Actualizado: 17/08/2018 22:24
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Granada, Tortoló, Militares

Granada: 30 años después

Se tiró a relajo la pericia de un militar de academia que siguió la regla de retirarse de un combate perdido

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Este fin de semana, la prensa de Miami abordó la invasión a Granada por EEUU en 1983. Algunos pasajes de la cobertura indican con qué imprecisión se cuentan y contarán las peripecias del problema cubano.

El Nuevo Herald arrancó así: “Cuando las tropas estadounidenses y cubanas se enfrentaban (…), los medios oficiales de prensa de La Habana reportaban que los ‘gloriosos combatientes’ cubanos estaban en ese momento ‘inmolándose por la patria envueltos en la bandera cubana’. Eso no fue cierto.”

Tampoco lo fue cuando “se enfrentaban” americanos y cubanos, sino tras concluir los combates y por eso mismo no se reportó los “gloriosos combatientes,” sino específicamente “los últimos.”

A esta distorsión de aquella nota tan falsa como estremecedora de La Habana sobre el último reducto de la resistencia cubana en Granada, sigue el enfoque incoherente del Herald sobre la mala suerte que corrieron después los vicarios de Fidel Castro: “Su principal jefe militar en Granada, el coronel Pedro Tortoló Comas, fue enviado a Angola y la última noticia confirmada sobre él era que manejaba un taxi en La Habana. Y su embajador ante Granada, Julián Torres Rizo, se anuncia ahora como guía de turismo en La Habana.”

Es bonanza para un ex diplomático tan viejo ser guía turístico en la capital, como también lo es para un ex coronel del MINFAR ganarse la vida “con su Lada personal,” mientras otros muchos coroneles retirados andan a pie sin esperanza. Y la dicha de Tortoló es mayor, porque el Dr. Brain Latell ya lo había matado en su libro Después de Fidel (Editorial Norma, 2008): “El coronel Tortolo (…) cayó en desgracia. Fue degradado a soldado raso y enviado a la guerra de Angola, donde murió poco después” (página 246).

La caída de Tortoló

Si “la última noticia confirmada” es que Tortoló sobrevivió a la guerra de Angola, parece lógico discutir la sociología barata con que se despacharon “recuerdos cubanos de Granada” en el Diario las Américas: “Solo los mayores de 60 años pueden hoy dar algunos detalles de lo ocurrido. La mayoría lo que recuerda es que en 1983 el chiste de moda decía: Si quieres correr veloz, cómprate un par de tenis Tortoló.” Así se tiró a relajo la pericia de un militar de academia que siguió la regla de retirarse de un combate perdido, sin posibilidad alguna de retirada colectiva, y consiguió burlar el cerco enemigo.

Luego de que el líder granadino Maurice Bishop fuera depuesto y arrestado (12 de octubre de 1983), Castro llamó (15 de octubre) al nuevo liderazgo a la unidad para resolver la situación política. Al ser asesinados Bishop y otros (19 de octubre), Castro pidió juzgar a los responsables de estos “crímenes de injustificables” como única forma de “preservar el proceso revolucionario.” Ante la inminente invasión americana, Castro informó (22 de octubre) al gobierno de Bernard Coard, a la cual tachaba de “grupo Polpotiano,” que las tropas cubanas no iban a defenderlo, tanto por “consideraciones políticas” como por “razones objetivas” de índole militar.

Sin embargo, Castro instruyó a su embajador (23 de octubre) que los cubanos allí se mantuvieran junto a los granadinos para enfrentar a los invasores. Tal decisión se justifica por la “política de principios,” pero resulta tan desatinada como enviar tropas regulares, sobre todo porque la crisis había sido desatada por los propios granadinos. Y en este contexto fue que el coronel Tortoló voló a Granada, donde apenas había 43 asesores del MINFAR y 9 del MININT junto al personal civil, para totalizar 784 cubanos.

Castro compararía a Tortoló con Antonio Maceo y lo recibió al pie de la escalerilla del avión. El coronel se cuadró y largó que la misión encomendada por “el Partido y usted” había sido cumplida. Sólo que el constructor Mario Martín Manduca testimoniaría por televisión que, cuando resultó herido en la columna vertebral y miró a su alrededor, “el coronel no estaba allí.”

La misión

Ese cuento es más largo. El teniente coronel Orlando Matamoros López, jefe de la defensa del campamento denominado “Pequeña Habana,” precisó que “teníamos la misión de mantener nuestros campamentos y proteger las áreas de trabajo, y que si no nos agredían no atacar a nadie. Pensábamos que los americanos iban a evacuar a sus estudiantes y se retirarían, pero con posterioridad a su desembarco, comenzaron a atacar nuestras posiciones y a tomar prisioneros.”

Luego de resistir “todo el día 25”, por la noche el coronel Tortoló “me abasteció de municiones y cargamos el cañón pequeño [para] defendernos si utilizaban alguna técnica blindada.” Al amanecer, “nos tiraron con morteros, aviación, cañones, ametralladoras (…) El cuarto morterazo que cae es el que me hiere (…) Tortoló llega hasta donde yo estoy con intención de evacuarme [y] en ese mismo momento cae la granada que mata a Carlos Díaz [funcionario del Departamento América] y otro compañero que estaba junto a él. Ahí yo le dije a Tortoló que no esperara más, que se fuera, que aquello lo iban a destruir, que aprovechara que había una nube de polvo y humo (…) Ahí estuve hasta que se me agotaron las balas.”

El 5 de noviembre de 1983, Tortoló atestiguó que los invasores ocuparon la pista de Punta Salinas “y apoyados por su superioridad numérica y técnica, iniciaron el avance y abrieron fuego contra las áreas de trabajo y los campamentos cubanos. Fue entonces que se trabó combate contra las tropas yanquis.”

Al parecer los cubanos cumplieron estrictamente las órdenes, porque no abrieron fuego contra los paracaidistas en descenso. Tortoló puntualizó que “los ataques del primero y segundo días estuvieron dirigidos contra los cubanos, porque incluso no se desplazaron en dirección a la capital, Saint George, hasta el 27. El campamento nuevo de los constructores fue destruido totalmente y las edificaciones de nuestra misión militar eran blanco directo y continuo.”

Tortoló mandó acertadamente a replegarse a puntos elevados y la resistencia, con armamento ligero (fusiles AK con 300 tiros, lanzacohetes RPG con 3 proyectiles y unas pocas ametralladoras), duró tres días. Tortoló fue herido levemente en una pierna y con otros logró romper el cerco para refugiarse en “la embajada de un país amigo,” establecida desde el año anterior con el general de la inteligencia militar Gennadiy Sazhenev como embajador.

Todo parece indicar que actuó con tino militar frente a fuerzas abrumadoramente superiores en número y armamento. Nunca se rindió y acabaría degradado por motivo puramente político-ideológico: no haberse inmolado.

Coda

El historiador militar Richard A. Gabriel dedicó el capítulo 6 de su libro Military Incompetente (Macmillan, 1986) a la invasión de Granada (páginas 149-85). Aquí subrayó que la 82 División Aerotransportada lo hizo muy mal frente a unos pocos cientos de constructores cubanos. Avanzó tan solo 5 kilómetros en tres días y se perdieron por lo menos 9 helicópteros frente a un enemigo débil.”

Gabriel agrega que unos 7.000 efectivos participaron en la Operación Urgent Fury, pero el Pentágono concedió 8.633 medallas (página 184). Una de ellas fue a parar al sargento de hierro que Clint Eastwood interpretó en Heartbreak Ridge (1986).

Quizás con las mismas furias y urgencias de esta película de entretenimiento, la prensa de Miami prosigue rebajando el episodio de los cubanos en Granada, tres décadas después, a las historias de un coronel en fuga, que son el reverso del silencio o la exaltación con que la prensa en La Habana trata el mismo tema.


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