desnudez, que hubieran sido más soportables en plena guerra que en esta paz, donde no nos es permitido ostentar laureles tan bien conquistados”

Esta es la situación del ejército mambí, lo cual agobiaba a su General y le hacía temer el desarrollo del bandolerismo, contra el cual había combatido durante la guerra, en su alma pesa con fuerza la terrible situación de las tropas, situación a la que él debe contribuir a darle una solución; sin lugar a dudas frente a Gómez se presenta una disyuntiva difícil ya que como anota en la última página de su diario, el 8 de enero de 1899:

“El día 8, lo hice (entrada) en Caibarién que al igual de Remedios me recibió afectuoso y alegre. Hubo verdadera fusión entre todos los elementos de estos pueblos; política que me prometo acentuar, para salvar a este País, lo más pronto, de la tutela que se nos ha impuesto.

Los americanos están cobrando demasiado caro con la ocupación militar del País, su espontánea intervención, en la guerra que con España hemos sostenido por la Libertad y la Independencia.

(…) La situación pues, que se le ha creado a este Pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía.”

Este es el estado mental de Gómez, necesidad de licenciar al ejército y desconfianza de las intenciones norteamericanas, a esto se le suma sus crecientes dudas sobre cuáles son los intereses que están detrás de las gestiones de la Asamblea y la solicitud de cifras millonarias para producir el licenciamiento[1].

Conocía Porter de estas luchas internas en el campo revolucionario, es lo más probable, él se había entrevistado con decenas de cubanos en sus viajes a Cuba y es posible que no se le escapase esta situación, la cual podía jugar a su favor y a la causa que se le había encomendado.

En la tarde del 27 de enero de 1899 Porter sale rumbo a La Habana había recibido instrucciones directas del Secretario del Tesoro y bajo las sugerencias de este había realizado consultas con el secretario de Guerra, el de Estado y el presidente McKinley, iba a cumplir su misión bien preparado, por otra parte llevaba una carta para el General John R. Brooke gobernador militar de la Isla de Cuba firmada por Rusell A. Alger, secretario de Guerra en la que decía:

“El Sr. Porter tiene toda la confianza del Presidente, quien lo dirige y que cualquier tema que él pueda llamar su atención reciba su atención y cooperación cuidadosa e inmediata.”[2]

Al arribar a La Habana en la mañana del 30 de enero de inmediato se dirigió al general Brooke y le informó verbalmente de su propósito de reunirse con Gómez y ofrecerle personalmente los tres millones que McKinley había propuesto para licenciar el ejército cubano. Además de la carta mencionada le hizo transmitió un memorándum supuestamente entregado al Secretario de Guerra por el coronel Villalón delegado de la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana en la cual se establecía en su punto 2 que se debían pagar $100 por persona como parte del pago de los haberes, y en el punto 3 que las armas deberían ser entregadas a la Asamblea. Es difícil determinar si este documento es un apócrifo[3], pero la cifra de $100[4] quedó grabada en la mente de Porter.

Establecidos los necesarios contactos Porter emprendió su viaje hacia Remedios llevaba consigo una carta de presentación del general Brooke para Gómez y lo acompañaba, a solicitud del mismo Brooke, el teniente Hanna y el capitán J. A. Campbell ambos parte del Estado Mayor, irían como escoltas y lógicamente también como ojos y oídos de Brooke, además en la delegación iba Gonzalo de Quesada que actuaría como traductor, ya que él no representaba a la Asamblea, de la cual había sido destituido, como ya hemos mencionado, y además iba un dibujante, T. Dart Walker que dejaría constancia gráfica del encuentro.

A las 6 de la mañana del martes 31 de enero partió la delegación, el administrador de United Railways of the Havana & Regla Warehouses Ltd, de propiedad inglesa, les ofreció cortésmente un vagón privado en el cual podrían ir hasta el poblado de Santo Domingo de allí la delegación siguió a caballo durante 14 horas hasta el pueblo de Remedios donde fueron recibidos por miembros del Estado Mayor de Gómez y por el mayor John A. Logan y otros oficiales norteamericanos que habían hecho arreglos para su más cómoda estancia.

Gómez había avisado que estaba a pocos kilómetros de la ciudad y que a la mañana siguiente estaría allí para saludar a su amigo Gonzalo de Quesada y darles la bienvenida a los representantes del Gobierno norteamericano; como siempre puntual, Gómez arribó en la mañana, del 1ro de febrero, a caballo y con una escolta de unos cien soldados, invitó a Quesada a desayunar, lo cual aprovecharía para ponerse al tanto de la situación en general y en particular en La Habana, y quedó con Porter en verse al mediodía.

La reunión se efectuó como se había acordado, duró hora y media, y debió ser de extrema intensidad lo cual se refleja en la ilustración que acompaña este trabajo[5], a lo largo de la misma Porter insistió en que Cuba había logrado ya su libertad comercial e industrial y que las tarifas aduanales que se habían establecido por el gobierno interventor la favorecían, por otra parte evaluó lo exitoso de la formación de los gobiernos municipales y provinciales ahora en manos cubanas, sin mencionar la del gobierno de toda la Isla.

Porter lo adula, lo lisonja, le promete, le asegura, le jura y perjura sobre la honestidad de EEUU en los problemas de la independencia cubana, se muestra comprensivo, solidario; pero con mesura y tiento introduce el veneno:

“El Comisario (Porter) dijo francamente al General Gómez que el Presidente necesitaba y tenía la cooperación de todos los interesados en el futuro bienestar de Cuba y su cooperación (el General Gómez) sobre toda las otras, porque el primer problema a enfrentar era el inmediato la disolución del ejército cubano y el regreso de los hombres al trabajo.”[6]

Así quedó planteada la necesidad de licenciar al ejercito mambí para su incorporación a la vida civil y productiva, ofreciendo los tres millones para ser distribuidos a $100 por cabeza a cambio de la entrega de las armas[7], quedó acordado de que ese dinero estaría bajo la supervisión de Brooke con lo cual Gómez estuvo muy de acuerdo, lo cual después le pesaría ya que al finalizar el licenciamiento le devolvió $450 mil dólares a Brooke, y al parecer no se había tomado en cuenta los soldados que por razones personales al terminarse el conflicto habían retornado a la vida civil y los que habían quedado heridos o mutilados. Al intentar recuperar ese dinero la respuesta fue que ya había sido devuelto al Departamento del Tesoro.

La reunión terminó con cierta tensión que rompió toda la aparente cordialidad cuando Porter insistió en que Gómez se radicara en La Habana[8] lo más pronto posible, a lo cual Gomez respondió con brusquedad: “¿Usted duda de mis actividades?” y Porter siempre diplomático le respondió: “Sus enemigos nunca lo hicieron, General, y yo vengo en una misión amistosa”

En la noche se efectuó un acto político en el teatro del pueblo, en el cual la ciudadanía reunida aplaudió el discurso de Gonzalo de Quesada, Gómez compartió su palco con Porter y el resto de la delegación, pero se mantuvo callado, en su discurso de Quesada se refirió a que EEUU no pretendía la anexión de Cuba y sus palabras fueron ovacionadas, según el mismo Porter.

Al finalizar el acto se organizó un baile en honor a los visitantes que Gómez abrió y que duró hasta tempranas horas de la mañana. Gómez así mostraba que los cubanos, incluyendo a sus más fieros guerreros, no desdeñaban las costumbres y otros procederes ajenos a la guerra.

Porter evidentemente telegrafió de urgencia los resultados de su entrevista con Gómez y en respuesta recibió, aun estando en Remedio el siguiente mensaje:

“El presidente envía sus sinceras felicitaciones y gracias por su despacho transmita sus cordiales saludos a General Gómez y su agradecido aprecio al General por el franco y amigable mensaje la cooperación del general Gómez en la pacificación de Cuba será de gran valor para ambos pueblos”[9]

Y lo firmaba John Hay, secretario de Estado.

A su regreso a La Habana Porter recibió los beneplácitos del general Brooke, por los acuerdos alcanzados y se comprometió iniciar el licenciamiento, con la entrega de los dineros acordados, la siguiente semana.

En su fuero interno Porter sabía que su misión estaba cumplida, se iniciase o no el licenciamiento a la semana siguiente, lo que quizás el no imaginase fue lo que ocurrió entre Gómez, o tal vez sí lo sospechaba.

Gómez por razones de sus desavenencias, que ya hemos mencionados, o por no considerarlo necesario, no cumplió, o por lo menos no lo hizo en tiempo o de la forma adecuada no le comunicó a la Asamblea los acuerdo tomados con Porter. Esto llevó que hasta Gonzalo de Quesada que había sido partícipe de los mismo, o más bien testigo, le escribiese el 10 de febrero de 1899:

“Mi distinguido General y amigo:

En vísperas de viaje y sin haber recibido comunicación alguna de Ud. le dirijo estas líneas cumpliendo con Io que juzgo un deber para con nuestra patria e inspirado únicamente en su bienestar.

Muchas y torcidas interpretaciones se Ie han dado a la Conferencia que tuvo Ud. con Mr. Porter. Yo esperaba que Ud. hubiese enviado al Comité Ejecutivo de la Asamblea la comunicación de que es espontáneamente me hablo Ud. en la madrugada en que le dije adiós, “explicando someramente lo que ocurrió”, como Ud. me dijo, a reserva de explicarlo detalladamente de palabra. Y así la Asamblea no estuviera como ha estado y está, hasta ahora, a ciegas, contando únicamente como medio de información con los telegramas y reseñas de la prensa.”

La Asamblea siempre celosa de sus facultades destituyó a Gómez como General en Jefe del Ejército, y a su vez la reacción popular por esta medida llevó a la disolución de la Asamblea.

Porter se debe haber frotado las manos, había sobre cumplido su misión en Cuba, había matado dos pájaros de un solo tiro.


[1] Gómez nunca tuvo buenas relaciones con los gobiernos civiles constituidos durante la lucha armada, sus desavenencias y desconfianza tienen un largo historial y vienen desde la Guerra del 68, aunque con diferentes actores, por ambas partes se habían producido malos entendidos y serias discrepancias, donde unos y otros tenían en ocasiones la razón y en otros ninguno la tenía.

[2]“Mr. Porter has the entire confidence of the President, who directs that any subject he may bring to your attention shall receive your careful and immediate attention and co-operation.”

[3] Genera sospecha que en ese documento aparezca Villalón como secretario de la comisión, lo cual él no era, además fue el que más fuerte habló con Porter en la segunda entrevista en Washington, sin embargo el Gobierno interventor lo nombró en diciembre de 1899 secretario de Obras Públicas. Quedan las dudas de si el memorándum es real, si él actuó por su cuenta o si tenía instrucciones de la Asamblea.

[4] Alrededor de $3.000,00 actuales.

[5] De izquierda a derecha el teniente Hanna escuchando con atención, sentado el general Carrillo del Estado Mayor de Gómez, Gómez en tensión sentado al borde de la mecedora, Gonzalo de Quesada como traductor, Porter y el capitán Campbell, el dibujo refleja incluso que en la cama estuviese colgado el machete de guerra y el sombrero cosas que a Porter le llamó la atención, ¿qué esperaba él del jefe mambí?

[6]“Your Commissioner frankly told General Gomez that the President needed and was entitled to the friendly co‐operation of all interested in the future welfare of Cuba, and to his (General Gomez’s) cooperation above all others, because the first problem to be confronted was the immediate disbandment of the Cuban army and the return of the men to work.”

[7] No todos los mambises las entregaron, por ejemplo, el soldado José Isabel Herrera (Mangoché) el cual aprendió a leer y escribir, y redactó sus memorias de la guerra, que él mismo publicó en 1948 nunca las entregó hasta su muerte en Párraga el 1 de enero de 1956.

[8] El interés de Porter no era casual. Era una forma de alejarlo de los combatientes y por otra parte tenerlo cerca para ejercer, en caso necesario mayor presión.

[9]“Hon. Robert P. Porter, Havana: ‘The President sends his hearty congratulations and thanks for your dispatch. Convey his cordial greetings to General Gomez and his grateful appreciation of the· General’s frank and friendly message. The co-operation of General Gomez in the pacification of Cuba will be of the greatest value for both peoples’”. John Hay, Secretary of State.


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De izquierda a derecha el teniente Hanna escuchando con atención, sentado el general Carrillo del Estado Mayor de Gómez, Gómez en tensión sentado al borde de la mecedora, Gonzalo de Quesada como traductor, Porter y el capitán CampbellFoto

De izquierda a derecha el teniente Hanna escuchando con atención, sentado el general Carrillo del Estado Mayor de Gómez, Gómez en tensión sentado al borde de la mecedora, Gonzalo de Quesada como traductor, Porter y el capitán Campbell.