Actualizado: 27/01/2020 13:43
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Indultos, Represión

Indultos en Cuba, ¿buenas intenciones o un juego con los Derechos Humanos?

El indulto resulta contraproducente, en tanto las autoridades continúan disponiendo a conveniencia de la vida de seres humanos

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El indulto a unos 2.900 prisioneros comunicado por el presidente Raúl Castro el 23 de diciembre, durante la sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular, sorprendió en Cuba y a la comunidad internacional. La decisión inusual impresionó como una muestra de reconocimiento de los derechos humanos en la cerrada sociedad totalitaria. Pero, ¿se trata de sensibilidad y justicia, o de una calculada maniobra de relaciones públicas?

La liberación de esos cubanos y la normalización de la vida de sus familias complacen y crean esperanzas. Sin embargo, se estima que en las nefastas cárceles existen entre 60 y 80 mil reos, lo que sitúa a Cuba entre los primeros seis países en el mundo en relación con su población, de manera que 2.900 personas constituye una ínfima cifra.

Según manifestó el General Raúl Castro, fue un acuerdo del Consejo de Estado, en un gesto humanitario y soberano al incluir mujeres, enfermos, personas con más de 60 años de edad y jóvenes que han elevado su nivel cultural y las posibilidades de reinserción social. Añadió que no se incluyen, salvo contadas excepciones, los sancionados por delitos de espionaje, terrorismo, asesinato, homicidio, tráfico de drogas, pederastia con violencia, violación y corrupción de menores y robo con fuerza en vivienda habitada, pero que serían puestos en libertad algunos condenados por delitos contra la Seguridad del Estado que han extinguido en prisión una parte importante de la pena, con buena conducta. Adujo que la decisión respondió a análisis de comportamiento por las instituciones correspondientes, las solicitudes de familiares y diversas instituciones religiosas —entre ellas el Consejo de Iglesias de Cuba y la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, por intermedio de su presidente (Monseñor Dionisio García Ibáñez, arzobispo de Santiago de Cuba)—, así como teniendo en cuenta la anunciada visita del Papa Benedicto XVI y la celebración del 400 aniversario del hallazgo de la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre.

Los nombres de los presos favorecidos apareció en el sitio web de la Gaceta Oficial, con el No. 47-Extraordinaria y fecha del 24 de diciembre, y no ha se ha vendido en los quioscos, pero en el transcurso de los días se ha conocido las salidas de las prisiones e incluso el malestar en ellas —particularmente en Boniato de Santiago de Cuba—, por no estar incluidos o por inconformidad con las características de algunas liberaciones. Se destaca la ausencia de la mayoría de los prisioneros políticos, pues solo se ha conocido de cinco, lo cual no es justo.

Dos omisiones sobresalen: los 15 prisioneros de conciencia de los 75 que permanecen bajo licencia extrapenal, sin abandonar Cuba por decisión propia, que podrían ser retornados en cualquier momento a las cárceles ya que sus condenas están vigentes; y el norteamericano Alan Gross, a pesar de que se expresó “la disposición de conceder la excarcelación anticipada a 86 ciudadanos extranjeros, de 25 países”. Esto denota el desprecio a las razones humanitarias con respecto al contratista, enfermo, mayor de 60 años, y a su anciana madre e hija, ambas padeciendo de cáncer. Asimismo ignora los gestos de la Administración Obama, beneficiosos al pueblo cubano, y recalca la intención de mantener la tensión en las relaciones, aun cuando el presidente Raúl Castro reiterara en esta ocasión que “Cuba mantiene la propuesta de avanzar hacia la normalización de sus vínculos con Estados Unido y desarrollar la cooperación en todas las esferas que puedan beneficiar a ambos pueblos”.

Aunque se quisiera ver el vaso medio lleno, mirándolo bien se aprecia bien vacío. El indulto resulta contraproducente, en tanto las autoridades continúan disponiendo a conveniencia de la vida de seres humanos, sus rehenes. Es una dura realidad. Incluso crea una delicada situación a las instituciones que se han esforzado por contribuir al progreso de las libertades individuales y la sociedad civil en Cuba. Reconocemos el desempeño de la Iglesia Católica Cubana como interlocutor de las autoridades, con el resultado de la excarcelación de los prisioneros de conciencia de los 75 que aún permanecían en las cárceles y unos 200 reos políticos más en meses pasados, los cuales en su mayoría partió de Cuba, por el acompañamiento positivo de España. Incluso se vislumbran perspectivas halagüeñas de su participación en el proceso de cierta apertura, fundamentalmente económica. La peregrinación de la imagen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, ha motivado la participación voluntaria de millones de ciudadanos en todo el país, contribuyendo a la liberación de la religiosidad y el consciente albedrío conculcados durante decenios, así como fomentando la recuperación de valores cívicos y la reconciliación. No obstante, ni las actividades por el año jubilar —400 aniversario— de la Virgen Mambisa, ni la visita del Papa Benedicto XVI en marzo de 2012, deben ser utilizadas por las autoridades mediante calculados gestos.

Indudablemente esos acontecimientos podrán tener un impacto beneficioso en todos: gobernantes y gobernados. Los progresos de nuestra sociedad dependen de los cubanos, principalmente de quienes residimos en el pequeño archipiélago. Cabe aún esperar que los actuales indultos sean el comienzo de un inmediato proceso de excarcelaciones, la aprobación de un Código Penal justo, la eliminación de la Ley 88, la revisión de condenas a tenor con la reciente autorización de actividades antes consideradas ilegales, la posibilidad de libre expresión de los ciudadanos y el cese de la represión política. No son quimeras, sino oportunidades que brinda la maltrecha Cuba de hoy a quienes pueden hacerlo.


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