Actualizado: 09/12/2019 13:16
cubaencuentro.com cuba encuentro
| Cuba

Economía

Ganando tiempo

La morosidad en el pago de los electrodomésticos: ¿Un desquite encubierto contra las autoridades o la constatación de que no da la cuenta?

Enviar Imprimir

¿Boicot? No, si pensamos en los colonos norteamericanos y el embargo del té o en el Ghandi de la resistencia a los productos ingleses. Pero, salvando las distancias, algo de eso hay en los miles de cubanos que no pagan sus deudas con el banco.

"Hay facilidades, pero así y todo el dinero no me alcanza", explica Elvia, madre de dos hijos y residente en la provincia de Sancti Spíritus.

Esta joven es una de los miles de cubanos que han contraído deudas con el banco en el contexto de la llamada "revolución energética".

Adquirió por reposición un refrigerador de poco más de 3.000 pesos. Tuvo que entregar "el frío ruso" para obtener un equipo chino "más chiquito, pero menos gastador de corriente".

Como tecnóloga en alimentos, gana cerca de 300 pesos y algún que otro fin de semana viaja a La Habana para vender queso a veinticinco pesos la libra. Evade las requisas en los trenes con una mochila de doble fondo.

"Me las veo negra con los dos chiquillos", comenta antes de tomar el tren que la devolverá a su ciudad. En total recorrerá poco más de 600 kilómetros en diez horas del sábado. Extenuante. Sin embargo, su rostro transpira felicidad. Ha vendido todo el queso blanco.

Pese a los dividendos de su negocio lácteo, esporádico y riesgoso, Elvia es técnicamente una morosa. No paga en tiempo las cuotas del préstamo bancario. El interés es de apenas el dos por ciento, tomando en cuenta su salario oficial.

Soberón aclara 'el concepto'

En diciembre último, el gobierno lanzó la alarma. Al hablar ante la Asamblea Nacional, el ministro-presidente del Banco Central, Francisco Soberón, precisó que el impago de los equipos electrodomésticos alcanzaba poco más del 30%.

El alto cargo señaló la existencia de comisiones a nivel municipal que analizaban individualmente cada caso y buscaban soluciones.

Soberón fue crítico con las deficiencias organizativas en todo este proceso. Hasta diciembre, el Estado había suministrado a la población unos doce millones de artículos entre cocinas, ollas y calentadores eléctricos.

En unos meses, los bancos otorgaron cerca de tres millones de créditos, lo que significó, según el titular, un volumen financiero equivalente al 7% del Producto Interno Bruto del país.

"El concepto es recaudar el dinero por los artículos entregados a los ciudadanos", dijo entonces Soberón ante los diputados, recordando de soslayo que la reducción de la liquidez monetaria sigue siendo una prioridad del gobierno para controlar en algo la inflación rampante.

En una reunión, a mediados de marzo último, entre el vicepresidente Carlos Lage y los presidentes provinciales del Poder Popular se supo que el pago de artículos acumulaba el 74%, lo que para las autoridades bancarias significaba un respiro.

Un par de meses atrás, las cosas habían llegado a un punto muerto. El Estado paralizó la distribución de los artículos en espera del dinero de los morosos y evitando que otros hicieran lo mismo. La medida repletó los almacenes y comenzaron las consabidas fugas hacia el mercado sumergido.

Hoy se puede adquirir por 200 ó 250 pesos convertibles un equipo de aire acondicionado. Sólo tiene que dar con el trabajador social adecuado o, en su defecto, con la conexión entre este último y el comprador dinero en mano.

La lista del Cerro

A un almacén de Centro Habana llegó un camión con treinta equipos. La responsable del lugar obligó a sus transportistas a abrir la mercancía caja por caja. "Había seis vacías. Me negué a aceptar el lote", recuerda la funcionaria.

En Ciudamar, una barriada del conflictivo municipio capitalino de San Miguel del Padrón, una bodega embargó la cuota de aceite y otra la de cigarrillos, en espera de que los remisos pagasen sus deudas. La medida alborotó al vecindario y tuvo que ser recusada.

En el también capitalino municipio Cerro los retardados en los pagos van a parar a la picota pública. Sus nombres aparecen en listas colocadas en las bodegas.


« Anterior12Siguiente »