Actualizado: 06/12/2019 17:18
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Economía

Fuera de la vía láctea

La leche que prometió Raúl Castro no aparece, ahora ni siquiera en el mercado negro.

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"Llevamos 50 años diciendo que hasta los siete años. Hay que producir leche para que se la tome todo el que quiera tomarse un vaso de leche". Eso dijo Raúl Castro el 26 de julio de 2007. Siete meses después, miles en La Habana revuelven los escondrijos del mercado negro en busca del lácteo en lo que parece una misión imposible.

La mayoría de los proveedores clandestinos se cruzan de brazos. Hay telarañas en muchos almacenes.

René J. pedalea todos los días hasta una bodega a casi dos kilómetros de su casa. "Siempre tenían. Ahora no. No sé qué pasa. Sequía total, me dicen", cuenta con desaliento este padre de familia con dos hijos adolescentes.

Sólo los niños hasta siete años, las embarazadas y los enfermos con diferentes patologías, estos últimos mediante estrictas dietas médicas, pueden adquirir en el mercado normado una cuota de leche que debe durar todo el mes. De ahí la frase del ahora gobernante, que dicha fuera de guión resultó censurada en la versión oficial del discurso por el aniversario 54 del asalto al cuartel Moncada.

Algunas dietas tienen su precio: 10 CUC para adultos y 30 CUC para infantes es lo que piden algunos médicos por cometer fraude.

El resto de la población, de 11,2 millones, es pasto del dilema: debe buscar el producto en el mercado negro o acudir a las tiendas de recaudación de divisas, donde un kilo sobrepasa los 6 CUC, casi la mitad del salario promedio.

En la llamada bolsa negra, una libra cuesta entre 20 y 25 pesos, si es descremada o entera, respectivamente. Puede que la actual crisis traiga consigo la marca de una mordida inflacionaria.

Desvío casi imposible

"Sí, conseguí, pero a 30 pesos la libra", advierte un chofer de taxi estatal que se la pasó recorriendo "todos los puntos habidos y por haber".

En una de las bodegas, el taxista soportó el duro reproche de una empleada: "Ustedes, los tomadores de leche, son los culpables. Se la han pasado acusando a los bodegueros de vender por fuera y ahora la que traen viene supercontada".

Las últimas entregas para dietas médicas son cartones de un kilo provenientes de Argentina, por lo que su desvío hacia el mercado subterráneo se hace casi imposible, debido a la contabilidad estricta del producto.

La escasa leche que actualmente se filtra "por la izquierda" es parte del paquete que el Estado destina a hospitales, guarderías infantiles, hogares de ancianos, industria hotelera o procesadoras de alimentos.

Cerrar los grifos del delito lácteo, entre otras muchas ilegalidades, es una de las metas del gobierno, que intenta obligar a más personas a comprar el caro kilogramo en las tiendas de pesos convertibles para, en parte, sufragar las compras cada vez más penosas en el exterior.

En junio pasado, el vicepresidente Carlos Lage mostró sus matemáticas al público.

"Hace tres años la nación caribeña importaba 60.000 toneladas de leche en polvo, para garantizar el alimento a menores de cero a siete años, con un precio de 2.000 dólares la tonelada, la cual se cotiza en estos momentos a más de 5.000 dólares la tonelada", cuantificó entonces el ejecutor de la política económica.

Justamente en 2005, Pedro Álvarez, presidente de la empresa estatal Alimport, reveló que Cuba consume cerca de 100.000 toneladas de leche al año, de las cuales 55.000 toneladas deben ser compradas en el exterior, especialmente en Nueva Zelanda, pues el país carece de capacidad para producirlas.

Ese año, Alimport cerró contratos con la empresa Dairy America, con sede en California, para la compra de leche en polvo por valor de 22 millones de dólares.

Dependencia exterior

"¿Por qué no destinan todos esos millones a producir la leche aquí, en nuestros campos, con nuestras vacas?", se pregunta Elizabeth V., una contadora pública. Su inquisitoria es la de muchos.

El gobierno ha dado sus primeros pasos, "pero está gateando en esto como en mucho", coteja la empleada.

Los ganaderos de unidades estatales y cooperativizadas y productores privados gozan de un poco más de aliciente que antes. Ahora guardan los toros dentro de las casas —pueden costar hasta 20.000 pesos— y se esmeran en la calidad de los ordeños, pues el litro llega a pagarse oficialmente a 2,40 pesos, o incluso más si tiene condiciones excepcionales.

También asumen el acarreo de leche por medios propios a las bodegas, un esquema que el Estado acaba de abandonar.

Orlando Lugo Fonte, presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), dijo que la medida hizo descender en 6.000 toneladas la adquisición de leche en polvo en el exterior, equivalentes a 30 millones de dólares, según los precios actuales.

En 2006, el 23% de la leche consumida en Cuba provino de las vaquerías. El resto se elaboró con leche en polvo importada, unas 60.000 toneladas, que costaron al país 145 millones de dólares.

A las plantas pasteurizadoras se llevaron 254 millones de litros, pero sólo el 45% fue procesada para su distribución entre la población. El resto no lograba la calidad mínima para tal destino.

Entre los asuntos del nuevo parlamento está la discusión y aprobación de la llamada "tercera ley de reforma agraria" o "ley de la tierra", cuyo texto se desconoce por la mayoría ciudadana, pero su contenido fue deslizado entre los agricultores, tanto estatales como privados, en procura de sugerencias.

Pero tales medidas podrán caer en saco roto si los males estructurales persisten.

Sigue el marabú

"La primera gran carencia de la agricultura, reconocida ya por casi todos, es la falta de la autonomía que demanda su naturaleza", escribió el analista Dimas Castellanos.

En un artículo aparecido en la revista digital Consenso, redactada desde la Isla, como advierte su cabecera, este economista reclama "emprender transformaciones estructurales dirigidas a la democratización de las relaciones económicas, con independencia de cualquier interés partidista o ideológico".

Una despolitización de la gestión económica no parece estar a la vuelta de la esquina. Hasta ahora ha sido uno de los resortes del poder. Sin embargo, quiérase o no, dadas las urgencias admitidas y el propio peso de la opinión generalizada, habrá que deshacerse poco a poco de las cribas ideológicas.

Tan sólo en la provincia de Villa Clara, el 65% del área dedicada a ganadería estatal está infectada de marabú-aroma, un arbusto que malogra los terrenos.

En noviembre pasado, la revista Bohemia, citando a especialistas del Ministerio de la Agricultura, aseguró que el antídoto más efectivo contra el marabú es el aprovechamiento agrícola de la tierra, "y por eso destaca la necesidad de utilizar inmediatamente esos suelos, a fin de que no vuelvan a crecer las especies indeseables".

Según datos oficiales, el 30% de las tierras dedicadas a la agricultura estaba en poder del marabú, entre ellas el 43% de los pastizales.

Si este panorama no cambia, el simple vaso de leche que Raúl Castro dice querer para cualquier ciudadano, podría esperar otros 50 años.


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