Actualizado: 17/02/2020 13:03
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Sociedad

La moña enyerbada

Circula por la ciudad una tribu urbana que no está a favor ni en contra del gobierno, más bien lo repele.

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Aversión, o desdén, en el mejor de los casos, es todo cuanto logran inspirar los "enyerbados" entre los "moñeros". El hecho no es malo en sí mismo. Malo es lo que le cuelga.

Como "moñeros" se autoreconoce hoy gran parte de los habaneros de edades comprendidas entre la pubertad y la primera etapa de la juventud. Su interés se concentra casi exclusivamente en las cosas con "moña", y de ahí les viene el apelativo.

Una determinada forma de vestir y de llevar el cabello, el uso de ciertas prendas, algún tatuaje, una jerga, un modo de caminar y de gesticular, un sistema de señales (aparatosas, aunque generalmente inofensivas) para intercomunicarse, y, sobre todo, el reguetón como bandera, única preferencia artística y modelo de comportamiento existencial. Esta es, en síntesis, la moña que identifica a los "moñeros".

"Enyerbado", en cambio, es todo lo que los "moñeros" consideran fuera de onda, feo, ridículo, decadente, contrario a sus gustos. Por ejemplo, el régimen, no sólo en su conjunto, como entidad de poder, sino mediante cada uno de los individuos que lo representan, incluso en la suma de sus proyecciones públicas: discursos, consignas, preceptos ideológicos, planes, normas, leyes, instituciones…

No es que los "moñeros" estén contra el régimen, es algo peor, si bien no para el régimen, al menos para los propios "moñeros": no están a favor ni en contra, lo desestiman, lo repelen igual que a un mal olor o a una enfermedad congénita, asumiendo que es inevitable y resignándose a sufrirlo, aunque sin aceptarlo.

Pero al mismo tiempo, tampoco manifiestan simpatía por algún otro tipo de gobierno o de sistema político. El concepto de civilidad, las tradiciones, la cultura, o fundamentos tales como la democracia y el patriotismo no pintan nada en sus expectativas. Debe ser porque los ven como abstracciones sin beneficio palpable, y sin moña.

Producto en serie de la ingeniería doctrinaria del régimen, los "moñeros" fueron diseñados para no discurrir. Entonces resulta natural que ahora reediten la consabida leyenda del monstruo de la cara cosida, que empieza por liquidar a su creador para liberarse y luego seguirá aplicándosela a todo el que se cruce en su camino. Son nuestro Frankenstein con moña. Sólo que con la moña enyerbada.

Lo malo es lo que le cuelga. Porque no estamos en una película de horror, sino ante algo quizá más temible, ya que resulta mucho menos previsible: el futuro de Cuba.


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