Actualizado: 28/05/2020 19:58
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Cine, Espías, Avispa

Hablando de «Wasp Network»

Sobre espías cubanos, Miami y una película

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La diferencia entre obra de arte y pieza de comunicación, a veces es clara. Otras, confusa. Hay piezas de comunicación consideradas obras de arte. Mientras, las obras de arte, logran su objetivo supremo cuando comunican. Lo terrible, es cuando la pieza de comunicación, no comunica y la obra de arte es mera pieza de comunicación. Esta entelequia nos lleva a la estética, al camp y hasta el kitsch. Pero, prefiero huir de esa discusión intelectual, para hundirme en el filme.

La red avispa (Wasp Network, 2020), filme del condecorado director Oliver Assayas, es una pieza que intenta abordar las relaciones Cuba-Estados Unidos, a partir de la historia personal de dos de los protagonistas. Un espía (Edgar Ramírez), y su esposa (Penélope Cruz), espía también. Ambos al servicio de la policía política de una tiranía, con el objetivo supremo de controlar las actividades, subversivas o no, de la comunidad exiliada en un país democrático.

El audiovisual, se inspira en el libro del brasilero Fernando Morais, con título Los últimos soldados de la guerra fría. Una defensa del trabajo aficionado de un grupo de espías conocidos posteriormente como red avispa, que llevo a juicio a casi 12 cubanos residentes en Estados Unidos, donde cinco fueron condenados mientras los otros colaboraban con la fiscalía.

La pieza, tiene como gancho para el gran público, ser bilingüe (inglés-español), y tener un selecto grupo de actores internacionales como Penélope Cruz, Edgar Ramírez, Gael García Bernal, Wagner Moura. Además de los nacionales Ana de Armas (residente en Estados Unidos), Juan Carlos Roque, Edwin Fernández, Jorge Alí, y Antolín Marín. Este ultimo en el rol de taxista, con un bocadillo que marca el filme. Dirigiéndose a su cliente extranjero dice: “¡Usted haga lo que quiera, como si se quiere quitar los pantalones! ¡Usted, es el cliente!”.

Y esta es una de las características del filme. Los actores cubanos, encarnan mejor sus encartonados roles, que las “superstar” internacionales, con la excepción de la “muñequita de biscuit”, usada de gancho con un desnudo fuera de lugar, y el encomiable esfuerzo de Penélope Cruz, por hablar como si fuera habanera.

El sonido, es uno de los pecados originales del filme. Incorpora el arrastre del portugués de Wagner Moura, que hizo un gran esfuerzo sin lograrlo, para convertirse en espía y especie de gigolo de la policía política. Este se casa con una norteamericana de ascendencia latina para obtener residencia norteamericana. Además, consideremos el mal ingles de los actores hispanohablantes. Eso sí. El sonido, desaprovecha, la rica producción de música cubana de principio de los 90, para dar época, o estados de animo o la complejidad de las situaciones. El audiovisual sería otro, si hubiera aprovechado la banda sonora de Willi Chirino, Celia Cruz, o Juan Formell, por solo citar tres nombres de ambas orillas.

Lo otro que queda para este intento de filme histórico, son gazapos e inexactitudes. Un minibús ruso de la actualidad, con señalética de Cuba Taxi incluida, rodando en el Miami de 1990. Otra reconocida marca de taxis cubanos, Gran Car (almendrones), supuestamente en una boda en Miami. Buses de la compañía Palco (del Consejo de Estado de Cuba) rodando en Estados Unidos. Esto entre muchos otros, como los diálogos de los pilotos de combate que derribaron los aviones civiles de Hermanos al rescate.

Comentando sobre diálogos, sobresale para esta pieza de espías y supuestas convicciones ideológicas, lo fáciles, vulgares, falto de complejidad y creatividad, para supuestas situaciones dramáticas complejas, y donde se encartona a los opositores a la dictadura (comprensible para los intereses del director), como también a los defensores de la tiranía. Tal encartonamiento y falta de alcance, da la poca preparación y elaboración del guion. Las joyas de la corona, se pueden encontrar en los diálogos de Ana de Armas y Wagner Moura. Los de Penélope Cruz y Edgar Ramírez. O los de Ramírez, con Gael García. Quizás este tema del encartonamiento de los personajes y los diálogos, es una de las razones por los que la censura comunista impida la proyección de esta pieza en las salas cubanas, o por televisión nacional.

La fotografía, plana por definición, se desordena con la introducción sin necesidad imágenes documentales. Delante del espectador se suceden imágenes del Maleconazo en 1995 (quizás otra razón para no proyectarla). La entrevista de Lucia Neumann, corresponsal de CNN en La Habana al tirano, donde este se dice y contradice continuamente. O imágenes de personalidades de la oposición como el abogado Dr. Gómez Manzano o el ingeniero Bonne Carcasés. Todo, sin justificación creativa.

Coda

Sin pose de crítico, Wasp Network, más que un filme de ficción, es un publirreportaje histórico o docudrama ficcionado. Como lo primero, trata de vender una idea a colmo de lugar. Aunque peca en su discurso del encartonamiento de la realidad, dejar muchas zonas oscuras y no centrarse en la memoria elegida, por lo que se convierte en una historia excesivamente parcializada. De ahí lo difícil de calificarla como un docudrama. Para ello debió acercar su punto de vista al otro, aunque usara un pastiche.

Como pieza audiovisual, es prescindible.


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