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El ogro que acecha a Díaz-Canel

El programa de Díaz-Canel para un “gobierno electrónico en Cuba e informatización de la sociedad”, en la práctica solo vuelca en las redes sociales la propaganda del sistema burocrático totalitario

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La Habana, 12 de marzo de 2019. Una parte de los funcionarios, y las instituciones cubanas, ya tienen cuentas en las redes sociales. Es un fenómeno reciente, posterior al ascenso del delfín de la dictadura. Intento de modernizar las estructuras en una isla, donde hasta hace solo un lustro ni existía telefonía móvil, ni conexión a internet, propiamente dicha. De entrar de forma definitiva en el siglo XXI. En su tendencia a incorporar las nuevas tecnologías al poder, Miguel Díaz-Canel, estrenó su cuenta tuiter, solo el 10 de octubre pasado. Siguiéndole los pasos, el gobierno provincial de Pinar del Rio, recién, es el único con una plataforma informática para “conectar” con sus ciudadanos.

El heredero se empeña en lograr una legitimidad ejecutiva —le falta la histórica y la política, sobre eso escribimos en un artículo anterior—, pero constata día a día, que el sistema organizado alrededor del Estado totalitario durante 60 años, es valladar difícil de sortear, si se intenta reformar. Una cosa es aceptar la simbólica presencia de la Primera Dama y todo el discurso sobre familia y estabilidad ([1]), a destruir las cercas que delimitan las parcelas del poder, tanto a nivel súper como infraestructural. Lo evidencian, los resúmenes de las reuniones de gobierno y balance del trabajo de los ministerios en 2018, efectuadas entre febrero y marzo, y difundidas en los medios oficiales.

El mandatario, envuelto por la telaraña inherente al sistema, propone “deshacer los entuertos” que su antecesor a su vez heredó del tirano, y no pudo resolver. El mejor ejemplo de esta pelea contra el monstruo con una gran cabeza, mucho pelo hirsuto, barba abundante, abultada panza y cuerpo fornido de la burocracia, fue cuando en 2011 el “generalísimo” incumplió la promesa de reducir el Estado en un millón y medio de empleados, gracias a la resistencia de los funcionarios encargados de aplicarla. Él “generalísimo” debió tener voluntad (todo lo indica) de perfeccionar el Estado, hacerlo eficiente. Pero se enfrentó a un grupo de empleados, no dispuestos a perder sus vulgares prerrogativas de como dice la canción: un carro, una casa, una buena mujer… ([2])

A casi un año de asumir su mandato, Díaz-Canel, reitera de manera constante la necesidad de eliminar las trabas que afecten al sistema en materia de pensamiento; “abrir la mente y ser más proactivos”, ha dicho. También, dice, trabajar para flexibilizar la planificación y generar un escenario más propicio para que los diferentes actores económicos se desempeñen con mayor eficiencia. Busca crear un plan integral, para una economía que funcione de otra manera, dejando atrás métodos administrativos, y avance hacia métodos económicos de carácter financiero. Sus propuestas, son difíciles de aceptar por una burocracia corrupta, nepótica e ignorante, incapaz de visualizar cómo funciona el mundo actual.

El rasgo más visible del obsoleto comportamiento del sistema en esta coyuntura, fue la actitud voluntarista como se palian los daños del tornado de La Habana. El gobernante usó al final lo que tanto critica; al aparato burocrático, en un esfuerzo infinito por moverle el esqueleto al sistema. Pero bien se sabe, que tras esas movidas, todo vuelve a la normalidad. No aprovechó la crisis para proponer mecanismos eficientes para enfrentar catástrofes, a partir de solidaridad, redes sociales y otras, pero que dejarían de lado rol preponderante del ogro sistémico que traga y malversa la riqueza del país, para dar paso a la sociedad civil.

El heredero, no es pionero en las campañas contra la burocracia. Desde la instauración de la dictadura en 1959, se emprenden campañas contra el burocratismo ([3]). Recordemos el antológico filme La muerte de un burócrata (Tomás Gutiérrez Alea, 1966) ([4]). Sin embargo, la intención de tomar decisiones y asumir iniciativas por parte de los funcionarios públicos, fue aplastada en cada momento por el orden necesario de todo sistema burocrático centralista, de más control y más controladores. Así fue en 1985, con “La Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”, y en 1999, con “La Batalla de las Ideas”. Iniciativas desde el poder para destruir la independencia de las empresas y los empresarios.

Estas experiencias forjaron el temor de los empresarios estatales y los servidores públicos (de muy poca movilidad laboral y profesional) a decidir, y los estimula a obstaculizar los cambios, aún y pequeños. En esas referencias dramáticas se educó el 80% de los cubanos, incluidos los miembros del gobierno que pretenden “aligerar la carga burocrática”, enfrentar las tensiones económicas y desarrollar el país.

¿Podrán los funcionarios arrancar de cuajo ese pensamiento de su hipotálamo, esa tendencia conservadora a la sobrevivencia burocrática? O, por el contrario, ¿pensaran menos en su estomago, y mas en su país?

El programa de Díaz-Canel para un “gobierno electrónico en Cuba e informatización de la sociedad”, en la práctica solo vuelca en las redes sociales la propaganda del sistema burocrático totalitario. “Bueno, poco a poco se quedará solo escribiendo para ellos. Típico de quienes tienen cuerdas a sus espaldas”, escribió un tuitero tras ser censurado, por los funcionarios.


[1] Los dictadores nunca tienen familia, o pareja sexual, visible.

[2] Ese estribillo es una cantaleta en Balseros, un documental de la productora Bausan Films sobre las experiencias de varios balseros cubanos, durante La Gran Crisis (1990-1997), como forma de denigrar a los migrantes cubanos.

[3] El caricaturista René de la Nuez, casi dibujó a diario en el periódico comunista durante la decada del 70 y el 80, caricaturas con personajes como Mogollon, Negativo compañero, Blandengo y Barbudo. Este ultimo antitesis de los anteriores, pero a la vez reconstrucción de lo criticado.

[4]La muerte de un burócrata (1966) es una película del género de comedia del director de Tomas Gutiérrez Alea. Es una sátira de la burocracia cubana durante la instauración de la dictadura, y de lo enrevesado que puede llegar a ser conseguir cosas en apariencias sencillas.


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