Actualizado: 24/11/2020 19:05
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Política

Esa gaveta tiene cucarachas

Los cubanos oyen hablar de Honduras con una sonrisa entre amarga e irónica. El tema remite a un supuesto pasado de horrores que es el pan nuestro de cada día.

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Cuando a las seis de la mañana nos toquen a la puerta, debemos tener la tranquilidad de que se trata del lechero y no de las fuerzas brutas de la policía que vienen a llevarnos presos por la sencillez de no simpatizar con el poder político.

Este derecho elemental de los seres humanos acaba de ser traído a colación por la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, a propósito de la penosa crisis de institucionalidad que por estos días ha tenido lugar en Honduras.

Según la mandataria, en Latinoamérica ya quedaron atrás, y no deben repetirse bajo ningún concepto, aquellas tenebrosas madrugadas en las que bastaba un toque a la puerta para que cualquier opositor a la tiranía se despidiera temblorosamente de su familia temiendo una separación muy larga, o eterna.

Es lamentable que la presidenta Fernández lo ignore, pero ese temor y esa tétrica eventualidad que ella desgrana como anécdota del pasado, no sólo es aún presente en Cuba, sino que nunca ha dejado de serlo durante el último medio siglo. Y es, además, una de las peores pesadillas que acompaña minuto a minuto a los opositores pacíficos, a los periodistas independientes y a todo el que de alguna forma expresa en público su inconformidad con el régimen.

No son las únicas declaraciones referidas a la situación en Honduras que los cubanos hemos debido escuchar con una sonrisa entre amarga e irónica, ya que remiten a un supuesto pasado de horrores que continúa siendo pan del día entre nosotros.

Lo curioso, por calificarlo de algún modo, es que la presidenta de Argentina no constituya una excepción cuando demuestra desconocer esta realidad, que no es nueva ni yace tan oculta como para pasar inadvertida ante quienes deseen conocerla.

¿Derecho a qué…?

Hace muy pocos días, al hablar sobre los postulados democráticos que siempre respetó su gobierno, el propio presidente hondureño que fue depuesto y que ahora reclama con razón ser tratado con apego a la ley y a la justicia, mencionó el derecho a huelga como atributo natural e inquebrantable de los ciudadanos.

Sin embargo, la mayoría de nosotros podría asumir la palabra "huelga" como un raro espécimen, pues nunca hemos asistido a la materialización de una sola. Todos los cubanos que hoy tienen entre 1 y 50 años de edad, nacieron en un país donde están prohibidas las huelgas, bajo la amenaza de castigos muy severos.

Son numerosos los líderes políticos latinoamericanos y los representantes de emblemáticas organizaciones mundiales que al comentar por estos días lo ocurrido en Honduras, calificaron como fatídico, retrógrado y bárbaro el hecho de que un gobierno lance a sus fuerzas represivas contra manifestantes que salen a la calle sólo con la intención de expresar pacíficamente sus desacuerdos.

¿Desconocerán ellos que ese es uno de los más trillados procedimientos del régimen cubano, el cual, para mayor truculencia, utiliza ejércitos paramilitares en tales operativos?

¿Acaso ignoran que para resultar blanco de la violencia represiva, los opositores pacíficos de la Isla ni siquiera necesitan salir a manifestarse por las calles, ya que con habitual impunidad son los represores quienes van a buscarlos a sus propios hogares, y allí mismo los asedian y golpean, ante la vista de sus hijos u otros familiares, y ante el mudo pavor de los vecinos?

En Cuba, para desaconsejar ciertos temas de conversación que son inconvenientes, ya que pueden terminar volviéndose contra quienes los abordan, acostumbramos decir "No hurgues en esa gaveta, que tiene cucarachas".

Es lo que tal vez querría decirle nuestro régimen en este momento a los solidarios presidentes latinoamericanos y a la OEA y a la Asamblea General de la ONU.


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