Actualizado: 19/10/2017 11:37
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Espín, Sucesión, Castro

El padre, el hijo, ¿y el Espíritu Santo?

Alejandro Castro Espín aparece en todas las fotografías importantes

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La sucesión de Raúl Castro en Cuba se estaría cocinando ante nuestros mismos ojos, pero aparentemente todavía hay muchos que no se han dado cuenta.

Otros, que parecerían intuirlo, no logran escapar de la clásica dicotomía cubana del “esto o aquello”, y continúan negándose a aceptar a posibilidad de “un poco de esto y otro poco de aquello”. Aun ante el destaque cada vez más evidente por la prensa oficialista del coronel Alejandro Castro Espín, único hijo varón de Raúl Castro, que ocupa el esotérico cargo de asesor de la Comisión de Defensa y Seguridad Nacional, y coordina actividades entre las fuerzas armadas y los órganos de la seguridad. Alejandro ha estado presente, entre otras actividades, en las reuniones de Raúl Castro con el presidente Barack Obama (en Panamá y New York), con el Papa (en El Vaticano), con Vladimir Putin (en Moscú) y con otros jefes de Estado. Una especie de presentación en sociedad ante los corrillos del poder mundial.

Y frente a esas evidencias, hay quienes optan por preguntarse: ¿y entonces qué hay con Miguel Díaz-Canel Bermúdez? Sin embargo, en realidad no habría contradicción entre un Díaz-Canel como sucesor civil y un poder en la sombra por parte del hijo de Raúl Castro desde los cuarteles, ya que Alejandro no tiene carisma, talento, cultura, capacidad ni simpatías para aparecer como máximo gobernante, ni necesariamente le debería interesar. A pesar de la edulcorada biografía que de él ofrece la prensa oficial, con estudios en temas internacionales, libros escritos y grados científicos. Trama sorprendente para alguien a quien le cuesta trabajo expresarse coherentemente y vive empantanado en lenguajes de la guerra fría.

¿Parecería tan raro que en Cuba un presidente civil desarrolle sus actividades sin el menor pudor ni sonrojo mientras el verdadero poder radica en militares que lo ejercen sin cargos de conciencia y convencidos de que están haciendo un gran servicio a la Patria? Tal situación no sería inédita en la historia de Cuba: existió entre 1933 y 1940, y entre 1959 y 1976, además de en momentos puntuales entre 1952 y 1954.

En esos períodos señalados, que abarcan más de un cuarto de siglo, hubo diversos y peculiares presidentes de la República, desde quien duró pocas horas en el cargo hasta quien logró permanecer más de dieciséis años, pero el verdadero poder en todos esos períodos siempre estuvo exclusivamente en manos de dos militares: Fulgencio Batista y Fidel Castro.

Lo cual no debería ser nada sorprendente en un país donde, desde 1868, al comenzar la primera guerra por la independencia, hasta nuestros días, hubo varios presidentes civiles, por breves períodos cada uno, y con finales generalmente no felices, durante las campañas militares. Y tras la proclamación de la independencia fueron solamente cuatro los civiles: Tomás Estrada Palma (1902-1906, además de algo más de un año anteriormente, como Presidente de la República en Armas en 1876-1877), Miguel Zayas y Alfonso (1921-1925), Ramón Grau San Martín (1944-1948) y Carlos Prío Socarrás (1948-1952, derribado antes de terminar su mandato).

Hay quienes, con todo su derecho, no están convencidos de que Díaz-Canel esté en el proyecto sucesor de Raúl Castro. Es bueno destacar que el periódico Granma del día 29 de septiembre, reportando un homenaje a un recientemente fallecido comunista de alta jerarquía entre 1970-1990, mencionó así a los asistentes: “Durante las honras fúnebres, la primera guardia de honor estuvo a cargo de Miguel Díaz-Canel, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministro [sic], acompañado por José Ramón Machado Ventura segundo secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, la Heroína de la República de Cuba, general de brigada Teté Puebla, y el ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) Leopoldo Cintra Frías”.

El orden en que el periódico Granma, órgano oficial del partido comunista, menciona a los participantes en cualquier actividad del régimen, desde un escándalo hasta un homenaje, indica la jerarquía de los nombrados: en eso no existen casualidades. Evidentemente, parecería un desliz destacar a Díaz-Canel por encima de José Ramón Machado Ventura (segundo secretario del partido), y a una generala de una estrella sobre un miembro del buró político, ministro de las FAR y general de tres estrellas. ¿Medida activa, globo de ensayo, mamarrachada? Horas después, el entuerto fue arreglado en Granma, para nombrarlos “correctamente”. Es de suponer que un periodista y un jefe de página del periódico, si no estaban siguiendo “orientaciones”, estarán viviendo momentos difíciles en sus actividades profesionales y cotidianas, porque un error así es pecado de leso trabajo político.

El mismo día, al regresar Raúl Castro y su comitiva desde New York, quienes lo reciben en el aeropuerto son Machado Ventura y Colomé Ibarra (“Furry”), ministro del Interior. En Cuba también es sabido que cuando el jefe máximo regresa del extranjero es recibido por la máxima jerarquía que quedó en el país. Y en ese grupo no estuvo Díaz-Canel.

Entonces, ¿señales confusas, exageradas especulaciones exógenas, o puntos pendientes aun por definir dentro del régimen, como lo de determinar en qué condiciones sería el reparto del poder (formal y económico) o qué tareas corresponderían a cada uno de los “revolucionarios” que no serían “liberados” de sus cargos? Difícil verlo todo claro en un país —más bien una finca— donde casi todo es secreto, sobre todo lo que tiene que ver con los entresijos jerárquicos. Aunque, indudablemente, esos que saben las respuestas antes de conocerse las preguntas tendrán una explicación docta y adecuada.

De momento, aparentemente, el presidente estadounidense Barack Obama ha expresado su visto bueno de facto a lo que se cocina en La Rinconada. No porque en el tema cubano Obama sea traidor, comunista, o lo que se le ocurra a los iluminados, sino porque Raúl Castro ha sabido vender el concepto de que con él y su sucesión se garantiza la “estabilidad” en el país, y eso es lo que interesa no solamente a Obama sino a todo el establishment en Estados Unidos, sean demócratas, republicanos, independientes o marcianos, que en ninguna circunstancia quisieran verse frente a una Somalia, Afganistán o Libia, estados fallidos, a 90 millas de sus costas. Los derechos humanos, las libertades y la democracia para los cubanos vendrían en un segundo plano… quizás.

Es torpe considerar que solamente Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses. Eso es válido no únicamente para el imperio, sino para cualquier país, sea una potencia o no, y también para Cuba. Y seguirá siendo así.

Por otra parte, habiendo ofrecido aparentemente mayores espacios a la Iglesia Católica en la Isla, Raúl Castro supuestamente habría logrado además, si no la bendición del Vaticano para su proyecto sucesorio, al menos una aceptación pragmática. No porque el Papa o el Cardenal sean traidores, comunistas o lo que se ocurra a los iluminados, sino porque El Vaticano y la Iglesia Católica como institución planetaria también tienen muy claros sus objetivos y sus intereses, y si han sabido defenderlos por encima de todo en los últimos dos mil años, lo seguirán haciendo ahora. Y los derechos humanos, las libertades y la democracia para los cubanos vendrían en un segundo plano… si Dios quiere.

Lamentablemente para los cubanos de a pie, parece estarse diseñando una nada santísima trinidad con el padre Raúl, el hijo Alejandro y el santo espíritu de Francisco. Y por si fuera poco, con la benevolencia del Imperio.

Lo que podría augurar muchos más años de infiernos para los cubanos.

Ni siquiera purgatorios.


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