Actualizado: 17/12/2018 10:04
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Asamblea, Constitución, Barnet

Homero y el discurso del cinismo

El secretario del Consejo de Estado cubano soslaya la posibilidad de reflexionar sobre la configuración jurídica en función de fenómenos sociales y políticos resultantes de la propia manera en que hasta ahora se organizan las relaciones políticas y normativas

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Recientemente hemos visto otro de los desafortunados acontecimientos del quehacer político en Cuba. En este caso, me refiero a la respuesta que recibió el Dr. Miguel Barnet, a raíz de su intervención en los debates sobre el proyecto de constitución de la República de Cuba, en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Barnet, quien actualmente se desempeña como presidente de la UNEAC, propuso modificar el concepto de “traición a la patria”, reflejado en el actual proyecto.

Para Barnet y algunos otros diputados que al parecer debatieron sobre el asunto, los deportistas, médicos, artistas y demás profesionales que, de la manera que han podido, abandonaron el país para buscar una vida mejor, deben ser excluidos de ese concepto. Sin embargo, con el tono arrogante y déspota que caracteriza a la cúpula política cubana, respondió negando semejante propuesta, el secretario del Consejo de Estado, Homero Acosta Álvarez. También, en su intervención, no solo desconoce y contradice la solicitud de Barnet de esclarecer el concepto, sino además soslaya la posibilidad de reflexionar sobre la configuración jurídica en función de fenómenos sociales y políticos resultantes de la propia manera en que hasta ahora se organizan las relaciones políticas y normativas. Entre esos fenómenos, destaca la supuesta defensa de la patria. Según palabras de Homero:

“el concepto de —traición a la patria— se basa en normas jurídicas y no en un discurso” (…) “En el discurso político de defensa de la revolución, es otra cosa”. (…). “Aquí se habla de ordenamiento jurídico”.

“La traición a la patria, como concepto lo tiene que ampliar una norma jurídica y no un discurso. Esta norma jurídica es la que establece cual es el concepto de traición a la patria. No quiero introducirme en esas cuestiones (…) que lo que hace es enrarecer el concepto a partir de esos planteamientos”.

“Como lo hemos usado así durante tanto tiempo, la gente puede entender que aquí (se refiere al concepto) está eso que está hablando Miguel”. “(…) pero esto tenemos que verlo en el orden jurídico”.

“Las formas en que se ejecuta la traición a la patria no es un dicho, están específicamente establecidas en una norma jurídica, (…) no se puede ser ambivalente, no puede ser lo que yo creo (…)”.

“Las cosas internas son más difíciles de reflejar en un concepto de traición”. (…) “Entiendo esa duda (de modificar el concepto), pero entiendo que si se incorporan otros elementos lo que se hace es incrementar la duda”.

En citada respuesta de Homero, hay algunas realidades que merecen ser deconstruidas. La primera, es referida a la intención maniqueísta de esa cúpula política, al desacreditar el argumento de Barnet, por el hecho de basarse en un discurso. ¿Es esto una ignorancia, una mezquindad o ambas cosas y mucho más?

Es evidente la tentativa de considerar ese discurso como algo banal, subjetivo, sin base real, como especulaciones sin sentido o razonamientos sin fundamentos. Motivos por los cuales no cabe incluirlo en el andamiaje normativo. Sin embargo, en este caso, se obvia la esencia del discurso, como reflejo de una realidad existente, como herramienta de descripción y explicación de contextos, a partir de los cuales es viable, lógico construir cualquier orden jurídico.

Y digo en este caso, porque esta esencia del discurso no es totalmente desconocida por miembros de esa cúpula política. Cuando la visita de Obama a Cuba, inúmeros análisis circularon en el país referentes a realidades e/o intenciones latentes en el discurso del exmandatario. Esto demuestra, que para algunas cosas los discursos se reconocen como herramientas comprensivas de la realidad social. Pero: ¿Qué implica para los principales traidores de la patria, esta cúpula en el poder, reconocer esta perspectiva sobre los discursos?

La primera implicación de asumir los discursos como destellos de una realidad, en este caso, los discursos que reflejan a los profesionales que migran como traidores, es la obligación por parte del régimen, de reconocer el carácter fallido del régimen. Delante de la migración de miles y millones de profesionales, no pueden decir: “no los queremos, no los necesitamos”, conforme ocurrió cuando el éxodo del Mariel. Son otros tiempos y esos profesionales que emigran de la manera que pueden, son simplemente una consecuencia de la traición de la cual han sido víctimas, al pedirles sacrificios y prometerles un país de libertades, bienestar, igualdad, desarrollo, justicia, de vida digna. Eso todo, mientras observan que otros, menos sacrificados, sí lo tienen. ¿Quiénes son los traidores?

Pero esto va mas allá. Indudablemente, los discursos son testigos, derivados de formas específicas de interacción social, de realidades políticas, históricas, culturales y sociales en general, al tiempo en que condicionan nuestras prácticas cotidianas y realidades. No obstante, cabe preguntar: ¿son los marcos normativos un espacio neutral, desprovisto de discursos? ¡No! No existe marco normativo desvinculado de discursos. El propio marco normativo es expresión, resultado y condicionante de discursos latentes, entendidos como formas de comprensión y expresión de escenarios, intenciones, realidades, deseos. Siendo así, la postura de Homero no puede ser más hipócrita, mas fatal, desacertada.

De igual modo, los discursos y sus usuarios (emisores y receptores) tienen una relación dialéctica en los diferentes contextos sociales. Si bien estos discursos emergen de realidades concretas, los mismos tienen un impacto en las mismas realidades desde las cuales emergen y a las cuales se refieren. Esto implica movimiento, transformación. En consecuencia, podemos argüir que la actitud de Homero no es reflejo de una intención del Estado en promover transformaciones sustanciales, necesitadas por millones de cubanos (as). No está orientada a propiciar (social y culturalmente) que aquellos que luchan por un mejor futuro para sus familias, sean descartados como traidores (as). Necesitan de estas ideas, de estas representaciones que construyen la complicidad represora, para defender y cuidar la maquinaria que mantiene sus respectivos status quo, a costa de la subyugación y alienación de los otros.

Por otro lado, siguiendo una de las ideas sobre el discurso de Teun van Dijk, que ha transversalizado las anteriores reflexiones (en todos los niveles de los discursos se encuentran huellas de los contextos), urge destacar una última implicación de la postura que se analiza.

La respuesta de Homero deja entrever características que marcan la esencia de los modos autoritarios de la configuración de la política en el país. Su postura, marca un claro gesto de autoridad y poder, delante de un grupo al cual obviamente no se le reconocen semejantes cuotas de poder. Su actitud, en términos de forma y contenido, no es un ejemplo de la horizontalidad y mutua consideración que supone un proceso democrático de construcción de la política. A ello se le suma, que la lógica argumentativa de Homero no es simplemente un fenómeno aislado. Esa lógica es inherente a la propia estructura de la élite política, que reproducen las prácticas de dominación y de abuso del poder de las cuales han sido testigos y/o víctimas muchos(as) cubanos(as).

Por tanto, considerando todo lo expuesto, la actitud del secretario del Consejo de Estado, de refutar la propuesta de modificar el concepto de “traición a la patria”, por el hecho de considerarla basada en un discurso es, como mínimo, una escenificación del discurso del cinismo que permea la construcción de la política en Cuba.


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