Actualizado: 04/12/2022 4:31
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Siria, Política, ONU

¿Hacia dónde va Cuba?

Los cubanos solo reciben informaciones deformadas sobre lo que acontece en Siria, a través de las declaraciones de los representantes del Gobierno sirio, visitantes asiduos, y medios de prensa controlados

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El Gobierno cubano ha considerado la Asamblea General el más prestigioso foro de la Organización de las Naciones Unidas, como expresión de la mayoría de los miembros, si bien sus resoluciones no son vinculantes, o sea, de obligatorio cumplimiento como las del Consejo de Seguridad. Así se proclama desde La Habana cuando año tras año se aprueba mayoritariamente la resolución demandando el fin del embargo económico de Estados Unidos a Cuba, al tiempo que se lanzan improperios contra países que votan en contra o se abstienen.

Parece que en los últimos tiempos los integrantes de la ONU están obnubilados, y solo la minoría es capaz de percibir la realidad, incluso más que los pueblos levantados en el Medio Oriente. Siria es la más reciente muestra. El apoyo a ultranza mantenido por Cuba a Bashar al Asad se asemeja al conferido a Muamar el Gadafi, si bien las situaciones tienen sus particularidades. Posiblemente los consejos a los aliados hayan sido contraproducentes, pues en lugar de ayudarlos a la concertación y hasta aprovechar las ofertas de salida antes de que el derramamiento de sangre los pusiera frente a un tribunal, los ha acompañado hacia un trágico final.

La Asamblea General de la ONU adoptó una resolución que demanda al Gobierno sirio el cese de la violencia y la búsqueda de solución al conflicto armado, el 6 de febrero. Fue aprobada con 137 votos a favor, 12 en contra y 17 abstenciones. Tenía como antecedente la resolución del 22 de noviembre de 2011 que condenaba la represión contra la población civil y pedía el fin inmediato de la violencia que ya había causado 3.500 muertos. En ambas coincidieron en contra: Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Irán, Siria, Corea del Norte, Bielorrusia y Zimbabue. Rusia y China se abstuvieron en la primera ocasión, pero votaron en contra durante la última. Incluso el Consejo de Derechos Humanos, donde Cuba y los países del ALBA se ufana de avanzar sus posiciones, aprobó una resolución de condena a la represión por el Gobierno sirio el 21 de noviembre.

En cuanto a Rusia y China, se conoce que han obstruido la aprobación de resoluciones en el Consejo de Seguridad en octubre de 2011 y el 3 febrero, aunque los textos negociados no condenaban sino que pedía al Gobierno sirio la búsqueda de entendimiento y el cese de la violencia. Muy activas han estado las máximas autoridades de ambos países, porque la caída de Al Asad lesionaría muy seriamente sus intereses en la zona. En este caso no se ha previsto una intervención armada por la OTAN como en Libia, y la Liga Árabe ha presentado proyectos de resolución junto a los países occidentales. Indudablemente la situación es muy complicada, y al parecer las fuerzas contrarias al régimen sirio no son homogéneas y elementos de Al Qaeda se han introducido en el país. Están en juego también Israel, Irán, (Hezbollah) del Líbano.

Los cubanos recibimos las informaciones deformadas sobre lo que acontece en Siria, a través de las declaraciones de los representantes del Gobierno sirio, visitantes asiduos, o del corresponsal de Telesur, muy próximo al régimen, las Mesas Redondas de la televisión y los periódicos nacionales. Las autoridades isleñas se significan con los regímenes más opresivos, que están quedando en notable minoría, y se arropan cuando los pueblos están derribando a sus opresores. Mientras, apoyan los reclamos de Argentina sobre las Islas Malvinas y son estrechas aliadas de Irán que fraguó atentados terroristas contra centros judíos en el país austral.

Incluso cuando parecía que Cuba avanzaba hacia el entendimiento y la integración con su región, junto a miembros de ALBA insiste en erosionar la VI Cumbre de las Américas a celebrarse en abril próximo, sin que al parecer mediara una previa comunicación diplomática con el anfitrión, Colombia. El 22 de mayo se cumplen 40 años del viaje de Nixon a China, que comenzó las relaciones de Estados Unidos con esa paupérrima y cerradísima nación entonces, viabilizó su ingreso en el concierto internacional, y contribuyó a la apertura del actual gran emergente. Este febrero, a pesar de los desencuentros en el Consejo de Seguridad y diversos temas cruciales, o precisamente por ellos, el vicepresidente y casi seguro próximo presidente chino, Xi Jinping, ha sostenido conversaciones amistosas con Obama en Washington.

Cuba y Estados Unidos podrían avanzar en derroteros similares, pero en La Habana se rehúsan a dar una oportunidad similar a la “Diplomacia del Ping-Pong”, iniciada el 14 de abril de 1971, al recibir en Beijing a un equipo estadounidense, a pesar de los esfuerzos de la política proactiva de la Administración Obama. El Gobierno cubano perdió el momento oportuno, ha ido cerrando nuevamente las posibilidades de diálogo, y crea mayores dificultades en los meses previos a las elecciones presidenciales norteamericanas. No desea el relajamiento de la confrontación, el fin del embargo —bloqueo según el Gobierno cubano—, ni el acercamiento entre los pueblos, para una nueva desilusión sobre el avance de cambios en Cuba.


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