Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Emigración, Éxodo, Exilio

La continua crisis de inmigrantes

La cifra de cubanos que han llegado este año fiscal a territorio estadounidense supera el número de los que llegaron el pasado año

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Durante meses, diversos comentaristas de la actual realidad y circunstancia cubana han venido señalando que el presente flujo migratorio de los cubanos es similar al que se produjo en 1994 durante la llamada “crisis de los balseros”. Estaban totalmente equivocados: la actual es más dramática y la sobresale con creces en el número de lo que han arriesgado su vida buscando un futuro mejor y con ello encontrar la libertad.

Terminado el año fiscal 2016, el pasado 30 de setiembre, se han publicado las cifras de los cubanos que han entrado de forma irregular a EEUU, y la cifra de 50.802 supera, con mucho, la de los balseros de 1994 que fueron 32.362. Es decir que esta crisis lenta, prolongada, llena de episodios terribles y de conflictos en Panamá, Costa Rica y México es un 57 % mayor que aquella.

Estas cifras que, aunque no son comparables con la crisis migratoria que afecta a Europa, se deben analizar en el contexto cubano. Consideremos que la población de San José de la Lajas, capital de la provincia de Mayabeque, tiene una población, de acuerdo a las cifras de 2014 que da la ONEI[1], de 50.866 habitantes. Es decir que en ese poblado, jóvenes, niños, ancianos, mujeres y hombres emigraron dejando solo 64 personas deambulando por las calles desiertas de esa población. Pero esa cifra se torna aún más catastrófica para el futuro del país si tomamos en cuenta que la mayoría de los llegados a EEUU, por no decir la totalidad, están en edad laboral. Comparativamente esos 50.802 emigrados representa el 92 % de la población en edad laboral de la Isla de la Juventud, que tenía 55.200 habitantes de esas edades en 2014[2].

Las consecuencias de la emigración de los cubanos, de un país que durante las primeras cinco décadas del siglo XX fue un país receptor de inmigrantes, no pueden ser valoradas solamente como una anomalía económica y política, sino también en sus consecuencias en el orden demográfico y sus resultantes en el desarrollo del país.

A diferencia de la 1994 que atemorizó a ciertos sectores de la comunidad miamense, esta, más o menos a cuenta gotas, no ha causado el mismo revuelo mediático, ni ha producido los temores de la del Mariel y la llamada “de los balseros”, por lo menos por estos lares, pero sí en Centroamérica, donde algunos gobiernos han llegado incluso a culpar a la denominada Ley de Ajuste Cubano y la política de “pies secos-pies mojados” de este fenómeno migratorio que ha afectado la relativa tranquilidad de algunos de estos países, con ello han coincidido con la cínica retórica castrista.

Culpar a la política migratoria preferencial del Gobierno norteamericano hacia los cubanos de este éxodo, al igual que al llamado descongelamiento de las relaciones entre ambos gobiernos es, más que ingenuo, criminal, ya que oculta las verdaderas razones que impulsan a los cubanos a lanzarse a las aguas en frágiles embarcaciones o penetrar, sin la adecuada preparación física y de equipamiento, en las selvas de Centroamérica, o entregarse, por falta de otros alivios, a las asechanzas de coyotes y narcotraficantes sin escrúpulos, lo que ya le ha costado la vida a decenas de cubanos.

El verdadero y único culpable de estos sufrimientos, aunque los otros factores mencionados desempeñan un papel estimulante, es el desgobierno que sufre Cuba que, con sus políticas irresponsables, de forma continua y tenaz, han deteriorado la economía de un país que décadas atrás fue floreciente y proyectaba esperanzas en una población que ahora carece de ellas. Son razones políticas las que determinan este éxodo que solo terminara cuando los cubanos encuentren en su patria razones de permanencia, progreso y vida.



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