Actualizado: 24/01/2020 18:11
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Marines, Independencia, EEUU

¿Invasión norteamericana como solución a la tragedia cubana?

Apostar por los marines en Cuba indica algo más que ignorancia supina de la historia del país; es señal de ceguera frente a lo que ocurre tanto en Afganistán como en Irak

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Esteban Fernández, redactor de Nuevo Acción, ha publicado en ese sitio un artículo, que titula SORRY. A CUBA SÓLO LA LIBERARÁN LOS MARINES, allí escribe:

“Lo que se requiere en el exilio y en Cuba es gente emulando a Antonio Maceo, desde luego, con una vanguardia de 100 mil ‘Navy Seals’ como los que mataron a Osama Bin Laden y ahora a Suleimani”.

Al margen de que, en su artículo, su autor proponga como preferible otras soluciones que recuerdan la del Parón de enero convocado por el “influyente” Alex Otaola, parece que Fernández no se enteró de que eso de la “liberación” de Cuba, ya los marines lo intentaron una vez en 1898, iniciando con ello, más que el arribo a la libertad, el declive definitivo de la Isla hacia la catástrofe total.

Para colmo los yanquis no fueron capaces de hacer nada sin la ayuda de su quinta columna, es decir los separatistas isleños; los mismos que, poco antes de la invasión y de manera misteriosa, habían dejado morir, en rara escaramuza, a uno de sus generales más antinorteamericano. Me refiero al propio Maceo al que se hace referencia en Nuevo Acción, quien había prometido que el único motivo por el que uniría su espada a las armas españolas sería para combatir una invasión estadounidense a su patria. Es como si previera lo que iba a ocurriría dos años después de su caída en San Pedro, Punta Brava, la tarde del 7 de diciembre de 1896.

También parece desconocer nuestro columnista que la Isla no se habría rendido jamás al invasor si no fuera por las órdenes recibidas desde la metrópolis de hacerlo, sin duda alguna gracias a los buenos oficios de la masonería, la misma que en apoyo a sus cófrades, tanto de la manigua como del imperio emergente, había impedido a los españoles materializar el proyecto del submarino de Isaac Peral, el primero de la historia, evitando así, su futuro uso militar, que entre otras acciones habrían favorecido a las armas españolas lo mismo en Cuba que en Filipinas.

Por ejemplo, salvando la flota del Almirante Pascual Cervera y Topete de ser acorralada y hundida, tras la orden suicida de abandonar el seguro puerto de Santiago de Cuba.

En este sentido podríamos estar de acuerdo con el título que le dio Emilio Roig de Leuchsenring a su libro de 1950: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos, solo que agregando, se la debe en gran medida a los españoles; por los menos a los que por entonces tan mal manejaron los asuntos de la provincia de ultramar.

Aun así, lo que nos dejaron nuestros “salvadores” oficiales, tras cuatro años de protectorado, fue un régimen, donde el qué dirán los norteamericanos, las balas y los maletines de dinero, determinaron, tanto o más que los votos, quienes detentarían el poder de turno en la desgraciada isla.

Aquella locura, fue de mal en peor, terminando como tenía que terminar, en una dictadura totalitaria de más de sesenta años, con nefastos resultados no solo desde el punto de la soberanía del pueblo sino de lo fundamental: su economía.

Si bien de signo ideológico aparentemente opuesto, el nuevo sistema era el resultado inevitable de la consumación de aquella combinación de jacobinismo martiano y servicio de sus gobernantes a intereses extranjeros, que han lastrado a Cuba desde su nacimiento como Estado independiente.

Apostar por los marines a esta altura indica algo más que ignorancia supina de la historia de Cuba; es señal de ceguera frente a lo que está pasando en el presente, lo mismo en Afganistán donde dichos marines llevan años empantanados, que en ese Irak, devenido en estado fallido desde que fuera liberado, con un pueblo, como antaño lo fue el cubano tras ser “independizado”, vive plagado de odios internos y que lo único en lo que se pone de acuerdo es en pedir que se vayan los norteamericanos. Qué se lo pregunten a cualquier iraquí, incluidos los que detestaban a Sadam Husein, como yo lo he hecho.

No quiero terminar esta nota sin llamar la atención sobre esta experiencia histórica a quienes, ya por desespero e impotencia, ya por irresponsabilidad, o por mezcla de todo esto, piden desde algunos canales hispanos de la Florida, la misma medicina para Venezuela. Es verdad que un clavo saca a otro, pero si el nuevo, el de la intervención, se va a quedar clavado, nada habremos solucionado.


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