Actualizado: 30/09/2022 17:38
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Sociedad

La prueba

Pese al silencio de la prensa, lo más mencionado puertas adentro es la solidaridad del exilio, la única respuesta que ha tocado fibras.

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Cada día, ante cada nuevo acontecimiento, al régimen se le hace más difícil continuar manipulando la opinión de los cubanos de a pie. Tan esperanzador como el hecho mismo es su evidencia, el detalle de que al fin nuestra gente lo está exteriorizando, a pesar del desvarío aberrante de la desinformación oficial.

En las actuales jornadas, dentro del paisaje de ruina sobre ruinas que nos dejara el paso de los huracanes, el tema que menor atención recibe por parte de la prensa en la Isla, y hasta quizá por parte de la mayoría de los medios internacionales, es justamente uno de los que más ha llamado la atención entre nosotros: la espontánea solidaridad y la masiva disposición de ayuda manifestada, desde el primer minuto, por los cubanos que viven en el exterior.

Es el asunto que con mayor recurrencia hoy se menciona aquí puertas adentro. Y es, sin duda, una de las únicas respuestas que en verdad ha tocado fibras en el interior de la Isla, en sus rincones ocultos y pobres, que son los esenciales.

Poco ha de importar que sea ninguneado por la soberbia tiránica de nuestros mandarines. Allá ellos. Y menos aún que alguna que otra aura tiñosa politiquera de allende los mares haya intentado (inútilmente) monopolizarlo. La actitud de los parientes, amigos, conocidos, paisanos, desde el otro lado del Estrecho de la Florida y del Atlántico, es el más sobresaliente y también el más revelador de los hechos relacionados con Cuba en los últimos tiempos.

Este y no otro es en verdad el inicio de los cambios que tanto se anunciaron para nosotros, sin que fueran vistos. Y no es que sea la primera vez que ocurre. Pero nunca como ahora, en forma tan generalizada y tan desde abajo, sin que mediaran convocatorias de líderes, sino por expresión legítima de quienes sienten y padecen. Tampoco nunca antes el acto había sido reconocido y comprendido en su real dimensión dentro de Cuba: desde el espíritu de cada individuo.

Lo curioso es que ningún discurso o ninguna tesis de cubanología hayan insistido en la trascendencia del hecho, y que ninguno lo contemple como lo que es: una señal y un aviso, tal vez los únicos, de que seguimos vivos y pataleando en tanto nación, no obstante el muro de odio y los cincuenta años de quiebra y desentendimientos impuestos alevosamente por la política.

Las ideas nacen inocentes y se vuelven feroces, escribió un lúcido intelectual latinoamericano. Tal vez pensaba en las ideas de personas normales, no en las de los dictadores, que nacen feroces pero pierden los dientes con el tiempo, así que se vuelven patéticas. Si alguna prueba (una más, definitoria) necesitábamos sobre el fracaso del régimen en su plan para rendir a los cubanos dividiéndonos mediante la lejanía y el rencor, aquí la tenemos.

Y si a los despechados les da gusto seguir creyendo que somos un pueblo menor, un rebaño de tarúpidos, huecos por dentro como la caña brava, pues que para su gusto sea. Pero también les queda a mano el hecho, que es una lección, y es la prueba de que estamos listos para renacer desde nuestros escombros. Cuanto más pronto ocurra, mejor, pero aún mejor es que estamos listos.


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