Actualizado: 22/02/2020 16:21
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Milhae, Hidráulica, Prensa

El terrible final de un relicto

La primera construcción hidráulica realizada por los españoles en América

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En julio o agosto de 1968[1] disfruté por última vez de la vista de la presa que todos llamaban ‘El husillo’, en nada se parecía a la idílica imagen que nos dejó de la misma Federico Milhae, tendría unos 10 metros de altura y quizás no más de unos 15 o 20 de largo, conformaba un pequeño embalse que no siempre estaba lleno de agua y solo las misma sobrepasaban la cortina del embalse en caso de que fuertes lluvias engrosaran las aguas paupérrimas y contaminadas del Almendares.

Era un relicto[2] de la que probablemente fue la primera construcción hidráulica realizada por los españoles en América, era donde las aguas tomaban un nivel que le permitiese alimentar por gravedad la Zanja Real la cual llevaba el agua hasta los intramuros de la ciudad de La Habana y proveer no solo a su creciente población sino también a los barcos de la Flota de Indias, la que garantizaba que la extracción de las riquezas americanas llegasen al puerto sevillano sin grandes pérdidas a manos de los piratas de la época.

El nombre de ‘El husillo’ se derivó del tornillo ‘sin fin’ o husillo que permitía abrir y cerrar las compuertas que daban paso a las aguas, estaba hecho de madera dura, así como las compuertas; en la imagen de Mialhe se puede ver la caseta que protegía el rudimentario, pero funcional, mecanismo. Evidentemente la caseta en la imagen de Mialhe está erróneamente colocada, pero ello debió ser por razones de composición del grabado.

Con el impulso recibido las aguas eran desviadas hacia la Zanja después de pasar el empalme del Almendáres con el arroyo Orengo[3], aproximadamente a la altura en donde se encuentra el puente que comunicaba la papelera La Moderna, actualmente desactivada, con la carretera de Rancho Boyeros.

La construcción de la Zanja Real comenzó en 1555 con el impulso dado por el acaudalado Juan de Rojas[4] y no fue concluida hasta 1592 por el ingeniero Juan Bautista Antonelli, miembro de una familia de origen italiano estrechamente vinculada a las construcciones militares en América. La Zanja estuvo funcionando con algunas modificaciones hasta que fue sustituida por el acueducto de Fernando VII en 1835, que llevaba las aguas del Almendares entubadas hacia La Habana, pero seguía utilizando las ventajas que le daba el embalse que creaba ‘El husillo’, e incorporaba una estación de filtros a poca distancia del punto en que tomaba las aguas del Almendares. Por tanto ‘El husillo’ continuó siendo útil hasta la puesta en marcha del Acueducto Albear en 1893 que se abastecía de los manantiales de Vento. Es decir que por más de 300 años la presa ‘El husillo’ brindó sus servicios a La Habana, dudo que la ‘Hoover’ dure tanto.

Duró 430 años ya que en 1989 a alguien se le ocurrió, sospecho quien fue, que había que canalizar el Almendares y así evitar las inundaciones que en raras ocasiones afectaban a los barrios Martí y Maceo. La Comisión de Monumentos presidida por el destacado arquitecto Mario Coyula Cowley, que fue su primer presidente, se opuso tenazmente a destruir la presa, pero perdió la pelea y el cargo ya que fue destituido[5] por su oposición a tal malsano proyecto.

En definitiva ni se canalizó el Almendares y sí destruyeron un relicto de la historia de la ciudad de La Habana, y si se preguntan por el Historiador de la ciudad, pues ni abrió su boca en defensa de ese importante testimonio, sin lugar a dudas no tenía tanto valor turístico como por ejemplo el Castillo de la Fuerza cuya construcción comenzó en 1558, tres años después de iniciada la de la Zanja Real.

Al parecer como inocua y pueril forma de desagravio se dispuso el sacar a la luz algún tramo de la Zanja Real en la calle Teniente Rey, más que escaso alivio para la destrucción de tan importante obra como fue ‘El husillo’, que en paz descanse.


[1] Alrededor de esa fecha tomé la decisión de abandonar mi cargo de contador de la planta T-35 ‘Juan Manuel Márquez’ que se encontraba, por la imagen de satélite parece que aún existe, a unos 100 metros de ‘El husillo’. Era el comienzo de la llamada ‘lucha contra el burocratismo’ que escondía el propósito de eliminar todas las formas de control económico, medida que fue acompañada con el cierre de la Escuela de Economía de la Universidad de La Habana era el inicio de la debacle financiera de finales de los 60’. Fue un buen impulso para dedicarme a mi verdadero interés: la historia, pero desgraciadamente no se me ocurrió tomarle una foto al ‘Husillo’, no me podía imaginar lo que iba a ocurrirle.

[2] Acuñé el concepto de “relicto”, (que es más bien un término jurídico, o que remite a los remanentes supervivientes de fenómenos naturales, o a especies vivas con una distribución muy reducida por causas naturales o por causa del ser humano, comparada con la que anteriormente tuvieron) para referirme a las huellas de viejas construcciones, caminos, etc., aún funcionales. Originalmente lo apliqué a los linderos de los Hatos y Corrales y lo introduje en el campo de la investigación histórica a partir de mis trabajos en la mapoteca del Archivo Nacional de Cuba. El concepto ha sido aceptado con cierta reticencia por otros investigadores cubanos.

[3] El Orengo era el arroyo Polo que no sé por qué razón cambió de nombre. Jacobo de la Pezuela.- Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de la Isla de Cuba. Tomo I, Imprenta del establecimiento de Mellado; Madrid, 1863 pág. 45 ya le llamaba Orengo; mientras que Esteban Pichardo.- Isla de Cuba: Carta geotopográfica. 1875 le sigue llamando Polo doce años después, este arroyo es el que le dio el nombre a Arroyo Apolo.

[4] Ver: https://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/luyano-en-las-actas-capitulares-del-ayuntamiento-de-la-habana-336602

[5]https://www.14ymedio.com/reportajes/para-hilar-historia-Husillo_0_1669633037.html


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