Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Deshielo, Cambios, EEUU

Guion

En Cuba hay material de primera para armar un buen guion para una serie original de Netflix

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Las productoras norteamericanas de cine y televisión miran hacia la Cuba semipermeable.

El escenario de una isla, hasta hace poco poco más que hermética, inaccesible al diálogo, al negocio, a la bonanza, desfasada con este siglo que ya es todo un adolescente, se les antoja exótico. O, al menos, eso pretenden hacer creer a los consumidores norteamericanos. Tienen por delante, sin embargo, una tarea difícil.

Los americanos están familiarizados con el estereotipo de pays terrible —México— que les presentan en películas y series, y con el arquetipo de pobreza de los arrabales latinoamericanos que ven en noticieros, y en más peliculas, y en más series.

Se van entonces a decepcionar cuando vean que la tal Cuba exótica es apenas otro desastre más de allende el sur de la frontera, con la sola diferencia de que por las calles deslucidas, en lugar de autos de 2016, circulan nostálgicos carros americanos de los años cincuenta, acicalados como put… veteranas venidas a menos.

Pero la idea de los astutos y siempre oportuno-oportunistas empresarios americanos no es que perdure la novedad, sino precisamente aprovecharla mientras dure. Capitalismo 101.

Ya se vio algo parecido cuando se desplomó el campo socialista e hicieron su entrada los mafiosos rusos y albaneses en televisores y cines. Entre otras cosas, porque eran quizás el producto exportable más interesante de esos países para el consumidor americano de películas de bajo presupuesto, y porque al final resultaron ser algo real: eventualmente llegaron y se establecieron en Estados Unidos, haciéndose de una cuota del inagotable mercado de ilegalidad de este país.

Lo de Cuba es diferente.

El americano promedio conoce sobre Cuba que es un país comunista, que está cerca de Miami, del que la gente huye en balsas, de donde vienen los habanos (Or is Dominican Republic the place the come from...? Not sure now), y donde vive Fidel (The Cuban President is his brother or cousin, or something, right?)

Para colmo, ni siquiera la delincuencia cubana tiene el retorcido glamour de los hampones rusos, chechenos o italianos, legendarios, hiperviolentos y eficientes.

Los delincuentes, que están en Cuba, no son tampoco esos narcotraficantes tercermundistas con fastuosas propiedades e increíbles historias para contar; a su vez, los que están en Estados Unidos son estafadores o traficantes de poca monta, que el FBI atrapa como moscas atontadas por la mierda de un perro, y cuya mayor incursión en la fama han sido sendos editoriales publicados en el Sun Sentinel donde, como si no bastara con nuestro mediocre desempeño como inmigrantes, se ha enturbiado aun más la imagen de la comunidad cubana en el sur de la Florida.

Cuba, entonces, es escasamente noticia.

O lo era hasta ahora, que se hace notoria bajo los empujones de este deshielo a regañadientes. Y, como decía, aprovechando esos tortuosos senderos que van apareciendo, están llegando las productoras en busca de un mojito frío, tras la saga de Hemingway, el americano más famoso que haya pisado Cuba después de Theodore Roosevelt; quieren el siguiente capítulo de alguna serie y confían en encontrar, con suerte, un par de villanos novedosos.

Vienen buscando un guion.

Sin embargo, hay que pulirla para sorprender a la audiencia de Estados Unidos, donde lo grotesco es el pan de cada día en noticieros y shows televisivos. Nadie se va a impresionar particularmente por la Habana demolida, por los sexo-turistas mexicanos y europeos, o por niños semidesnudos correteando en barrios insalubres. La televisión y el cine americano están saturados de cosas como esas.

Y toda vez que es probable que a los americanos tampoco les interesen las historias de jineteras y pingu…s que en algunos países de Europa han tenido cierta resonancia, pienso que vienen en camino programas cargados de jolivudesco kitsch tropical, carros estridentes, y vociferantes cubanos cargados de cadenas y collares de santería.

Me pregunto si de veras es necesario ir hasta La Habana para tener esos escenarios. Miami está, obviamente, underrated.

Pero no hay que llamarse a engaño: en Cuba hay muy buenas historias, con ramificaciones en toda Latinoamérica, España y, por supuesto, en Estados Unidos.

Los lazos entre narcos y y el Departamento MC; las andanzas del Departamento América por todo el subcontinente, fomentando guerrillas y organizando secuestros; las guerritas privadas de Fidel Castro por toda África; las estaciones de espionaje en el DF y Madrid, los agentes cubanos en EEUU; la conexión nicaragüense, Venezuela, Montoneros, Tupamaros, ETA, la guerrilla colombiana.

Vamos, que en Cuba hay material de primera para armar un buen guion para una serie original de Netflix.

Y si acaso no fuera suficiente con todo ello, pues aun están por contar las venturas y vida de los nuevos ricos, de la familia gobernante, de sus vástagos y sus pininos de jet set de guardarraya —que se pinta solo para un reality show, “Los Castros en su finca”—; o sobre el destino del dinero que recauda el Gobierno, o de la terra incognita post Raúl Castro, o acerca de tanto desalmado viviendo en Estados Unidos o turisteando en Miami y Nueva York después que la ubre, de la que mamaban en sus usurpadas casas del Vedado, Miramar y Nuevo Vedado, se secó.

Pero nada de eso, me temo, va a suceder.

Nadie va escribir sobre esos temas; al cabo, si no lo hacen los de adentro, ¿qué esperar de los de afuera? De nuevo, al consumidor norteamericano no le interesan esos detalles que ni siquiera entiende bien, o que simplemente le van a parecer iguales a los de tantas otras historias que ya le han contado. A los televidentes norteamericanos les interesa el morbo, pero no la sustancia de un drama lejano y ajeno.

Para que se venda el guion, tiene que ser cosa light, de utilería, como los programas de Anthony Bourdain tomando caldosa con un variopinto grupo, donde cuesta separar a los miembros de UNEAC de los compañeros de la Seguridad del Estado. Y de nuevo: eso el televidente americano no lo sabe, ni le interesa; al cabo, what the f… is UNEAC?

Quizás veremos entonces algún capítulo de alguna serie donde un prófugo de la justicia americana deambula por las calles eusebioleálicas de la Habana, Vieja con colorete, hasta que un comando del FBI lo atrape, justo antes de que entre en San Isidro y se les jo… el escenario; o tal vez será un CSI Habana cooperando con un CSI Miami, identificando a emigrantes masacrados por los traficantes de personas en la casi extinta ruta Ecuador-Miami. En cualquier caso, profusión de carros viejos, el Malecón, gente bebiendo ron de cajitas de cartón, tabaqueros liando habanos y, sin que quede lugar para sorpresa, Hugo Cancio en un cameo de empresario binacional. Algo así será el guion que se prepara.

Guion que ansían esas aves de paso de Hollywood y Nueva York, que van a mi país como se va a un zoológico.

Después, todo se olvidará de prisa. Los focos se apagarán, y al día siguiente nadie recordará lo que vió en la televisión. Los herederos del poder en la isla lo agradecerán; así podrán seguir su carnaval privado en la paz, sin un Sun Sentinel que los exponga, ni un Oliver Stone (sí cómo no...) que se vista de largo y haga una buena película con ese guion de ignominia que lleva décadas escribiéndose.

Cuba dejará entonces de ser novedad y noticia, otra vez; el color terrible de las sociedades en bancarrota, que decora las ruinas de La Habana, no mantendrá vivo por mucho tiempo el interés de las productoras, que seguirán viaje en su eterna búsqueda de algo nuevo que vender.

La van a volver a olvidar, a Cuba la triste y, me temo, esta vez, se quedara sin guion para siempre.


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