Actualizado: 18/10/2018 9:35
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Represión, Disidencia, Oposición interna

El único futuro posible

La Cuba del futuro no heredará las doctrinas de los hermanos Castro. Aún no han muerto y sus ideas ya se erosionaron. En veinte años solo quedarán como un mal recuerdo

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No quiero ni pretendo saber que va a ocurrir en Cuba durante los próximos años, pero escucho tantas opiniones de tantas personas, involucradas o no con la realidad de esta isla, que me pregunto si acaso no estarán ellos sirviéndose de algunas fuentes a las que yo no tengo acceso. Sin ánimo de poner en duda sus “autorizadas” opiniones me gustaría saber cómo hacen para no perder la fe en un orgullo nacional que yo solo encuentro en los libros de historia.

Es verdad que mis veintiocho años no me alcanzan para incorporar todo la experiencia y el saber que ostentan algunos colaboradores y lectores de CUBAENCUENTRO. Pero no pretendo salvar mis carencias pidiendo ni dando tregua, sino expresándome con la cruda franqueza que caracteriza la pincelada de un pintor naif, pero no ingenuo.

Una vida entera anulado por el régimen cubano me ha permitido comprender que el silencio no ayuda a resolver las diferencias y mucho menos a reconciliar la enorme paleta ideológica que existe entre las dos orillas. Tanta diversidad es saludable siempre y cuando no se neutralicen mutuamente porque al final estaríamos haciéndole un favor al régimen que en última instancia es la negación de la diversidad que la mayoría de nosotros defendemos.

Donde yo veo matices ellos ven en blanco y negro. Como tantas veces en este mismo diario se ha dicho, el verdadero peligro radica en aquellos que quieren combatir el sistema con sus mismas armas. Ojo por ojo y diente por diente, todos quedaremos ciegos y necesitando prótesis.

Pensar el futuro de Cuba es complicado, sobre todo desde un presente que no les brinda demasiadas oportunidades a los hijos más jóvenes y talentosos de esta tierra. Pero voy a tomar el riesgo del profeta mundano, sin oráculo ni revelación divina recorreré el espectro político en un orden natural para cualquier lector occidental, de izquierda a derecha y de principio a fin.

I

A los pocos que aún creen en la continuidad de la “Revolución” les aseguro que tuvo una vida breve, terminó el viernes 1 de julio de 1960. Antes de su victoria, Fidel Castro y los líderes de otros movimientos revolucionarios, redactaron el Manifiesto de la Sierra Maestra en el cual se comprometían a celebrar elecciones generales, en el plazo de dieciocho meses al término de la dictadura de Fulgencio Batista. El Gobierno descartó cumplir con ese compromiso y ese fue el fin de la Revolución.

A los seguidores de Fidel Castro les pido que hagan un poco de memoria y recuerden que dijo y que hizo finalmente. En sus Palabras para la Historia recogidas en un folleto del año 1960, el entonces Primer Ministro se pronunció así:

“El pueblo sabe que nunca lo engañamos, el pueblo sabe que nunca faltamos a nuestra palabra, el pueblo sabe que ésta es una Revolución de hechos y no de promesas falsas...” Y ya vimos como faltó a su palabra desde el mismo principio al incumplir con el Manifiesto de la Sierra Maestra.

También dijo: “La democracia es mi ideal, pero mucho gente llama democracia a cosas que no son democracia... Yo no soy comunista, ni estoy de acuerdo con el comunismo... La democracia y el comunismo no es lo mismo para mi”. Pero menos de un año después en plena televisión nacional declaró: “con entera satisfacción y con entera confianza soy marxista-leninista y seré marxista-leninista hasta el último día de mi vida”.

Y como para ponerle la tapa al pomo declaró que: “La libertad de opinar, la libertad de escribir, la libertad de hablar, la libertad de reunirse y la libertad de creer, son libertades sagradas de nuestra Revolución. Pero los derechos sociales del hombre son también derechos sagrados de nuestra Revolución”. Y una vez más demuestra su falta de entereza en su discurso del 30 de junio de 1961 (Palabras a los intelectuales) cuando pronunció su célebre frase “Dentro de la Revolución todo; contra de la Revolución, nada”. Y hasta aquí duró la libertad de opinar y de crear.

No, realmente los partidarios de los hermanos Castro no tienen ninguna credibilidad para el pueblo ni para los intelectuales honestos de este país. Si aún ostentan el poder no es por la admiración que sentimos hacia sus vidas o sus obras. Ellos lo saben, nosotros los más jóvenes lo sabemos y es solo cuestión de tiempo para que vayan a parar al basurero de la historia.

Definitivamente la Cuba del futuro no heredará las doctrinas de los hermanos Castro. Aún no han muerto y sus ideas ya se erosionaron. En veinte años solo quedarán como un mal recuerdo y en el peor de los casos como una secuela de la que nos costará mucho recuperarnos.

Avanzando de la izquierda tradicional hacia la versión burocrática del régimen encuentras a la nueva clase dirigente. Un grupo de funcionarios formados en las escuelas del Partido y de las FAR que lamentablemente han perdido sus mejores cualidades a la sombra de los líderes históricos. Todos son personajes bastante grises muy lejos del ideal revolucionario y su único mérito ha sido mantener a flote una maquinaria obsoleta con la intención de heredar las cuotas de poder que por ley de la vida habrán de quedar vacantes en los próximos años.

Ellos confían en seguir aplicando las mismas fórmulas de control de masas que los han traído contra todo pronóstico hasta el presente. Mantendrán la estructura centralizada del estado y se apoyarán en las imprescindibles válvulas de escape económico y político que han diseñado para evitar un posible estallido social. Tratarán de hacer tiempo para amasar sus propias fortunas. Reprimirán por aquí y por allá pero sin ensuciarse mucho las manos, porque necesitan afianzar la imagen progresista que ya se están construyendo, solo por hacer dos o tres concesiones en algunos temas de la economía y la emigración que muy poco les han mejorado la vida al pueblo.

Estos chicos de cincuenta y tantos años crecieron con el proceso, se formaron en él y como parte de su evolución profesional para cumplir con “las tareas” del sistema perdieron los escrúpulos, la dignidad y los valores. Pueden mentir y actuar sin ningún remordimiento, pero a diferencia de sus mentores ellos no creen en el propósito superior de su misión, porque al final son concientes del triste papel que ocupan en los planes hegemónicos que sostienen al sistema. El ideal revolucionario para ellos no es más que un imagen de marca, necesaria para reconocerse mutuamente y recibir la aprobación de los viejos líderes.

A mediano plazo estos chicos van a resultar tremendamente incómodos y harán mucho daño al país antes de apartarse definitivamente del poder. Aunque no les veo futuro porque carecen del carisma, de la iniciativa y del mito que rodeaba a los líderes históricos. Así como Maduro nunca será Chávez, nuestros cuadros nunca serán victoriosos comandantes.

Pero que nadie se engañe no son las masas trabajadoras las que propiciarán el desplome de totalitarismo cubano. El cambio solo se hará efectivo en la medida que las ambiciones personales de cada uno de estos altos funcionarios los arrastre a negociar mayores aperturas hacia la economía de mercado.

Eso no significa necesariamente un mejor gobierno ni una verdadera democracia, sino más bien una vuelta a los orígenes de la República, donde los nuevos ricos controlarán el país, los exiliados tendrán las puertas abiertas para invertir sus fortunas y la corrupción no tendrá límites.

Con suerte evitaremos convertirnos en una imitación del modelo asiático: partido único, economía de mercado y una fuerzas armadas listas para arremeter contra el pueblo. Este es el peor escenario posible. La alternativa es una grieta dentro del Partido que lo divida en dos o tres facciones y eventualmente conduzca a la creación de varios partidos político en pugna. Esto sentará las bases para la construcción de un estado democrático en los próximos veinte o treinta años.

II

En una posición de centro izquierda, al estilo de una social democracia, se mueven la mayor parte de los intelectuales cubanos que viven dentro o fuera de la Isla. Su amplia formación cultural y sana afición por el diálogo propician una mirada crítica sobre los fenómenos sociales y políticos de la que carecen la mayor parte del pueblo incluyendo la oposición y un gran sector del exilio.

A su favor tienen una insuperable capacidad para comunicar y tocar los corazones de la gente común, en especial el de los jóvenes. Lo mejor que podría pasarle a Cuba es que sus artistas e intelectuales ejercieran mayor influencia en la vida política del país, pero tomando en cuenta el despliegue de las Fuerzas Armadas, en los cargos medulares de la administración central y los organismos a través de sus oficiales-funcionarios, no parece muy probable que esto ocurra, almenos no de forma significativa.

Yo sé bien lo que opinan los oficiales de los artistas e intelectuales y no es nada bueno.

Muy próximos al centro pero sin vocación socialista están los líderes religiosos, en particular los cristianos y católicos que hábilmente han ido ganando terreno sobre importantes espacios no solo de culto sino de diálogo directo con los altos mandos del Gobierno.

Las influencias de este sector aún están por demostrarse, pero en su momento pueden jugar un papel significativo. Gracias a su bien estructurada jerarquía y a su ascendencia sobre un privilegiado sector de la sociedad, tienen la capacidad de movilizar ideas y potenciar líderes laicos que eventualmente ganarán protagonismo en la vida política del país.

Luego te encuentras una pálida oposición privada de todo acceso a los medios, asediada constantemente por los perros del sistema. Buscando amparo en los cuerpos diplomáticos de la Isla y mendigando los pocos dólares que logran escurrir a través de sus patrocinadores en el exilio. No tienen ninguna influencia social. No logran definir un camino transitable hacia la democracia y mucho menos consiguen proyectar un líder carismático que pueda movilizar a los sectores más proclives al cambio, es decir los jóvenes aún no comprometidos con el sistema que no ven resueltas sus expectativas y que necesitan de una alternativa real de cara al futuro.

La oposición en Cuba está más preocupada por ganarse el favor de un sector extremista del exilio que el apoyo de los millones de cubanos dignos que aún conservan una luz de esperanza. Los opositores son más conocidos en el exterior del país que hacia el interior de la sociedad. Es un hecho innegable de cara al futuro que tienen muy pocas por no decir que ninguna posibilidad de éxito.

Dentro de la Isla no hay un sector de ultraderecha, lo más parecido a esto son los presos políticos y casi todos se han ido al exilio. Al igual que los lideres históricos, los viejos anticastristas han muerto o están en plena retirada pero también allí hay una especie de relevo generacional y son ellos los abanderados de la ultraderecha cubana asentada fundamentalmente en Miami.

Su poder está basado en las fortunas de fieles partidarios capaces de mover voluntades políticas y eso en un país tan grande como Estados Unidos no es poca cosa. Ahora bien como yo lo veo estos grandes capitalistas no están dispuestos a perder dinero en nombre de una “Cuba libre”. En cuanto los hermanos Castro desaparezcan del panorama político y el Gobierno cubano les guiñe el ojo ellos mismos se van a ocupar de ponerle fin al embargo y traer sus empresas a la Isla.

Para los empresarios la única democracia es aquella que les permite ganar dinero. Nunca han tenido problemas con las dictaduras más atroces, siempre y cuando no sean comunistas. Y de ponerle fin al comunismo se van a encargar los propios jerarcas del Partido y si no me creen yo me creo, tiempo al tiempo.

III

El cubano de a pie tanto el que vive en Cuba como en la diáspora tiene pocas ambiciones políticas, ya sea por desencanto o apatía la realidad es que sus únicas ambiciones son personales si es que tienen esa posibilidad, cuando no se limitan a “sobrevivir hoy y mañana ya veremos”.

Nada desearía más que estar equivocado pero la vocación de lucha en las grandes masas ha muerto. Las chispas que pueden desencadenar el levantamiento popular han tenido lugar en varias oportunidades después del “Maleconazo”. Para hacernos una idea:

Durante la visita de Juan Pablo II a Cuba se produjeron enormes concentraciones y se dijeron palabras que calaron muy hondo en el corazón del pueblo, sobre todo en la misa de Santiago de Cuba pero no pasó nada.

Luego en abril de 2003 nos golpeó la Primavera Negra, ocurrieron manifestaciones de repudio popular por los tres fusilados en juicio sumario y surge el “Movimiento de las Damas de Blanco” de nuevo faltó el apoyo del pueblo.

Más de una vez familias que residen en zonas marginales de la Habana han sido víctimas de abusos y atropellos por parte de agentes del ministerio del interior pero los amotinamientos nunca rebasan los límites del barrio. Se han producido desalojos, demoliciones de viviendas, tiroteos con víctimas fatales y nada.

Tras el paso de los huracanes el pueblo tomó por asalto camiones con alimentos provocando enfrentamientos directos con las autoridades, he sido testigo de actos vandálicos contra tiendas, ómnibus, instalaciones públicas incluso autos patrulleros. He sido parte de masas enardecidas en medio de un concierto con más de mil jóvenes gritando ―¡Libertad, libertad, libertad!― en plena cara de una tropa de uniformados y nunca ha pasado de ahí. Sin ir más lejos durante el Concierto por la Paz que ofrecieron Juanes y otros artistas en La Habana hubo situaciones y chispas de sobra para encender una demoledora manifestación pública. ¡Pero no prende!

Póngale el nombre que quieran: miedo, desencanto, apatía, perdida de la dignidad, miedo, estupidez, egoísmo, no lo sé, lo único real es que todo sigue igual y el pueblo no da el paso decisivo. Pero si quiero dejar claro que el futuro de Cuba no es solo responsabilidad del los cubanos de aquí, habría también que pedirles cuenta a los millones que andan repartidos por el mundo entero y tampoco hacen nada, algunos para colmo se las dan de activistas dedicándose a organizar “grupos de solidaridad”.

Estoy muy lejos de ser un nihilista o un escéptico, aunque sí me siento bastante frustrado y aún no alcanzo a ver la luz al final del túnel. Repito que quisiera estar equivocado, pero si aquello de que cada uno obtiene lo que se merece, es real, habrá que terminar aceptando una terrible lección. Un pueblo que fue capaz de renunciar a su fe y a su identidad en nombre de un comunismo impuesto sin consulta ni referéndum, un pueblo que fue capaz de vender su libertad a cambio de palabras y promesas incumplidas desde el mismo principio de la Revolución, un pueblo que buscó garantías de justicia y seguridad en un hombre y no en un gobierno popular respaldado por la constitución vigente y sus leyes, un pueblo que tuvo la osadía de vestir de verde olivo hasta su iconos más sagrados se merece esta suerte, ni más ni menos.

Ahora escucho silbidos… muy bien entonces dejemos de lamentarnos por lo que hicimos o dejamos de hacer, calcemos las botas y echemos a andar, el único futuro posible es el que seamos capaces de construir.

Sirvan estos largos años de angustia y dolor para nunca más confiar a un hombre la tarea que se hará con todos y para el bien de todos. Termino citando un fragmento de este inolvidable discurso que pronunciara el Maestro en vísperas de la Guerra Necesaria:

“¡Ahora, a formar filas! ¡Con esperar, allá en lo hondo del alma, no se fundan pueblos!”


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