Actualizado: 23/07/2018 12:41
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Reforma, Referendo, Votación

En Santa Clara la reforma llega en guagua Girón

Las opiniones de los cubanos sobre la reforma electoral: desde que “hace falta otro Fidel” hasta que eso no lo arregla ni “el Coco Fariñas de presidente”

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Algo pasado de años para su cuidado en imitar la imagen de Maluma, en todo caso en la cercanía de unos 35 que se notan, espera en una de las más poco concurridas paradas de guagua santaclareñas. Tiene un título universitario y hace un lustro vive de la música, de tocar en “los Cayos”: En los hoteles del Cayo Santa María, al norte de esta provincia de Villa Clara.

Sabe que se ha convocado un Referendo Constitucional, “para cambiar la Constitución”. Lo que no tiene claro es si esos cambios lo favorecerán a él, o cómo es que se realizará el referendo. Recuerda que hace años, en 2002, cuando cursaba su onceno grado, tuvo que firmar una planilla en su CDR, para darle su aprobación a la anterior reforma. Fue su primera experiencia electoral y por eso conserva una vívida memoria de lo ocurrido.

—En la Constitución ellos van a poner lo que quieran, y nosotros después vamos a tener que ir a firmar que estamos de acuerdo —me afirma con gesto escéptico—. Yo no tengo muchas esperanzas de que venga algo bueno para mí. Ahora mismo andan rumores de que para la temporada alta que viene van a restringir lo de la contratación de grupos musicales en los Cayos, y en ese caso no me va a quedar más que irme.

Va sentada junto a mí, del lado de la ventanilla, en una de esas minúsculas guaguas Girón que en Santa Clara se usan para el transporte público. Es estudiante universitaria y acaba de salir de una de las reuniones preparatorias del próximo congreso nacional de la FEU. “La Reforma va a servir para perfeccionar nuestro socialismo”, me espeta a mis preguntas, mientras me mira recelosa. En las pasadas elecciones del 11 de marzo sirvió como observadora en las mesas electorales de su municipio, Camajuaní.

—¿Crees que está bien que en las elecciones para diputados solo podamos marcar Sí por los propuestos, pero no negativamente? —le pregunto.

—El que no esté de acuerdo deja la boleta en blanco y ya —me responde muy segura.

—Pero tú estuviste en el escrutinio de alguna mesa este 11 de marzo, ¿o no?

—Sí, sí, ahí mismo en la cuadra en que vivo. Fue una experiencia tan bonita como cuando de niña cuidaba las urnas…

—Bueno, pues entonces te debes de haber dado cuenta de que las boletas en blanco no se contabilizaban, y que solo se tenían en cuenta las votadas afirmativamente.

—Sí, bueno…

—Comprenderás entonces que es matemáticamente casi imposible que los candidatos propuestos en boleta puedan perder una elección con semejante mecanismo de escrutinio.

La muchacha me mira sin saber qué responderme, ni tan siquiera su socorrido sí. Finalmente me echa una de esas parrafadas que escuchó esta tarde en la reunión preparatoria. En el mismo tono y con las mismas inflexiones que los dirigentes de la FEU y la Juventud usan para responder a los medios. Es evidente que, más que convencerme, busca vencerme al mantenerme callado hasta la parada en que se bajará de la guagüita.

—Mira, —la interrumpo mientras me pongo de pie— no es un problema de que en tu mesa se hayan equivocado o de la siempre oportuna burocracia, esa forma de escrutinio está en la Ley Electoral. Por cierto, acaba de llegar a nuestras librerías la tirada de dicha Ley que se hizo para que nos llegara a los ciudadanos antes de las elecciones. Solo que por el… “bloqueo” no pudo ser.

El que se baja soy yo, en la parada del Parque Vidal, y antes de entrar al Café Literario me doy una vuelta por la librería Pepe Medina. Está más concurrida que de costumbre, como ha venido ocurriendo después de que la otra del centro, la Vietnam Heroico, pasara a convertirse en una librería en CUC. Cosas de la Doi Moi, bromeo con una de las muchachitas que ha sido reubicada aquí, por no contar con las recomendaciones necesarias para laborar en un centro de importancia tan estratégica como lo es toda entidad que cobre en pesos “convertibles”.

Desde los estantes dos jóvenes llegan hasta la dieciochesca caja registradora para pagar por un ejemplar de la Ley Electoral.

Él es estudiante de Lengua Inglesa, ella de Periodismo. Han leído algunas de las críticas que se le han hecho recientemente a la Ley Electoral, y dicen querer contrastar lo leído con el texto legal para llegar a conclusiones propias.

A mi pregunta de qué creen de la próxima Reforma Constitucional es ella quien me responde:

—Yo no espero nada nuevo. Van a agregar a lo máximo lo de los dos períodos y alguna declaración sobre el trabajo por cuenta propia, de que ha llegado para quedarse y cosas así, bien ambiguas, pero de manera que si el día de mañana quieren echarlo todo para atrás no haya nada concreto que se los impida.

—¿Y qué creen ustedes, que entonces lo mejor es no participar, o en todo caso marcar sí, por lo menos para coger ese poquito que nos dan?

—¡Para nada! —vuelve a responderme ella— Es bien importante participar y marcar con una X en el NO…

—Pero entonces quedará como que lo que se quiere es que siga estando vigente la Constitución anterior.

—¡Qué va! Aquí se sabe que incluso los viejitos que no quieren ni esos pocos progresos que se harán van a votar Sí, por disciplina. Para ellos lo que importa es la unidad, y por eso votarán por lo que digan desde arriba. A no ser, claro, que los cambios sean de verdad, que entonces votarían No. Pero como eso no va a ocurrir, el que vote No lo que quiere decir es que no está de acuerdo, y que quiere más.

—Ustedes ya parten de que la Reforma no los dejará satisfechos. Pero les pregunto: ¿Qué cambios ustedes apoyarían? ¿Qué Socialismo los haría votar Sí?

Quien me responde ahora es él:

—Hace unos días yo descargué un artículo en que un señor estudia la obra del autor de Rebelión en la Granja y 1984, y dice que George Orwell estaba por el socialismo. Solo que por uno que no tenía nada que ver con el que se construía en Rusia. Orwell, dice el señor, creía en que los humanos somos todos hermanos, y que por lo tanto se debe luchar por una sociedad sin desigualdades. Pero también que la gente común debemos tener un fuerte control sobre los que gobiernan. Si ese socialismo fuera el de la próxima Constitución, pues yo votaría Sí. Lo que pasa es que yo no creo que sea eso lo que ocurra.

En el punto de ETECSA una señora muy mayor intenta entender por qué para sustituir su teléfono de línea fija roto debe pagar en divisas. Su chequera no le alcanza para eso, argumenta ante el funcionario, que le habla de gratuidades y de la bondad de la empresa, “la única en el mundo que entrega los teléfonos gratis”.

Tras escuchar sus cuestionamientos le preguntó:

—¿Cree que la Reforma Constitucional resolverá estos problemas como el suyo?

—Hay mijito, aquí lo que hace falta es otro Fidel. Esto después que él se tuvo que ir ya no se parece a como era antes.

—¿Cómo votará en el próximo referendo, sí o no?

—Eso es cosa de ustedes la gente joven. A mí realmente ya todo se me da lo mismo…

Esa tarde, de regreso a Placetas, comparto parada con un negro cuarentón. Somos de los que tenemos que dejar ir los camiones particulares, por no llegar a los diez pesos que en ellos cuesta el pasaje. En consecuencia, entre nosotros pronto surge la solidaridad de los jodidos.

Ya en confianza le pregunto lo que ese día he preguntado ya un centenar de veces. Su respuesta, la de un hombre que pertenece al grupo poblacional más abundante hoy día en la Isla, la de los “medios tiempos”, es directa, salida de las entrañas:

—Mira, asere, eso es cosa de ustedes los blancos. Ahora tú te pones a hablar por ahí y no te pasa nada, si acaso te sacan del trabajo, pero a mí me trancan. Y el caso es que a un negro en huelga de hambre no le hacen el mismo caso en Mayami que a un blanquito con estudios como tú.

—Lo de la reforma y el referendo a mí ni me va, ni me viene. Yo ni tengo ni tendré piscina, ni como pirarme de aquí, y a mis dos negritas no las he podido llevar ni a un barracón en la playa de Juan Fanguito, ¡por no hablar de un hotel cómico! Y asere, eso va a seguir así con Díaz-Canel, con Lazo, y hasta con el Coco Fariñas o Antúnez de presidente…

—Y mira, vamos a no hablar más cáscara de piña, que ahí viene la guagua.


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