Actualizado: 06/12/2021 17:08
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Yunior, Represión, Archipiélago

Fue leal para enemigos… y para amigos traidor

El autodefinido turista convirtió la victoria del 15N en una derrota

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El filme de Nikita Mijalkov Fue leal para enemigos y para amigos traidor (1974) es un western digno de Hollywood, relacionado con los difíciles años veinte del siglo pasado, y la guerra civil en Rusia. La dramaturgia gira sobre la vida, la lealtad, la traición.

La percepción sobre la lealtad, la cobardía y la traición, tiene un fuerte marco cultural. Se me antoja pensar que norteamericanos y británicos imponen una visión pragmática sobre el tema, basada en la oportunidad de negociación de intereses con los traidores, mientras que, para los acobardados, siempre se le piensa dar una segunda oportunidad. En otros espacios culturales, no se es tan tolerante. Chinos, rusos, alemanes y otros, tienen bien diseñado su costo. Si eres leal serás premiado. Pero si eres cobarde o traidor, sabrás que tu vida, “no vale un kilo prieto a la mitad”.

La cultura cubana es mas laxa. No recuerdo si fue Grau San Martín o Prío Socarrás, quienes hablaron de la “república cordial”. ¿Se puede ser más noble? Quizás por eso después de ellos, no nos hemos podido sacudir de la tiranía de las mentiras, los cobardes y los traidores.

Jorge Mañach, un poco más sabio que Grau y Prío, analizó profundamente nuestra alma. Sobre ella escribió La Crisis de la alta cultura cubana (1925), obligatorio para los estudiosos de la antropología de la intelectualidad insular de esa época, y la imperdonable, Indagación al choteo (1928), que, aunque la dictadura ha tratado de sodomizar convirtiéndola en un ensayo sobre el sarcasmo y el humor, es más bien un retrato de nuestras infidelidades morales.

“Para Mañach, alumno de un colegio español, estudiante en Harvard y París, el cubano es un ser socialmente incompleto. El mejor ejemplo es el del choteo, ‘fenómeno psicosocial’ que él considera lamentable. El choteo es la prueba de la levedad del carácter del ser cubano en los primeros años de la república, y del desequilibrio de su sociabilidad”. Así dijo en su momento el ensayista Armando Valdés Zamora. Pero, es más. El choteo cubano es el verbo fácil y vacío, aunque pueda parecer inteligente. La repetición constante de los mismos argumentos. El creer más en la palabrería que en los hechos. El performance permanente para adular al público. La definición de que “el vivo vive del bobo, y el bobo de su trabajo.” Es el capitán cebollita, y la doble moral de: Haz lo que yo digo, no lo que yo hago. Es la blandenguería ante la corrupción de la moral, comenzando por “el resolver”, siguiendo por “el jinetear” y terminando en la elite corrupta que ordeña sin miseria al Estado, sin comprender que “L’état, c’est moi”, no es una frase, ni tan vacía ni tan egoísta, como nos enseñan los nórdicos.

Se adelantaba Mañach con mucho, a la llegada del timador y tramposo por excelencia, el innombrable. El que, entre otros ejemplos, después de estimular a más de 135 jóvenes cubanos a asaltar a los cuarteles Moncada, en Santiago y Céspedes en Bayamo, nunca entró a la pelea, huyó de la ciudad y escondió durante tres días en la serranía, hasta rendirse al pundonoroso teniente Sarria. El que durante el combate de Alegría de Pío, huyó despavorido de la emboscada, dejando a sus hombres en el cañaveral, al filibustero argentino con la duda shakesperiana de ¿matar o no matar?, y a Camilo Cienfuegos gritando ¡Aquí no se rinde nadie! Camilo, como se sabe, fue asesinado tiempo después por órdenes del innombrable.

Mañach regresa a mí, a raíz del polémico aterrizaje en Barajas, de cierto “capitán cebollita”, en medio de la convocatoria a la Marcha Cívica para el 15N, por la paz y la libertad de los presos políticos promovida por Archipiélago y asumida por una gran parte de la población dentro de la Isla y el exilio. Pero, sobre todo, por el arropamiento que recibe el citado por parte del exilio madrileño, y los que en Miami nunca tiraron un hollejo a la tiranía, quizás por ese complejo de culpa de considerarse ellos también émulos del que anuncia regresará pronto.

Un análisis emocional del personaje lo hace Armonía Díaz en su cuenta de Facebook[1].

Que hizo bien escribe ella: Que los cubanos viéramos que, si se pueden unir en una acción, aunque no tengamos las mismas ideas. Recordarnos con sus acciones, que no se puede creer en nadie que sea de izquierdas.

Que hizo mal el afamado capitán, continúa la joven: Comprometer a los opositores firmando la petición para la marcha, para que después los fueran deteniendo uno tras otro. Convocar a la gente vestida de blanco que ha dado lugar a muchas mas detenciones, porque eran un cartel lumínico. Darle al régimen tres meses de oxígeno, parando el estallido social y dándole tiempo a organizar la represión. Desconvocar la marcha dos días antes, con un mensaje confuso, creando desilusión y desesperación en el pueblo. Dejar toda esa candela andando e irse a España. Declararse de izquierdas en cuanto llegó a Madrid, después de que Archipiélago había compartido una entrevista donde decía que no era comunista, confundiendo y engañando a la gente.

Ante la sabiduría popular, con la cual, por cierto, no estoy de acuerdo 100 %, hay poco que agregar. No obstante, me arresto. Ante todo, entre sus logros se puede argumentar, que atrapa el imaginario de la clase media insular, algo que no consiguió el Movimiento San Isidro, ni ningún otro líder opositor del que se tenga noticia. Su lenguaje suave, su rostro juvenil y liberal promovió el mensaje de cambio generacional, aún y para la madura oposición política. Un tópico en el que influyó el dominio de las nuevas tecnologías y sus relaciones en el mundo intelectual y artístico. También demostró a partir de los moderadores de Archipiélago, la existencia de una generación lista para asumir las riendas del país, y alejada de la dinosaúrica y casi extinta generación histórica.

Ahora bien, lo que hizo mal se complejiza mucho, pues todavía no está claro su alcance. Su primer golpe bajo fue al capital social, esa definición de la capacidad de confiar en otros y hacer proyectos comunes, y ese daño se lo hizo a la sociedad en su conjunto. Luego está Archipiélago, que vio deteriorada a partir de ese momento, no solo su liderazgo, sino además su capacidad de convocatoria hacia jóvenes e intelectuales.

En lo personal su actuar taimado y alevoso, de preparar su salida, aun y cuando seguía convocando a la marcha, de una forma u otra, habla de un mal mayor. Su irresponsabilidad al dejar a sus compañeros en el terreno, indica una cobardía propia como la del innombrable en Alegría de Pío, o el Moncada.

El gran beneficiado fue el gobierno y la abulia, que vio la oportunidad, o quizás la causalidad de sus acciones, de desprestigiar públicamente sin oportunidad de defensa al que se veía como líder de un equipo de jóvenes listos para asumir retos más importantes. El autodefinido turista convirtió la victoria del 15N, en una derrota.

Su escandalosa acción borró de los medios de comunicación, el honor y la gloria que vivieron cientos de cubanos en esos días. Desvió la atención que se prestaba a los presos políticos, y a las víctimas de los actos de repudio, sepultó en la ignominia tanto heroísmo y valor personal.

No por último. Sus cínicas y cantinflescas declaraciones en Madrid no cierran el círculo, pero permiten dejar el espacio para reflexionar, sobre quién es, y a quién sirvió realmente. ¿Si fue leal a los enemigos y… para los amigos traidor?


[1] Se respeta el estilo de Armonía Díaz.


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