Actualizado: 16/08/2019 16:52
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Raúl Castro, Aviación

La aguja acostada

Hay que darse cuenta cuándo se acaba el combustible, cuándo ya no queda tiempo para actuar y en qué decisiones se pueden perder el pelo y no la cabeza

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Estábamos casi en la antesala de la invasión de Bahía de Cochinos. Quedábamos solo ocho pilotos de combate y necesitábamos desesperadamente agregar algunos más.

Organizamos un curso acelerado con tres aviones de entrenamiento AT-6 para preparar a un grupo de ocho candidatos, todos provenientes del Ejército Rebelde.

Cuando comenzaron a volar solos, requerían una atención especial pues les enseñábamos a despegar, aterrizar y los procedimientos normales de operación, pero dada la urgencia no había tiempo para dedicar a la navegación, la aerodinámica y otras materias esenciales a los aviadores.

Uno de aquellos prospectos, el capitán Arturo Lince, debía entrar en la fase de reconocer los alrededores de la base aérea de San Antonio y las regiones más cercanas en dirección a occidente. Le habíamos indicado lo que debía hacer: volar por toda la costa sur hasta el puerto de La Coloma en Pinar del Rio, girar hacia el norte, pasar sobre la capital provincial, hacer contacto radial y de ahí poner rumbo de regreso a la base. Nada complicado. Tenía toda la costa sur para guiarse y la carretera central en caso que tuviera dudas en el regreso.

Todavía nadie se ha podido explicar qué fue lo que hizo Lince, que al llamar por radio donde tenía que reportar en Pinar del Rio le responde la torre de control de Cienfuegos.

Lince molesto, sobrevuela el aeropuerto, vuelve a llamar al control de Pinar del Río y recibe la misma respuesta: que está sobre Cienfuegos.

— ¡Óigame lo que le voy a decir, usted está hablando con el capitán Arturo Lince, combatiente de la Sierra Maestra, déjese de frescuras y choteos!

— Usted podrá ser muy capitán y muy combatiente de la Sierra pero yo le digo que lo estoy viendo y usted esta sobrevolando el aeropuerto de Cienfuegos.

Esta historia verdadera acompañó a Lince de por vida.

Fuimos grandes amigos, y durante algunos años fue mi subordinado en Holguín, desempeñándose como un excelente Jefe del Estado Mayor de la base aérea.

Gracias a la insistencia de los asesores soviéticos llegó a volar el Mig-15 pero sabía que los aviones no estaban hechos para él. El Gobierno cubano lo situó donde era más útil, al frente de la Isla de la Juventud como su delegado provincial.

He recordado esta historia después de escuchar el discurso de Raúl Castro en la clausura del último período de sesiones de la Asamblea Nacional y en la última Conferencia del PCC. Y me ha venido a la mente porque el actual Presidente de Cuba fue otro de la generación histórica que soñó con hacerse piloto.

Comenzó su instrucción de vuelo en una pequeña avioneta Aeronca de dos plazas en la Base Aérea de Ciudad Libertad. Su instructor el Capitán René Travieso Plá ex piloto de la Fuerza Aérea de Batista que había conspirado contra su dictadura junto a Carreras, Prendes, Moriñas y los otros aviadores que cayeron presos después del 5 de septiembre de 1957 en un movimiento conspirativo que fue conocido como Los Puros.

Raúl no duró mucho en su empeño de dominar los cielos. Después de algunas semanas desistió de continuar el entrenamiento y su lugar lo ocupó otro soñador del espacio aéreo el comandante Che Guevara, que por lo menos sí llegó a volar solo, aunque después se le prohibió que lo hiciera.

Del discurso de Raúl:

“No han faltado las exhortaciones bien y mal intencionadas para que apresuremos el paso y nos pretendan imponer la secuencia y alcance de las medidas a adoptar, como si se tratara de algo insignificante y no del destino de la Revolución y la Patria.

A quienes consideran urgente que haya cambios en la política migratoria les llamo a no olvidar las circunstancias excepcionales en que vive Cuba bajo el cerco que entraña la política injerencista y subversiva del Gobierno de Estados Unidos, siempre a la caza de cualquier oportunidad para conseguir sus conocidos propósitos”.

Lo primero que me vino a la mente fue la historia del capitán Lince, y pensé: si Raúl hubiera soleado el Aeronca como dirige hoy el país, se le hubiera acabado la gasolina sobre Cienfuegos, pensando que estaba sobre Pinar del Río. Y esa aguja recostada en el tope inferior del indicador del combustible es la peor noticia.

En la aviación y en la vida misma hay que darse cuenta cuándo se acaba el combustible, cuándo ya no queda tiempo para actuar y en qué decisiones se pueden perder el pelo y no la cabeza.


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