Actualizado: 18/10/2017 20:02
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Elecciones, Disidencia, Oposición

“Elecciones” castristas, oposición y “realpolitik”

Dos opositores hicieron interesante un evento siempre aburrido

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Dos opositores fueron candidatos a delegados municipales (concejales) en las elecciones en Cuba. Perdieron: uno en cuarto lugar entre cuatro candidatos, el otro segundo entre tres.

Esa noticia tendrá diferentes lecturas, dependiendo de diversos factores, entre ellos el fanatismo de quien informe, la posición política defendida, o las intenciones que se persigan; y el hecho en sí mismo en un país normal no pasaría de anécdota de barrio.

Sin embargo, Cuba no es un país normal, y poquísimas veces en casi cuarenta años de “elecciones” castristas hubo candidatos opositores. Algunos dicen que esto no debió intentarse, porque legitima al régimen: cómo si no hubiera sido legitimado en la Cumbre de Panamá, para hablar de un caso reciente. Y aunque no sea la misma situación, ¿no se aprendió nada cuando la oposición a Hugo Chávez no participó en las parlamentarias de 2005 y regaló la Asamblea Nacional al teniente-coronel? Otros dijeron que los candidatos opositores “eran del G-2”, que los utilizaba para imagen internacional de “tolerancia y apertura”; castrismo al revés: atacando como el régimen, que llama “mercenarios” a quienes odia. Y otros consideran positivo haber participado aunque no hayan ganado: al menos se hicieron conocer y dieron un sentido diferente a la farsa electoral de mitad del mandato de diputados nacionales.

Que existan opositores en elecciones no es noticia en un país, pero Cuba es una finca. No existe separación de poderes, el gobierno establece las leyes que desee, y cuando no le convienen las viola impunemente o las elimina, con silencio cómplice de la prensa oficialista, escándalo vocinglero de la morralla social vestida de “pueblo enardecido”, e iluminados opinando y criticando desde torres de marfil.

Que dos opositores, en circunscripciones alejadas una de la otra, fueran aprobados por los votantes para aspirar a delegado, agrietó la farsa “democrática” del régimen, que supone que en cada asamblea de barrio para seleccionar candidatos, el Partido Comunista y el Comité de Defensa de la Revolución garanticen que solo se postulen los afines al régimen. Quien niegue eso no ha vivido en Cuba, es mentiroso compulsivo, o ambas cosas.

La ley prohíbe propaganda electoral, y las biografías de los candidatos se exponen a los votantes de la circunscripción. Pero las redactan incondicionales de la dictadura, que consideran apropiado escribir en la del candidato opositor, sin su consentimiento y mintiendo alevosamente, que pertenece a un “grupúsculo contrarrevolucionario”. Sin embargo, cuando los candidatos son militantes del partido o la juventud comunista, deberían escribir que pertenecen al partido responsable de más de medio siglo de fracaso en Cuba y que se atribuye a sí mismo el “papel rector” de la sociedad. Pero algo así nunca se leerá en las biografías que se muestran a los votantes.

Aunque la propaganda esté prohibida, existió claramente, discriminatoria e ilegal. En las circunscripciones con candidatos opositores, personeros del Partido Comunista y del Comité de Defensa visitaron a los vecinos para “recomendarles” no votar por el “contrarrevolucionario”. No tuvo la seguridad del estado que participar abiertamente: designan militantes del PCC y miembros del CDR para ese trabajo sucio.

Hubo quejas de dificultades de algunos para participar como observadores en el conteo de votos; otras informaciones dicen que se respiró un ambiente de tensión en los colegios electorales con candidatos opositores; pero por ese camino no hay periodismo serio: “se respiraba un ambiente”, sin demostrarlo, no puede convencer a muchos.

Según las informaciones oficiales, un opositor obtuvo 233 votos y otro 189, de acuerdo a las cifras finales. No ganaron, como aceptaron de inmediato; tales cifras serían ridículas en elecciones abiertamente libres y limpias, que no es lo que ocurre en la Cuba de los Castro, y por ello son significativas; porque más de “cuatro gatos” apoyaron a los opositores: exactamente 422 personas en las dos circunscripciones. Y no importan los millones de votos que se atribuya la dictadura. A pesar de presiones y miedos, que de antemano se sabía que estarían presentes, la monolítica unidad en apoyo al poder revolucionario quedó en lo que realmente es: pura propaganda comunista. La nerviosa celebración oficialista tras el conteo de votos en esas dos circunscripciones, al borde del mitin de repudio, dejó ver claramente el temor del régimen.

No tiene sentido criticar desde el exilio a quienes hacen algo en la Isla. Aunque participar en estos procesos no sea el único medio legítimo de enfrentar la dictadura, toda estrategia cívica a favor del pueblo es bienvenida en la lucha por la democracia y el Estado de Derecho en Cuba. Podría discutirse hasta la nausea si la oposición logró una victoria participando, o si fue derrotada al no conseguir un candidato electo. La respuesta debería estar entre esos dos extremos.

Aun si estos resultados fueran solamente una pica en Flandes o del lobo un pelo, el lobo sabe, aunque lo calle, que cubanos valientes le arrancaron ese pelo.

Y ni ha sido, ni es, ni será el único.


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