Actualizado: 20/10/2017 18:43
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Alejandro Castro, Represión, Educación, La denuncia de hoy

“La democracia cubana es una democracia en la que todo se le consulta al pueblo”

Alejandro Castro Espín dice que tiene “mucha fe y mucha confianza en la democracia cubana”

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Esto lo aseveró, en Atenas, Grecia, Alejandro Castro Espín, según la edición del pasado 7 de febrero del sitio web izquierdista Resumen, al que Castro Espín concediera una entrevista.

En la foto que ilustra la entrevista, Castro Espín aparece eufórico o iracundo dirigiéndose no al entrevistador, sino a un público inexistente.

Sabemos que tanto lo que aparece en el título de estas líneas, como las demás afirmaciones en la entrevista citada, son mentiras.

Pero tal vez no debamos culpar a Castro Espín: él puede creer que son verdades. Tomemos en cuenta que este muchacho, nacido en 1965 en cuna de seda comunista, los únicos cuentos, anécdotas y “verdades” que ha escuchado desde entonces son los de su tío Fidel Castro y su papá Raúl, así como de las personas de alto mando y las nanas comunistas que formaban su entorno.

Es seguro que a él nunca le faltó, de niño, la leche, la alimentación adecuada ni, solo otro ejemplo, sus familiares debieron hacer una cola de tres días y tres noches, con catre y todo a la puerta de una tienda —tarjeta de racionamiento mediante—, a ver si podían comprar, para su niño, el avioncito que este anhelaba, exhibido en los escaparates durante esas fechas decembrinas.

Sus padres nunca tuvieron que remontarse campo adentro para intentar conseguirle la alimentación, escasa tantas veces, ni vieron sufrir a su hijo por no poder proporcionarle, repito, el juguete añorado; vaya, nada colosal, solo un caballito de palo, digamos.

Bueno..., lo antes dicho son menudencias, melodramitas, si vamos a ver. Dirán algunos.

No fueron los progenitores de Castro Espín quienes, como consecuencia de “la educación gratuita”, se amargaran constantemente porque su hijo, mañana tras mañana, en el matutino escolar, debiera jurar “¡Seremos como el Che!” —un asesino, según se ha confirmado sobre todo en los últimos años— para luego entrar al aula y recibir clases de una historia de Cuba completamente distorsionada, falsa, a capricho del castrismo.

Tampoco sus progenitores se incluyen en los que, gracias a la “educación gratuita”, se sintieron atribulados por ese viacrucis de tener a su hijo, ya en el bachillerato, allá, lejos, en la “Escuela en el Campo”, encerrado entre cuatro bardas de alambre, donde malcomía mientras en las mañanas estudiaba y en las tarde debían cumplir la jornada en el surco patrio de yuca, papa o calabaza, con pase para visitar a su familia cada 15 días.

Vaya, que Alejandro Castro Espín es de otra estirpe. De modo que debemos entender sus equívocos.

Quizá ni siquiera tuvo tiempo para escuchar ese discurso de su padre, hace 7 años, donde este se preguntaba cómo sería posible que aún la revolución no había sido capaz de producir un vaso de leche para cada cubano. Un pobrecito vaso de leche —comprado, no regalado—, que aún continúan esperando los cubanos residentes en la Isla.

La democracia cubana se ha llevado a cabo “ante todo contando con el pueblo de verdad”, afirma Castro Espín en la entrevista aludida, y agrega que tiene “mucha fe y mucha confianza en la democracia cubana”. Tanta fe tiene que sitúa de ejemplo que en Cuba “hay una Revolución después de más de medio siglo enfrentando al imperio más poderoso”.

Vaya, nada... que desconoce sobre los miles de fusilados y encarcelados durante ese medio siglo, así como de los dos millones y medio de cubanos que en ese lapso han huido, a veces de las maneras más riesgosas, de aquella “democracia”, incluidos los miles que han muerto en el empeño. Por otro lado, en “democracia” tan ejemplar, no tenemos censo alguno que nos indique cuántos quisieran hacer lo mismo. Pero cualquiera que sepa de qué estamos hablando, aseguraría que serían millones los que anhelan huir de tan loable democracia.

La democracia cubana se ha establecido “ante todo contando con el pueblo de verdad”, afirma asimismo Castro Espín. Bien..., tanto es así que en la Isla no existe un solo medio de comunicación que no esté en la nómina del gobierno; de modo que dónde, quién, por cuál vía podría decir que con él no cuenten para llevar adelante esa “democracia”. Y existe allá una Asamblea Nacional (unipartidista), en la cual todos piensan igual, o así lo demuestran a la hora de votar; de 501 miembros, siempre, siempre, 501 votan igual. Esto puede no creerlo nadie, pero así es. Quien lo dude, que busque las actas de las reuniones, las informaciones al respecto.

De igual manera, son censuradas las obras literarias y de arte en general que se atreviesen a criticar al régimen. Esto lo desconoce Castro Espín, como del mismo modo no está impuesto de que en la Isla todas les editoriales e instituciones culturales pertenecen al régimen.

Para reforzar su propuesta de la real democracia establecida en Cuba, el coronel Alejandro Castro Espín —sí, es coronel del Ministerio del Interior y también posee un título de ingeniero y un máster en Relaciones Internacionales—, expone que en la Isla la elección presidencial, se lleva a cabo así: “El presidente del país tiene que ser nominado en la base, en un municipio, no es que allá arriba se pone en una lista como ocurre en otros países porque en la democracia burguesa los partidos introducen en su lista a cualquiera”.

Que yo sepa, el Partido Comunista de Cuba, en la base, propone a una, dos o tres personas de su confianza para delegados de la circunscripción, el nivel menor. Las personas, el día de las “elecciones de base”, solo pueden votar por uno de estos o, acaso, no pocos agregan en la boleta, si no alguna mala palabra, el nombre de su candidato (soy testigo de que algunos votaban por Barbarito Diez, Celia Cruz, Lola Flores, John Lennon o Cantinflas). Y para realizar esto, igual que para depositar la boleta en blanco, hay que tener valor; el terror, la coacción, son dos de los elementos base de esa “democracia”.

El voto es voluntario, solo ocurre que, amaneciendo, ya están los activistas de cuadra —presionados por los activistas de más arriba—llamando a la puerta de los “electores”. Negarse a “votar” puede resultar muy costoso, puesto que, hallarse en la lista negra del régimen, nadie sabe de cuánto, de qué te podrá privar en el futuro.

Posteriormente, los delegados seleccionados van a la Asamblea Municipal, y entre ellos solitos, votan por alguien que ya ha propuesto el Partido, y así lo mismo en la Asamblea Provincial hasta la Asamblea Nacional. Es decir, entre ellos dan su voto al candidato que ha propuesto el Partido Comunista.

Casi siempre, antes de que estas reuniones para las “votaciones” se lleven a cabo, hasta los perros saben quiénes serán los presidentes de las Asamblea Municipal o de la Provincial, por ejemplo; se corre, se filtra, se vislumbra.

¿Nadie encuentra raro que alguna vez no haya resultado elegido presidente Fidel Castro, y posteriormente su hermano Raúl? Yo lo encuentro raro.

De cualquier manera, por eso de haber nacido y crecido en la llamada supraestructura, es posible que el coronel Castro Espín desconozca que ninguna de las asambleas —la municipal, provincial y nacional—, si acaso de verdad hubiesen sido elegidas libremente, tendrán el poder en sus territorios. La Constitución cubana establece que el máximo poder corresponde al Partido Comunista de Cuba. De modo que son el Comité Municipal del Partido Comunista de Cuba, el Provincial y el Comité Central, los que gobiernan a las asambleas. O sea, que todo esto de los “poderes populares”, como diría aquel campesino amigo mío, “es una toná”.

Castro Espín también se refiere en la entrevista citada al “comunismo”. Dice que “es aspiración, un ideal, un sueño”, mas resulta “difícil construirlo (“construir”..., ese complejo de albañiles de los comunistas), porque tiene que chocar todavía contra la naturaleza humana, contra el propio egoísmo humano, contra el egoísmo de esas élites que generalmente lo que buscan es asegurar sus intereses por encima de los intereses de sus naciones, de sus propios pueblos. Pero que son los que prevalecen, tienen poder económico, tienen poder político, tienen poder militar”.

Oh..., me suenan un poco contradictorias algunas de las expresiones de este párrafo, vaya... como si el coronel estuviese hablando de él, de ellos mismos, es decir: “chocar” “contra el propio egoísmo humano, contra el egoísmo de esas élites que generalmente lo que buscan es asegurar sus intereses por encima de los intereses de sus naciones, de sus propios pueblos”. Oh... pensemos un poco en esto...

Afirma asimismo el máster Castro Espín que en Cuba no habrá regreso al capitalismo, imposible, imposible, porque el cubano “es un pueblo que vivió eso, es un pueblo que sufrió, y lo sufrió de manera muy cruenta, no sólo en el orden social, en el orden económico, en el orden político, sino también en el tema de la represión”.

¡No!, ¡no puede ser...! ..., en este párrafo veo muy clarito —¿será que existe mala intención de mi parte?—, una alusión a la Cuba de hoy. ¿O es que me ha dado por entender todo al revés, que ya uno se está volviendo loco?

Y para terminar, según el coronel, EE UU “es una potencia que va en declive”, “es una economía quebrada”. Sin embargo, aclara, el caso de China es muy distinto: “Es una potencia económica que va en ascenso, en puro avance”.

¿Será verdad? Ya ni sé.

Ya ven. Así van las cosas.

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