Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Batista, Grau, Presidente

El general Batista

Batista se dio cuenta de que precisaba consenso más allá de las fuerzas armadas y se metió a populista

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El coronel Batista ascendió a general el 27 de enero de 1942 en virtud de la nueva Ley Orgánica del Ejército y la Marina de Guerra [1]. La virtud radicaba en presentar un retrato escrito del propio Batista como requisito de la máxima graduación militar: “El oficial superior en situación de retiro, que haya ocupado en propiedad la jefatura del Ejército y desempeñe o haya desempeñado la presidencia de la República, figurará en la relación o escalafón especial de oficiales de su misma situación, con el mayor grado o jerarquía reconocido por esta ley”.

No podía ser menos, ya que Batista era el presidente. El 14 de julio de 1940 había ganado las elecciones contra Ramón Grau San Martín por 805.125 votos contra 573.576. Para postularse había tenido que pasar a retiro como militar y encaró así cómo cuadrar entonces el círculo de poder, pues la ley orgánica exigía al menos dos años de servicio como general para ocupar la jefatura del ejército y la Constitución (1940), ocho años después del primer mandato presidencial para ir a reelección.

A fin de que el sucesor de Batista pudiera nombrarlo jefe del ejército hacía falta otro virtuosismo jurídico. La Ley de Retiro de las Fuerzas Armadas agregó en su artículo 48 que “el militar en situación de retiro que ocupe la presidencia de la república no percibirá pensión alguna mientras desempeñe dicho cargo; computándosele el tiempo que lo sirviere como en activo a los efectos de su antigüedad en el servicio”. De este modo el general Batista tendría ya dos años de servicio al concluir su mandato presidencial el 10 de octubre de 1944. La jugada se malogró al superar Grau al candidato batistiano, Carlos Saladrigas, por 1.041.822 votos contra 839.220.

Viraje al populismo

Entre 1934 y 1937, el coronel Batista se había afincado en el ejército y la policía para gobernar detrás de cinco presidentes [2]. Sólo uno —Miguel Mariano Gómez— estuvo legitimado por elecciones, pero Batista logró espantarlo con impeachment antes de la Nochebuena de 1936 [3]. Y para delicia de la Casa Blanca largaría primero que su “idea of order is that of an architect rather than that of a policeman” [4] y después las Líneas básicas del Programa del Plan Trienal, que contemplaban 190 lineamientos de reconstrucción económica y social.

Batista se dio cuenta de que precisaba consenso más allá de las fuerzas armadas y se metió a populista. Desde el sargentazo, casi todas las banderías venían pidiendo asamblea constituyente. Al compás de la buena vecindad con USA, no bastaba reprimir para ejercer el poder de manera sostenida. Y al estancarse el plan trienal por falta de fondos, Batista buscó apoyo popular hasta con el partido comunista [5] y dio luz verde a la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC). Washington invitó al coronel Batista al XX Aniversario del Armisticio (11 de diciembre de 1918) de la I Guerra Mundial. El regreso del “embajador de la buena voluntad y mensajero de la prosperidad” fue apoteósico y los comunistas adelantaron ya los primeros pasquines electorales: ¡Este es el hombre!

En la finca Párraga del presidente Laredo Brú, Batista y Grau acordaron que la verbena democrática sería con elecciones constituyentes primero y generales después. La Asamblea Constituyente enfrentó a los delegados grausistas en mayoría (41) y batistianos en minoría (35) hasta que Batista consiguió que pasaran a su bando los 15 delegados del partido de Mario García Menocal, a cambio de la alcaldía de La Habana para su hijo Raúl y otras concesiones. Al cabo la asamblea parió la Constitución del 40, que el delegado Rafael Guas Inclán resumió así: “Fiel reproducción de una época y de la expresión de los anhelos de Cuba”. Hasta próximo aviso.

Recurva cívico-militar

Las elecciones generales de 1944 fueron limpias, sin coacción del ejército ni de la policía ni de la marina. A eso de las siete de la noche del 1ro de junio, Grau tenía ganada la presidencia y frente a su casa se congregó una multitud, que siguió al Palacio Presidencial a dar gracias a Batista. A poco de abandonar este recinto, Batista salió de gira por Hispanoamérica y recalaría en Daytona Beach (FL).

Grau tenía naturaleza ciclónica [6] y arrasó con el presupuesto de la república. Removió los mandos en las fuerzas armadas y por encima del reglamento nombró general y jefe del ejército a su ayudante, coronel Genoveno Pérez, quien como “Mariscal de Azotea” metió paquete tras paquete de tremendas conspiraciones batistianas, mientras la partida presupuestaria para salvas y prácticas de tiro, por ejemplo, subía de dos mil pesos en tiempos de Batista a doscientos mil.

Fraude, contrabando, pistolerismo y demás virtudes de la administración Grau pasaron al gobierno del sucesor Carlos Prío como carimbas de esa cubichería denominada autenticismo. Nada mejoró al dictar Prío la ley contra el gansterismo. Entretanto el mariscal siguió la rima de que al asumir la jefatura había encontrado “un ejército desmoralizado y en ruinas. Sin cuarteles, sin equipos, sin caballos, sin créditos, sin moral” [7]. Prío atinó a sustituirlo, pero la roncha había crecido mucho. Al recorrer en jeep las posiciones del Campamento Militar de Columbia el 10 de marzo de 1952, Batista no conocía a casi ninguno de los oficiales, clases y soldados, pero todos dieron su respaldo al general golpista.

Aun fuera del país, Batista fue electo senador de Las Villas en 1948 por el Partido Liberal. Regresó a Cuba, visitó a Prío y el 1ro de agosto de 1949 fundó el Partido Acción Unitaria (PAU), que ganó apenas cuatro escaños de la Cámara de Representantes en las elecciones parciales de 1950, pero abrió un tercer frente —contra ortodoxos y auténticos— para las elecciones generales de 1952.

En eso parecía que andaba el general cuando tuvo la ocurrencia de entrar a Columbia de madrugada y apearse con esta monserga: “Por la falta de garantías para la vida y hacienda de los habitantes de este país y la corrupción política y administrativa imperantes, y sólo por eso, he aceptado la responsabilidad de permanecer en el Poder por el tiempo indispensable para restablecer el orden, la paz y la confianza públicas, a fin de que, tan pronto se logren esos objetivos, pueda resignar el poder en los mandatarios que el pueblo elija”.

Coda

El PAU corrió como Partido Acción Progresista (PAP) en las elecciones generales de 1954. Sin contrario, al retirar Grau su candidatura, Batista logró la cifra más alta de votos en la historia electoral cubiche —1.451.753— como candidato presidencial de la Coalición Nacional Progresista.


Notas

[1] La vieja ley orgánica, de 9 de noviembre de 1934, había generado el Ejército Constitucional (antes Ejército Nacional) tras dictarse la Ley Constitucional de la República (Gaceta Oficial Extraordinaria 10, de 3 de febrero de 1934) para darle caché —con anuncio de constituyente antes de fin de año (Artículo 93)— al gobierno de transición emergente del golpe de Estado Batista-Caffery contra Grau-Guiteras.

[2] Aparte de que, en caso de guerra o grave alteración del orden público, Batista podía actuar como jefe de ejército sin contar con el presidente, tenía bajo estricto control militar una ristra de organismos con presupuestos millonarios, desde la Escuela Normal Rural hasta la Dirección Nacional de Deportes.

[3] Gómez asumió la presidencia el 20 de mayo de 1936, tras ganar los comicios del 10 de enero contra el acérrimo rival de su padre, Mario García Menocal, por 343.289 votos contra 256.606. Se creyó que era presidente y voceó su veto al enterarse de que el parlamento cocinaba la Ley de los 9 centavos, esto es: un impuesto sobre cada saco de azúcar “para mejorar la enseñanza en las escuelas creadas por el Ejército Constitucional”. La Cámara de Representantes acusó y el Senado condenó al presidente “por coaccionar a los congresistas e interferir con el libre juego del poder legislativo”.

[4] Havana Post, 23 de junio de 1937. A la semana siguiente, un observador tan neutral como el embajador británico Herbert Grant Watson notificaba al Secretario de Asuntos Exteriores, Anthony Eden, que Batista había tomado al pueblo cubano por sorpresa con su “brusca transición de gobernador militar a reformista social avanzado”.

[5] El informe Problemas de la Nueva Cuba (1935) —rendido por la Comisión de Asuntos Cubanos de la ONG americana Foreign Policy Association— indicaba que el movimiento comunista no influía “tanto por los pocos millares de miembros que aceptan la rígida disciplina del partido, cuanto por los centenares de miles de cubanos que simpatizan más o menos abiertamente con [el] comunismo como una fuerza redentora que podría sacarlos del desierto de pobreza en que se había convertido Cuba”.

[6] Grau ascendió por primera vez a la presidencia en 1933 tras el ciclón que entró por Varadero. A poco de tomar posesión por segunda vez, entró en La Habana el devastador ciclón del 18 octubre de 1944. Otro huracán sobrevino al dejar Grau la presidencia en 1948.

[7] Diario de La Marina, 18 de mayo de 1948. Al virarse la tortilla con la acusación del brigadier retirado Abelardo Gómez contra Genovevo, por malversar millones de pesos del Retiro de las Fuerzas Armadas, Prío ordenó archivar la causa, meter a Gómez en La Cabaña y despacharlo después a Miami.


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