Actualizado: 27/05/2020 15:36
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Educación

Graduado de secundaria, maestro de primaria

La crisis se debe a la mediocridad dogmatizante de los programas de estudio y al maltrato sistemático que sufren los educadores.

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Estudiantes de primaria, durante un acto en La Habana. (AFP)

Estudiantes de primaria, durante un acto en La Habana. (AFP)


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No escampan las malas noticias relacionadas con el sistema de educación en Cuba. A fuerza de ser alarmante y turbador y triste, el tema está a punto de rayar en la tragedia.

La última novedad (hasta el minuto en que fueron redactadas estas líneas) tiene que ver con los estudiantes de secundaria básica que, al concluir este año el noveno grado, aceptaron recibir preparación para convertirse en maestros de primaria.

Con el claro objetivo de atraerlos, ya que eran muy escasos los que estaban dispuestos a optar por la variante, las autoridades de Educación les habían extendido a estos alumnos un ofrecimiento tibiamente atractivo, dadas las circunstancias:

Pasarían un curso de dos años para convertirse en maestros, a la vez que, previo el compromiso de ejercer esta profesión durante ocho años, iban a facilitarles matrículas en las carreras de letras de su preferencia, para cuyo ejercicio serían liberados tan pronto cumplieran su acuerdo de trabajo con el sistema de educación.

La oferta reportó beneficios a los planes de captación de las autoridades, pues a los educandos les resulta cada vez más difícil alcanzar matrículas para estudiar carreras de letras. Es verdad que no pasaba de ser una coyunda de remedio, tanto para el que ofrecía como para el que aceptaba. Pero a falta de pan, casabe. Al menos representaría un paso hacia la lucecita en el final del túnel.

Sin embargo, para sorpresa de todos, el Ministerio de Educación acaba de cambiar radicalmente los contenidos del acuerdo. Y como siempre sucede en esta isla, los últimos en enterarse han sido los más implicados y afectados.

Una vez realizados los trámites de ingreso en las escuelas para maestros primarios, y, sobre todo, cuando ya no tienen la posibilidad de elegir otras opciones de estudios como egresados de secundaria básica, a estos alumnos se les notifica que su compromiso para prestar servicios durante ocho años en el magisterio, ha sido alterado unilateralmente por las autoridades, por lo cual estarán obligados a trabajar en ese sector durante toda su vida laboral.

Y como ya no se les permitirá ejercer funciones al margen del magisterio, queda también abolida la promesa de ofrecerles la posibilidad de estudiar otras carreras. Sólo pueden aspirar a matrículas para licenciatura en maestro de primaria.

Otra raya para la cebra

Era de esperar que estos adolescentes, y sus padres, consideren que fueron manipulados y aun burlados. Igualmente es razonable que la reacción de muchos entre ellos sea querer renunciar a su condición de aspirantes a maestros.

Tal vez por eso el Ministerio de Educación tuvo a bien informarles las malas nuevas cuando ya nos les queda tiempo ni oportunidad para aspirar a otras opciones de estudios. En el mejor de los casos tendrían que escoger las sobras, los rastrojos, aquellas alternativas que todos los demás alumnos desecharon.

Tal es ahora el dilema de estos estudiantes. Pero no debe ser únicamente el suyo.

El origen de la crisis (al parecer ilimitada) por la que atraviesa desde hace años el sistema cubano de educación, radica no sólo en la mediocridad dogmatizante de sus programas y métodos de estudios, sino también, y quizás ante todo, en el maltrato y la falta de estímulos y de consideración que han sufridos los educadores, sistemáticamente, casi como estilo de trabajo. Y ya lo dejó dicho el dicho: no pueden tirar flores aquellos a quienes se les tira cañonazos.

En fin, otra raya para la cebra, que de tan rayada pinta para caballo negro, salvaje y al pelo.


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