Actualizado: 15/11/2019 19:53
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Guerrilla, Castro, Guerra

Historia y estilo: Castro el Cobardón

Sobre la participación del fallecido exgobernante cubano en acciones armadas, tanto antes como después de alcanzar el poder

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Aunque hay indicios de que el problema en Venezuela no radica ya en que estén allí los aparatos de inteligencia y contrainteligencia del tardocastrismo, sino más bien en que están poniéndole un coliflor a Guaidó y Pompeo, tal como hicieron los mismos aparatos del castrismo temprano a la CIA en Cuba, la resaca del 1ro de mayo trae mejor al ruedo cómo es posible todavía que haya cubanos que marchen con un retrato o pancarta de Fidel Castro.

Tal como consta en la bodega de comentarios sagaces de la Dra. Marlene Azor, Castro fue “un matón de barrio”, sin que la historia pueda remediarlo. A esto se agrega que fue tremendo corbardón. “El que no peleó fue Fidel Castro”, nos enseña Luis Conte Agüero al historiar el breve paso de aquel por la guerra de guerrillas. Castro se complotó con Celia Sánchez para urdir la excusa de no pelear y así queda como cobardón y chismosón, a menos que haya sido Celia, pues Conte Agüero no fue parte del complot.

Historia mínima

Castro era cobardón de antes, pero vino a consagrarse como tal en el asalto al Moncada. Los círculos exiliares tienen bien acreditado que no llegó al cuartel, sino que se extravió por las calles de Santiago de Cuba. No hay otra explicación que zafarse cobardemente del combate, pues Castro conocía la trama urbana de Santiago como la palma de su mano.

Otros dicen que llegó al cuartel conduciendo un Buick 1952, pero semejante testimonio es del moncadista Gustavo Arcos, quien terminó por revirarse contra Castro hacia 1966 y pasó dos temporadas de presidio político antes de morirse en Cuba. Otro moncadista que se reviró, Gerardo Granados, pudo llegar al exilio y se alucinó todavía más que Arcos. Vio a Castro frente al cuartel Moncada “en el medio de la calle con una pistola en la mano (…) Así estuvo todo el tiempo hasta que dio la [orden de] retirada” [1].

Luego de comportarse cobardemente en el juicio por los sucesos del Moncada, inclusive echándole la culpa a Martí, Castro aprovechó aún más cobardemente la amnistía de Batista para irse espantado al exilio y recurvar en son de guerra. Subió a la Sierra Maestra y por Conte Agüero sabemos que no peleó. Ni siquiera en uno de los casi 40 combates contra el ejército de Batista durante la ofensiva de verano [24 de mayo – 6 de agosto] de 1958, que los demás guerrilleros rechazaron. Creyéndose Comandante en Jefe [2], Castro se limitó cobardemente a circular entre ellos un papelito con la verdad prematura de que “esta ofensiva será la más larga de todas [y] después del fracaso de esta Batista estará perdido irremisiblemente” [3].

Girón en la memoria

Vamos a una efeméride del mes pasado que también confirma a Castro como cobardón. A eso de las tres de la madrugada del 17 de abril de 1961, Roxana Rodríguez [4] llamó a Celia para avisar de un desembarco por Playa Larga. Celia despertó a Castro, quien en vez de partir hacia el lugar se creyó de nuevo Comandante en Jefe y dio cobardemente por teléfono la orden de hacerlo al capitán José Ramón “El Gallego” Fernández, jefe de la Escuela de Cadetes (Managua).

Temblando de cobardía, Castro indicó a “El Gallego” que movilizara el batallón de la Escuela de Responsables de Milicias (Matanzas) y avanzara por la única carretera posible hasta el caserío de Pálpite, que “El Gallego” ni siquiera atinaba a encontrar en el mapa. A las diez de la mañana, Castro recibió el parte de que el batallón había ocupado Pálpite y largó cobardemente otra verdad prematura: “¡Ya ganamos la guerra!” [5].

En contra del jefe de su propia fuerza área, el capitán Raúl Curbelo, quien había ordenado atacar a los efectivos ya en tierra de la Brigada 2506, Castro cambió cobardemente la prioridad: “Hoy vamos a hundir barcos, mañana vamos a tumbar aviones”. El piloto Enrique Carreras obedeció y voló al carguero Río Escondido [6], que venía con reservas de municiones, alimentos y gasolina para diez días. Como es sabido, la traición de Kennedy selló la mala suerte de la brigada [7].

Al recibir informe de otro desembarco por Pinar Río, casi al anochecer del 17 de abril, Castro abandonó cobardemente el teatro de operaciones en la Ciénaga de Zapata y arrancó para allá, pero era falsa alarma. Al anochecer del 19, El Cobardón llegó a Playa Girón encaramado en un tanque, después que todo había pasado, y se complotó cobardemente con Rodiles [8].

Junto a Castro y otros, Rodiles fue hasta un muelle de cemento desde donde dos barcos de USA habían sido avistados por la tarde. Castro empezó a encender y apagar una linterna. Rodiles, lugarteniente de Efigenio Ameijeiras en la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), preguntó a Castro para qué hacía eso. Castro repuso que para ver si los barcos americanos, pensando que eran invasores dejados atrás, se acercaban a la costa. Entonces los tanques y la artillería que estaban allí abrirían fuego. Al contar esta mentira por televisión para esconder la cobardía de Castro en Girón, Rodiles inventó que había pensado para sus adentros: “Después de tanta guerra, este hombre quiere más bronca” [9].

Coda

Al contarse la historia tal y como realmente ha sido, la causa de la libertad y la democracia se hace cada día más clara para el pueblo de Cuba y éste, cada día más lúcido para entender por qué un matón de barrio tan cobardón pudo gobernarlo dictatorialmente casi medio siglo y desovar el Estado totalitario comunista que aún pervive.

Notas

[1] Entrevista con Antonio Rafael de la Cova, Orlando (FL), 10 de agosto de 1984.

[2] Desde el 3 de mayo de 1958, como resultado impuesto cobardemente en Altos de Mompié al resto de la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

[3] Y la luz se hizo, Cooperativa Obrera de Publicidad (CTC), 1959, 22.

[4] Esposa, ya fallecida, de Abraham Maciques, entonces director del Plan de Desarrollo de la Ciénaga de Zapata y hasta el año pasado (uno nunca sabe) del Grupo Empresarial Palco.

[5] Al ser entrevistado por Gaetano Pagano para la televisión sueca (6-8 de julio de 1976), Castro explicaría cobardemente que, en medio de la ciénaga intransitable, el tramo de carretera entre Playa Larga y Pálpite “se convertía en una especie de Paso de las Termópilas”.

[6] A bordo de la lancha de desembarco de infantería (LCI) Bárbara J, el león tusado de la CIA Rip Robertson preguntó por radio: “¡¿Fidel tiró la bomba atómica?!”. Su colega Grayston Lynch respondió desde LCI Baglar: “Naw, that was the damned Rio Escondido that blew”.

[7] Cobardemente Castro tachó esta expedición de invasión, tal como hizo el general Maxwell B. Taylor, ex Jefe del Estado Mayor del Ejército de USA, en su informe (Paramilitary Study Group Report, 13 de junio de 1961) al presidente Kennedy: Anti-Castro Invasion.

[8] No se trata de quien, con ejemplar sacrificio tras visitar Cuba en la Navidad de 2007, truncó su carrera docente en la Universidad Estatal de Florida (FSU) y/o el Colegio Comunitario de Tallahassee para dedicarse a la misión sublime “de que algo se podía hacer para cambiar el país”, sino del general Samuel Rodiles, último jefe de la misión militar cubana en Angola.

[9] Aquí Castro llegó al extremo de su cobardía. En vez de dejar, como decía el poeta John Keats, que las profecías se encargaran de cumplirse por sí mismas, su complot con Rodiles buscaba, como el hermano pirómano de Nostradamus, cumplir su profecía por sí mismo. El 5 de junio de 1958 Castro había profetizado en carta a Celia: “Cuando esta guerra [contra Batista] se acabe, empezará para mí una guerra mucho más larga y grande: la guerra que voy a echar contra ellos [los americanos]. Me doy cuenta que ése va a ser mi destino verdadero”.


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