Actualizado: 16/09/2019 12:05
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Economía, Cooperativas, Cambios

El raro experimento de las cooperativas en Cuba

Todo indica que, para quienes gobiernan en Cuba, el éxito del sector privado, donde se incluyen las cooperativas, resulta incómodo

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Los organismos rectores de la economía cubana han congelado hace unos pocos días las cooperativas no agropecuarias.

¿Cómo se puede congelar una cooperativa? Es muy difícil, no es posible meter a todos los miembros en un frigorífico, y mucho menos decretar un invierno ártico, selectivo, en todo el territorio nacional. Por eso, el método elegido por los organismos rectores ha sido quirúrgico: congelar a todos los no cooperativistas que quieran serlo, uno por uno. Es decir, prohibir toda nueva cooperativa no agropecuaria, hasta que concluya “la fase experimental”. Así las denominan: un experimento.

Es posible que dichos organismos rectores busquen descubrir una súper fórmula que convierta a Cuba en Potencia Cooperativista Mundial, porque hasta ahora la fórmula es demasiado simple: “Una cooperativa es una asociación autónoma de personas que se han unido voluntariamente para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas, sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad conjunta y democráticamente controlada”.

¿Entonces, cuál será el problema? Nacieron hace ya como dos siglos en el mismo planeta de todos, emplean al 12% de la población mundial, crean riqueza social, los socios son propietarios ganándose su platica y encima, según nos enseñan los expertos, aportan al “desarrollo sostenible” nacional. ¡Ah, qué maravilla! Pero los organismos rectores de la economía nacional quieren descubrir una súper formula.

Posiblemente muchos lectores que hayan leído estas primeras líneas —por ejemplo, en Miami— las descartarán por superfluas ya que “nada de lo que se hace en Cuba ni sale bien, ni es verdad, ni tiene sentido”. ¿Para qué pues escribir sobre un lío del que ya se conoce la causa? Pero el argumento no es suficiente. Será fácil, pero no es verdad.

Las cooperativas no agropecuarias (CNA) surgieron en 2013, cuando el gobierno de Raúl Castro inició varias reformas, que nunca existieron para Miami “porque no eran de verdad”. Pero sí lo eran. Y tal vez, irónicamente, ése sea el problema.

Según datos oficiales, cuatro años más tarde (porque las primeras empezaron a funcionar en 2014) en el año 2018 las 398 CNA obtuvieron ingresos de 6.030 millones de pesos, unos 241.200.000 (doscientos cuarenta y un millones doscientos mil) dólares al cambio, con solo unos 17.500 cooperativistas en total. Con un salario promedio antes de utilidades mensual de unos $210 por socio. Muy lejos de los $20 mensuales que se dice ganan todos los cubanos. Muchos sí los ganan, y ninguno debía ganar tan poco, pero no todos; sobre todo después de la reciente reforma salarial (que tampoco existe para Miami).

Es el éxito del sector privado. Esa tal vez sea una de las razones del extendido “experimento” de los organismos económicos cubanos. Que el sector privado —donde se incluyen las cooperativas— resulta incómodo. Es aceptado, tolerado y hasta promovido, incluido en los lineamientos y en cuanto papel impreso pueda haber, pero sigue siendo incómodo. Y lo es porque son más eficientes que la súper protegida empresa estatal, más ágiles, serviciales y encima les pagan mejor a sus socios-trabajadores. Y es incómoda porque la burocracia gestora, administrativa y planificadora de la economía nacional cada vez que una empresa no estatal progresa, se achica y rebufa.

¿Y por qué se achica y rebufa? Porque por lo general —diría un general como en domingo— en el sector privado no existen el robo ni el descuido de las empresas estatales, que siendo “propiedad de todo el pueblo”, no tienen efectivamente quien las cuide del abandono y la sustracción, al tiempo que es precisamente esa burocracia gestora, administrativa y planificadora la encargada de hacerlo.

Y es así que el Estado cubano, con todas sus fuentes económicas de análisis y legislativas, desea seguir “experimentando” con una fuerza productiva que ha crecido el 627% en cuatro años, mejorando el nivel de vida de muchas familias cubanas. Habrá delitos en algunas cooperativas, pero ninguna cooperativa los comete. Los cooperativistas sí, y para eso existen las leyes, o debieran de existir, en un Estado de derecho en que también el individuo o la personalidad jurídica legal tuvieran acceso y derechos en el debido proceso y no solo al pataleo.

Hasta cuando seguirá el “experimento” con las cooperativas no agropecuarias —que no son ni siquiera capitalistas, sino más bien socialistas— nadie puede saberlo.

Ahora el tema penetró al tabernáculo del laboratorio económico estatal. La administración Trump hace todo lo posible por complicarle las cosas a los cubanos, y los químicos de la economía, en este caso, también. ¿Qué pecado habrá en que la gente progrese?

“La mejor manera de que algo no avance es convertirla en un «experimento»”, dijo entre otros un desconsolado lector sobre estas nuevas normas jurídicas. Fue en el sitio informativo estatal Cubadebate, y qué bueno, porque qué pecado habrá en que la gente —tenga o no toda la razón— se exprese.


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